Lucas 2,41-51 – asombrados de su inteligencia y sus respuestas

junio 4, 2016

Texto del evangelio Lc 2,41-51 – asombrados de su inteligencia y sus respuestas

41. Sus padres iban todos los años a Jerusalén en la fiesta de la Pascua.
42. Cuando el niño cumplió doce años, subieron como de costumbre,
43. y acababa la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta.
44. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos.
45. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él.
46. Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas.
47. Y todos los que los oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.
48. Al ver, sus padres quedaron maravillados y su madre le dijo: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados».
49. Jesús les respondió: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?».
50. Ellos no entendieron lo que les decía.
51. El regresó con sus padres a Nazaret y vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba estas cosas en su corazón.

Reflexión: Lc 2,41-51

Hubiera sido muy interesante saber de qué hablaba Jesús con los doctores de la ley; no tenemos el detalle, pero por el Evangelio sabemos que estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas. Comprendía muy bien lo que se estaba hablando y habría de tener una capacidad de discernimiento extraordinario, para asombrar a los más sabios de aquella región. Jesús era casi un niño, aun cuando en aquel entonces se dice que la adolescencia era más corta y a más temprana edad hombres y mujeres estaban preparados para asumir responsabilidades que hoy hemos postergado casi por una década o más. De todos modos, podemos imaginar cuál sería el asombro de aquellos sacerdotes e intelectuales, de aquellos doctores, que se pasaron horas de horas hablando con Jesús, sometiéndolo seguramente a toda clase de preguntas. No fueron una, ni dos, sino muchas y la referencia más cercana a lo que estaban tratando la da el mismo Jesús a María, reprochándole que no supiera que tenía que ocuparse de las cosas de Su Padre. Es de estas cosas que estaban hablando. Y a juzgar por el entusiasmo de los doctores, les habría realizado varias revelaciones y resuelto muchas incógnitas, con tal sabiduría, que se quedaron boquiabiertos, escuchándolo. Encima, se asombraron cuando vieron a sus padres, lo que nos permite suponer que tal vez los encontraros muy sencillos, muy simples e insignificantes para que el niño proceda de ellos. Tal vez más de uno pensó que se trataba de algún príncipe o un noble, por su distinción y sabiduría. Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que los oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.

Nos parece importante rescatar entonces que Jesús, como Hijo de Dios, es Dios desde el comienzo, de un modo tal vez misterioso con sus padres que lo vieron y tuvieron desde bebito. Seguramente fue un niño muy especial cuando empezó a gatear, cuando empezó a hablar y cuando empezó a razonar. Episodios parecidos a este seguramente tuvieron varios, aunque no, desde luego, con doctores de la ley. Pero a cuantos habrá dejado perplejos con sus respuestas en el diario vivir. Él siempre sabía lo que tenía que hacer, como lo prueba la respuesta que le da a María. Y ella, tiene que admitir lo que era obvio, lo que ella sabía desde siempre, reconociendo en su interior que después de todo era una pregunta ociosa la que le había lanzado y torpe o evidencia de poca fe el que hubieran estado buscándolo en otro lado e incluso el haberlo creído perdido. Jesús no estaba perdido, estaba en el Templo, ocupándose de las cosas de Su Padre. María y José, pero sobre todo María tenían que saberlo. Se trataba de un episodio más de aquellos tan especiales que la Virgen María había tenido que guardar en su corazón, como las piezas de un rompecabezas del que ella tuvo noticia aun antes que naciera, y el que seguirá armando hasta su muerte y resurrección. Solo con la llegada del Espíritu Santo se pondrá la última pieza que habrá de explicarlo todo, mostrando la Verdad de una forma tan clara, que ya no podrán callar. Y ha de ser con estos antecedentes que llegado el momento María le pide a Jesús el milagro de las Bodas de Caná. Si había mostrado Su Divinidad tantas veces anteriormente, ¿por qué esta vez no lo podía hacer atendiendo el especial pedido de Su madre? En esa encrucijada lo puso y ya sabemos cómo termina accediendo al pedido de Su madre, asombrando a todos los asistentes a aquella fiesta. Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que los oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.

Por estas razones debemos afirmar con toda certeza que Jesucristo es el Hijo de Dios, no en determinadas circunstancias, sino siempre. Siempre lo fue y siempre lo supo, aun cuando cómo fue esto cuando era niño sea para nosotros un verdadero misterio. Por eso nosotros tenemos algunas discrepancias que esperamos ir puliendo, con aquellos hermanos que afirman que el Señor suda gotas de sangre por temor en Getsemaní. No podía ser temor, puesto que Él siempre lo supo y tampoco pide pasar por alto esta prueba para evitarse el sufrimiento, sino que algo que lo cuestionaba muy profundamente era que fuéramos capaces de llegar a tal extremo. Es decir que ora y sufre por nosotros, por nuestra insensibilidad, nuestra falta de condescendencia. Así como Él da su vida por nosotros, porque nadie se la quita, nosotros fuimos capaces de llevarlo a este extremo e incluso dejarlo morir. Esto es lo que en nuestro particular modo de ver le causa tanto sufrimiento y dolor. Esto es lo que motiva aquellas gotas de sangre, no el temor a lo que se venía. Por eso, cuando ora al Padre para que “si quiere aparte este cáliz”, lo pide en el sentido de hacernos capaces de no llegar a ese extremo, porque esto prueba también a qué extremo somos capaces de llegar antes de reaccionar, algo que todavía no estaba dispuesto a creer. Es decir que Él tenía la esperanza o quería tener la confianza en que no fuera necesario llegar a tanto, porque nosotros seríamos capaces de sobreponernos e impedirlo, pero no fue así, sino que uno de nosotros lo entregó y encima su lugarteniente, el más cercano, Pedro, lo negó tres veces, aun cuando pudo haber reaccionado de otro modo. Todos actuaron libremente y es en uso de esta libertad que lo abandonamos a su suerte. Todo se cumpliría conforme estaba escrito, lo que prueba la perfección del conocimiento que tiene Dios de nosotros y la necesidad que Jesucristo llegue hasta el extremo de entregar Su Vida, para que finalmente entendamos cual es el Camino. Y tenía que Resucitar para sellar con Su sangre Sus Promesas. Todo ocurrió conforme estaba Escrito. Esta debe ser razón suficiente para que creamos, más aun teniendo en cuenta los acontecimientos verdaderamente milagrosos que rodearon la Vida de Jesús, hasta Su muerte, resurrección y ascensión al cielo. Ocuparse de las cosas de Su Padre tiene que ver con todo esto, desde el nacimiento hasta la muerte en cruz y la resurrección al tercer día. Jesucristo, como Hijo de Dios, vino a cumplir una Misión por Voluntad del Padre y fue consciente de esta siempre, cumpliéndola hasta el fin, tal como fue dispuesto por Dios. Esta es la razón de nuestra fe. Al tercer día, lo hallaron en el Templo en medio de los doctores de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que los oían estaban asombrados de su inteligencia y sus respuestas.

Oremos:

Padre Santo, te damos gracias por habernos enviado a Jesucristo, nuestro Señor, el Salvador prometido a la humanidad…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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