Lucas 3,1-6 – Preparen el camino del Señor

diciembre 6, 2015

Texto del evangelio Lc 3,1-6 – Preparen el camino del Señor

1. En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene;
2. en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
3. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados,
4. como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: Voz del que clama en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas;
5. todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos.
6. Y todos verán la salvación de Dios.

Reflexión: Lc 3,1-6

Vamos a meditar en torno a lo que aquí nos propone Lucas el evangelista. Para él es importante hacernos notar que hay una relación entre el profeta Isaías, Juan y Jesús. ¿Cuál puede ser la importancia? Pues en primer lugar tengamos en cuenta que Elías escribió casi 800 años antes que Juan y Jesús, y los versículos que menciona correspondientes al capítulo 40 del libro de Isaías, están tradicionalmente considerados como referidos al Mesías esperado, al Salvador que habrá de liberar a sus pueblo, es decir a Jesús. Así que un primer hecho extraordinario a considerar es que pueda haber una relación entre los que escribió Isaías y Jesús habiendo casi 8 siglos de diferencia entre uno y otro. Hagamos un primer ejercicio tratando de interiorizar lo que significa esta diferencia en años. Fueron casi 8 siglos los que los musulmanes ocuparon España, desde el año 711 hasta 1492. Es muchísimo tiempo y tuvieron que ejercer una enorme influencia, a pesar que finalmente fueron expulsados. Es casi como que los Incas en el siglo XXII finalmente expulsen a los españoles, algo que a estas alturas parece inconcebible. Es mucho tiempo y han sucedido tal cantidad de procesos en el período que resulta imposible imaginar cómo sería esto. Tal vez haya una lección que aprender entre los dos episodios seleccionados para nuestra comparación, pero no viene al caso, pues lo único que queremos es provocar la interiorización de la enormidad de años que hay en un período de 800 años, lo que separa a Isaías de Juan y Jesús. Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos.

Lucas, como muchos otros, atribuyen las palabras de este pasaje escritas por Isaías, como referidas directamente a Juan, que vino a preparar el camino a Jesús, anunciando su llegada. Para Isaías, Jesús es el Mesías esperado y Juan quien lo anuncia. ¿Cómo podía referirse a ambos 800 años antes? Este es un gran misterio que solo puede resolverse aceptando que es Dios quien nos habla a través de los Libros Sagrados, a través de los profetas. Sin la aceptación de esta asombrosa manifestación divina, no hay interpretación posible. Por lo tanto debe quedar claro que hay un solo Dios al que nos referimos, el cual se ha manifestado de diferentes maneras a lo largo de nuestra historia, hasta la llegada de Jesús, el Hijo de Dios, el Mesías, nuestro Salvador. Con Él se cumplen las promesas que hizo Dios al pueblo escogido, al pueblo de Israel. Él es el mismísimo Dios hecho hombre, para salvarnos dela muerte y del pecado. Con Jesucristo termina ese largo período de anunciación y espera y comienza el Reino de los Cielos, un Reino que no tendrá fin, y al que estamos invitados a entrar. Con Él, el Reino finalmente se acerca, lo que no quiere decir que se esté aproximando, sino que está a nuestro alcance. En escogerlo está nuestra Salvación. Este es el nuevo período que inaugura Jesús. El tiempo del Reino, el tiempo de la Salvación. Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos.

La alegoría a la que se refiere Isaías, que es citada por Lucas es precisamente la que será finalmente disipada por Jesús. Los caminos se allanan hasta convertirse en un solo Camino, que es Jesús. Todas las pruebas, especulaciones y diversos intentos terminan con Él. No es preciso buscar más. Todos convergen a Él y por Él llegan a Dios Padre. No es preciso bajar, subir, tornar, virar, retroceder, experimentar, buscar. Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida. Es aquello que esperaba la humanidad y buscaba en desiertos, montes y abismo. ¡Abandonen la búsqueda! ¡Él está aquí! Es de Él de quien hablaron los profetas. Ha querido Dios que nos rescate. De eso hacen 20 siglos. El Reino de Dios está cerca. Lo tomamos o lo dejamos. Lo escogemos o lo rechazamos. No hay otro Camino. Juan lo anuncia y Jesús constituye el cumplimiento de la promesa de Dios. Tenemos un Salvador que habrá de nacer próximamente en Belén, una sola vez y para siempre. Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos.

Oremos:

Padre Santo, danos la Gracia de oír, entender y seguir Tu Palabra, como única garantía para alcanzar la Vida Eterna…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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