Lucas 2,41-52 – estupefactos por su inteligencia y sus respuestas

diciembre 27, 2015

Texto del evangelio Lc 2,41-52 – estupefactos por su inteligencia y sus respuestas

41. Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua.
42. Cuando tuvo doce años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta
43. y, al volverse, pasados los días, el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres.
44. Pero creyendo que estaría en la caravana, hicieron un día de camino, y le buscaban entre los parientes y conocidos;
45. pero al no encontrarle, se volvieron a Jerusalén en su busca.
46. Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles;
47. todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.
48. Cuando le vieron, quedaron sorprendidos, y su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando.»
49. Él les dijo: «Y ¿por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre?»
50. Pero ellos no comprendieron la respuesta que les dio.
51. Bajó con ellos y vino a Nazaret, y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.
52. Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres.

Reflexión: Lc 2,41-52

En tan solo dos días la Iglesia nos pone 12 años adelante en la vida del Señor, permitiéndonos constatar, por el comportamiento de Jesús, que no se trata de un niño común y corriente. Todos los sucesos que anunciaron su nacimiento ya lo anticipaban pero aquí podemos comprobarlo de modo práctico. Tal vez parezca algo extraño, pero es realmente necesario reparar en este pasaje, para no caer en la tentación de banalizar a Jesús. Conozco muchos cristianos y católicos a los que parece costarles creer que Jesús es Dios. Lo han interiorizado como un hombre extraordinario, un tipo como no hay, un superhombre, de cualquier modo, hombre al fin, unos grados o unas décimas por encima del hombre más destacado que pudiéramos conocer o imaginar. Esto tiene una serie de implicancias. La primera y más importante es que lo humanizan a tal extremo que deja de ser Dios, así, caen en reflexiones como identificar el momento en que Jesús se dio cuenta de su Misión o de Su Poder, como si hubiera pasado por la evolución de cualquier muchacho camino a la madurez. Algunos lo imagina incluso haciendo bromas a sus amigos como cualquier niño, presumiendo de su poder, hasta que finalmente lo logra controlar y manejar con madurez…Hay tan poco escrito respecto a este período que siempre se podrá especular, sin embargo creemos que para el que no tiene dudas respecto a quién es Jesús, estos pocos versículos deben bastar para comprender que siendo hombre y por lo tanto también niño, nunca dejó de ser Dios. Difícil de comprender, seguramente, pero ¿qué es fácil tratándose de Jesús y la Voluntad de Dios?…le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.

Hay dos detalles que debemos observar detenidamente para entender frente a qué clase de joven o niño estamos. El primero tiene que ver con la forma en que le escuchaban todos en el templo, admirados, estupefactos por sus respuestas. No es que José y María le habían enseñado o que había asistido a cursos especiales, ni tiene que ver con la tradición o lo que había leído, no señor, aunque por aquí también se esfuercen los que se empecinan en verlo sobre todo como hombre. Jesús es Hijo de Dios y lo es desde siempre, aun cuando haya tomado la forma de un bebe, luego de un niño y finalmente de un hombre. Jesús seguramente pasa por todo ese proceso natural de crecer, porque así lo quiso, pero Su Espíritu nunca dejó de ser el Espíritu Divino de Dios. ¿Un misterio? Claro que sí, como lo es todo en torno a su nacimiento, vida, muerte y resurrección. No es que sea por momentos Dios y por momentos hombre o en determinadas situaciones sea uno u otro…Él siempre será el Hijo de Dios hecho hombre. Es decir que tomó nuestra apariencia y nuestra naturaleza, para crecer y comunicarse con nosotros, pero sin dejar de ser Dios. ¿Cómo lo hizo? ¡Es un misterio! No por eso es menos cierto. Por eso todos quedan pasmados cuando abre la boca y dice lo que tiene que decir. No finge, no espera, no cambia. Él sabe lo que tiene que hacer, cuándo y cómo lo hará. Los que no sabemos somos nosotros y entre nosotros, su Madre, que recibe la respuesta apropiada a su pregunta, por más que le duela y moleste. Jesús no está diciendo nada más que lo correcto. Y esa debió ser su actitud siempre que tuvo oportunidad. María estuvo advertida y en ella todos nosotros, con todos los sucesos que rodearon su nacimiento. Jesucristo es el Hijo de Dios y ha venido al mundo siguiendo los Planes de Dios, para cumplir una Misión y lo hará en los momentos y tiempos que corresponda…le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.

No pensemos ni por un momento que lo sorprendemos, que a lo mejor el esperaba que actuáramos distinto. Él sabía que tenía que entregar su vida y así se lo va cantando a sus discípulos, sino que estos no entendían nada porque esperaban un Rey distinto, no al Rey del Universo, que se mueve dentro de una lógica completamente diferente, que quiere que hagamos y nos comportemos conforme a lo que Dios ha dispuestos, conforme a Su Voluntad, porque para eso fuimos creados. Dios nos hizo para ser felices y vivir eternamente, pero lo que estamos haciendo no nos conduce a alcanzar este fin, por eso fue enviado Jesucristo a salvarnos, a hacernos enmendar el Camino, de otro modo nos perderemos, nos destruiremos y moriremos para siempre. Nuestro Padre Dios, amándonos tanto, no quiere este fin para nosotros, por eso nos envía a Su Hijo, conforme a Su Plan de Salvación, para que haga lo que tiene que hacer para Salvarnos. Es fundamental entender en este punto que Dios no nos obliga; se niega a hacerlo, porque en nuestra libertad reside nuestra dignidad. Por lo tanto es primordial que nosotros nos convenzamos que lo que Dios nos propone a través de Jesús, es lo que nos conviene, es lo que debemos hacer. Por eso Dios pide que escuchemos a Su Hijo y Cristo hará todo lo que sea necesario para captar nuestra atención y nuestra inteligencia, para que oyéndole, hagamos lo que nos manda. En oír y hacer lo que nos manda está nuestra salvación. Pero, ¿por qué hacer lo que nos dice? Porque creemos en Él, porque creemos en Su amor, porque confiamos en Él y sabemos que lo que nos dice es la Verdad. Gran parte de lo que hace está destinado a suscitar la fe en nosotros. Por eso la pesca milagrosa, la multiplicación de los panes, la caminata sobre el mar, las curaciones y los milagros asombrosos. Para despertar la fe y la confianza en Dios, que nos ama y que no nos fallará jamás. Jesucristo es el Camino, la Verdad y la Vida, por Él llegamos a la Vida Eterna. Solo tenemos que creerle y hacer lo que nos manda…le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.

Jesucristo es el Hijo de Dios vivo, no cuando tenía 33 y pico de años, sino siempre. De eso hemos sido testigos de modo muy especial en el tiempo de Adviento, donde hemos recordado todos los sucesos que rodearon su nacimiento y seguiremos siéndolo a lo largo de toda su vida pública, cuyos principales acontecimientos seguiremos en la lectura diaria de los evangelios propuesta por la Iglesia. Pero aun cuando no existe un diario que narre cada una de las actividades que desarrolló Jesús desde su nacimiento hasta Su Resurrección y Ascensión al Cielo con el detalle que muchos quisieran e imaginan, no por eso es menos cierto que siempre fue y actuó como el Hijo de Dios. No especulemos ni sobre Su Humanidad, ni sobre Su Divinidad, que con lo que tenemos narrado en los Evangelios basta y sobra para creer en Él, de no ser así, Dios sabrá complementar lo que sea necesario a través de la Santa Madre Iglesia, de la comunidad de los santos, de los ángeles o del Universo todo, que en sus manos es arcilla al servicio de Su Santa Voluntad, que nos es otra que nuestra Salvación. ¡Así tanto nos quiere Dios! Confiemos en Jesucristo y hagamos lo que nos manda, que para eso ha venido…le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles; todos los que le oían, estaban estupefactos por su inteligencia y sus respuestas.

Oremos:

Padre Santo, acrecienta nuestra fe; no permitas que dudemos y que andemos poniendo a prueba al Señor…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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