Lucas 24,35-48 – que se cumpla todo

abril 20, 2017

Que se cumpla todo

“Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.”

lucas-24-44

Lucas 24,35-48 que se cumpla todo

Lucas – Capítulo 24

Reflexión: Lucas 24,35-48

La presencia de Cristo entre nosotros obedece al Plan de Salvación trazado por Dios desde muy antiguo. Como todo Plan, tiene todo previsto; todo está anticipado con el objeto de lograr el propósito que se propone. Pero mucho más aun tratándose de los Planes de Dios. ¡Qué duda puede caber que estos son perfectos y por lo tanto no contienen error! Nada se deja al azar. Todo tiene una razón de ser.

Hasta que la llegada de Jesucristo, Su nacimiento, vida, muerte y resurrección todo había sido profetizado, proclamado y escrito a lo largo de los siglos, por diferentes personajes, quedando registrado en los libros del Antiguo Testamento, en la Biblia. Todos de algún modo se habían referido a este hecho, lo habían anticipado y esperado. Para quienes conocían las Escrituras, había una expectativa que sería colmada con la venida de Cristo, el Mesías, nuestro Salvador.

Es como cuando uno abre un signo de interrogación o un paréntesis, este supone un cierre. Mientras no se cierre habrá expectativa y no se podrá leer y entender el sentido de la frase u oración contenida. Eso mismo ocurre en el Plan de Salvación trazado por Dios y eso es lo que hoy nos revela Jesús. Él es de quien se hablaba. Con Él todo adquiere sentido. Todo lo que se anticipó alcanza significado y cumplimiento con Cristo.

No niega ni pone en tela de juicio todo cuanto le precedió por siglos. Todo cuanto fue anticipado -siglo por siglo, profeta por profeta- y registrado en las Escrituras adquiere sentido con Jesucristo. Él lo integra y lo eleva a su verdadero y profundo significado, para que no quepa duda que es Dios el que se ha venido comunicando, conforme a un Plan que ha terminado de revelarse y cumplirse con Cristo Jesús, Su Hijo y Salvador nuestro.

“Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.”

El corto período de su vida –algo más de 30 años- y la brevedad de su manifestación pública, en la que ni si quiera escribió un libro, y sus propias palabras no hacen nada más que corroborar lo que ahora afirma. Para eso ha venido. Esa era Su Misión, tal como fue revelada y dada a conocer a través de los siglos. De eso somos testigos todos por medio de los discípulos. Todo esto es lo que ha quedado registrado en los Evangelios y en el Nuevo Testamento. Se ha cerrado el Círculo. Las promesas de Dios han sido cumplidas. Hemos sido salvados. Jesucristo ha Resucitado.

Esta es la noticia que debía cambiar nuestras vidas. La noticia con la que se pone punto final al desconcierto, a la duda, al temor, a la espera. ¿Cuál debe ser nuestra actitud? Debía ser totalmente distinta a partir de este encuentro. ¡Sus promesas se han cumplido! Nuestra vida, por lo tanto, debía ser otra. Es recién a partir de este evento que cobra sentido lo que DEBENOS hacer. La pregunta entonces será: ¿hacemos lo que debemos? ¿No será que seguimos haciendo por inercia lo que no debíamos e incluso algo contrario a la fe que proclamamos?

¡Nuestra vida tiene que cambiar a partir de la Resurrección de Cristo! ¡Tiene que cambiar para adquirir el sentido verdadero! ¡Tenemos que virar el timón para encaminarnos por la vía que Él nos señala! Con la frente en alto, alegres, llenos de esperanza, sin temor alguno, con paso firme, enmendando el rumbo, pidiendo perdón a quienes defraudamos, pidiendo perdón por nuestros errores y enmendando nuestros malos pasos, debemos enfilar Camino al encuentro definitivo con nuestro Padre, siguiendo a Jesús, que nos manda amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

Esa debe ser nuestra actitud todo el día, en todo lo que hacemos, pero especialmente cada mañana al despertar. Sobreponernos a todo para marchar con paso de vencedores, alegres y optimistas, a pesar de cuanto pudiéramos estar padeciendo, sabiendo que solo es cuestión de un brevísimo tiempo, en el que tal vez tendremos que soportar lo indecible, para alcanzar la Vida Eterna, aquella que no tiene fin, en la que alcanzaremos la plenitud, que va más allá de cuanto podríamos desear o imaginar.

La espera, el sacrificio, el dolor e incluso el sufrimiento adquieren recién el verdadero sentido, ubicándolos en la perspectiva del Plan de Salvación ideado por nuestro mismísimo Padre y Creador del Universo, que habrá de cumplirse a su debido tiempo, cuyas primicias hemos conocido a través de Jesucristo, nuestro Señor.

Padre Santo, sostén y aumenta nuestra fe, ante cualquier embate del enemigo. Que sigamos firmemente a Jesús, sin desfallecer, por más cansados y agobiados que nos sintamos. Haznos sentir Tu presencia a cada momento, pero especialmente en los de dificultad, dolor y temor. No dejes de protegernos, manteniéndonos con firmeza y perseverancia en el Camino de la Vida Eterna, iluminado por Jesús. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor, Amén.

“Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.”

(13) vistas

Deja un comentario