Lucas 21,5-11 – muchos se presentarán en mi Nombre

noviembre 22, 2016

Muchos se presentarán en mi Nombre

«Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca”. No los sigan.

Texto del evangelio Lc 21,5-11

01. Y como algunos, hablando del Templo, decían que estaba adornado con hermosas piedras y ofrendas votivas, Jesús dijo:
06. «De todo lo que ustedes contemplan, un día no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido».
07. Ellos le preguntaron» «Maestro, ¿cuándo tendrá lugar esto, y cuál será la señal de que va suceder?».
08. Jesús respondió: «Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca”. No los sigan.
09. Cuando oigan hablar de guerras y revoluciones no se alarmen; es necesario que esto ocurra antes, pero no llegará tan pronto el fin».
10. Después les dijo: «Se levantará nación contra nación y reino contra reino.
11. Habrá grandes terremotos; peste y hambre en muchas partes; se verán también fenómenos aterradores y grandes señales en cielo.

Reflexión: Lc 21,5-11

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Lucas 21,5-11 muchos se presentarán en mi Nombre

Por temor, seguramente, muchos andamos preocupados por saber el día y la hora del fin. Hay mucha especulación al respecto. No es ningún secreto que muchos lucran y ganan adeptos promoviendo esta idea, en tanto otros los ganan predicando precisamente lo contrario, es decir que no hay por qué preocuparse.

Entre ambos extremos hay un sinfín de posturas y proclamas, de lo más diversas. Algunas, incluso, descabelladas. La religión desata pasiones, tanto entre los que creen, como entre los que no creen. Todos quieren imponer su visión y criterio.

Los que no creen se muestran más fanáticos y fundamentalistas que muchos. Se empeñan y ensañan contra los creyentes. A tal extremo llega su intolerancia que no quieren oír ni mencionar a Dios, empeñándose en borra todo rastro, como si se pudiera.

«Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca”. No los sigan.

En una sociedad consumista y relativista como esta en la que nos ha tocado vivir, casi hay tantas creencias como personas en el planeta. Cada quien defiende lo que cree con un “yo creo” o “a mí me parece” o “yo siento”, con el que pretende dar por zanjada cualquier discusión.

Habiéndonos hecho consentir a las mayorías que se trata de un aspecto personal, que atañe al ámbito privado, algunos sostienen que cada quién tiene derecho en creer en lo que le parece, en tanto no pretenda imponer su creencia.

Los matices son variadísimos, por lo que cada quién busca lo que mejor le acomoda o lo que menos le incomoda. Así, mientras los templos católicos han visto mermada su feligresía, las sextas de todo tipo han proliferado.

«Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca”. No los sigan.

La seudo tolerancia que se viene extendiendo, ha servido para arremeter contra Dios en el ámbito público, tratando de extirpar toda huella de su presencia. Se pretende avergonzar a los que insisten, tildándolos de intolerantes y fundamentalistas.

Lo cierto es que hay mucha desorientación, porque entre los católicos, por ejemplo, no son pocos los religiosos que ponen en tela de juicio ciertos dogmas como la virginidad de María, la Cruz, el Sacramento de la Penitencia y hasta la Resurrección.

El desconcierto es tal, que incluso novelistas se presentan como grandes intérpretes de los evangelios, los que, por su puesto, a su buen juicio y buen entender acomodan las verdades eternas, dándose el lujo de pretender enmendar a Jesús y logrando miles de fanáticos adeptos.

«Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca”. No los sigan.

Cada quien profetiza el futuro de acuerdo a su conveniencia o a su buen entender y parecer. Del mismo modo que existen docenas de marcas de dentífricos, zapatillas o camisetas deportivas, hay un dios para cada individuo, según su historia, juicio, deseo o necesidad

Será pues a esto a lo que se refiere el Señor. Hay muchos que desde cada esquina, desde cada puerta nos gritan “Soy yo” y “El tiempo está cerca” o no llegará jamás. ¿A Quién creer? ¿Qué criterio debe prevalecer? ¿El nuestro, el de nuestros padres?

¿Debemos seguir lo que más nos acomoda? Lo que más nos ayuda para ir ¿a dónde? ¿A quién seguimos? ¿Qué hacemos? ¿Quién tiene la razón? ¿Los yogas? ¿Los mentalistas? ¿Los filósofos? ¿Los espiritualistas? ¿Los de la Nueva Era? ¿Los astrólogos? ¿Los médiums?

«Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca”. No los sigan.

¿De dónde viene tanta confusión? ¿Siempre la ha habido o es que ahora nos estamos acercándonos más a lo que el Señor parece anticiparnos? ¿A quién recurrimos? ¿Quién tiene la razón? ¿Quién puede interpretar la Palabra de Dios para nosotros?

El único que puede poner luz a nuestro escepticismo es el Señor. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Empecemos por aferrarnos a los Evangelios y no permitamos que nadie los interprete por nosotros. Además de saber leer y tener buena voluntad, no se necesita ninguna preparación especial para leer la Palabra de Dios.

Es Su Espíritu el que hace posible que lo entendamos. Entonces, no necesitamos ninguna preparación especial, salvo aproximarnos con reverencia, invocando antes la asistencia del Espíritu Santo. ¡Eso es todo! El Señor se dirige a los humildes, a los más necesitados de Su Infinita Misericordia.

«Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca”. No los sigan.

Démosle una hora y perseveremos todos los días en la lectura y meditación de Su Palabra. Entonces veremos como empieza a surgir la luz en nuestra mente y nuestro corazón, y empezaremos a distinguir a los lobos de las ovejas y a reconocer la voz de nuestro Buen Pastor.

El reunirnos detrás de Él, es obra del Espíritu Santo. Regresemos a la fuente de Su Palabra que se encuentra en los Evangelios y, si somos sinceros, más pronto de lo que creemos, habremos vuelto al Camino de la Salvación. Solo hay un Dios; un solo Rey del Universo: ¡Ese es el que nos da a conocer Jesucristo! ¡Creamos en Él y alcanzaremos la Vida Eterna!

Solo en Dios descansa nuestra alma. Solo Él tiene Palabras de Vida Eterna. Empecemos andando por este Camino, que nos irá llevando a cumbres más altas, hasta el encuentro definitivo con Dios Padre, allá en el Reino de los Cielos.

«Tengan cuidado, no se dejen engañar, porque muchos se presentarán en mi Nombre, diciendo: “Soy yo”, y también: “El tiempo está cerca”. No los sigan.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que el Demonio nos confunda. Que oigamos y obedezcamos a Jesucristo, Tú Hijo, el único que tiene Palabras de Vida Eterna…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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