Lucas 21,34-36 – Cuando llegó el tiempo

Noviembre 26, 2016

Cuando llegó el tiempo

Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos.

Texto del evangelio Lc 21,34-36

34. Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos.
35. Pero los labradores agarraron a los siervos, y a uno le golpearon, a otro le mataron, a otro le apedrearon.
36. De nuevo envió otros siervos en mayor número que los primeros; pero los trataron de la misma manera.

Lc 21,34-36

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Lucas 21,34-36 Cuando llegó el tiempo

Reflexionaremos hoy respecto a la oportunidad de Dios. Todo lo hace Bien y a su debido tiempo. Todo ocurre conforme a un Plan meticulosamente trazado. ¿Cuál debe ser nuestra actitud frente a él? Absoluta confianza y paciencia.

El Señor tiene nuestros pelos contados. Ni uno solo se cae de nuestras cabezas sin que Él lo permita. Siendo así, ¿por qué nos afanamos? ¡Qué absurdo vivir empeñados en algo que no haya sido previsto por Él! ¡Es una pérdida de tiempo!

¿Quiere decir que todo está fatalistamente predeterminado? ¡No! Quiere decir que Dios lo tiene todo previsto para que solamente un necio se pierda. Hay una meta a la que todos estamos invitados a llegar, pero depende de nosotros alcanzarla.

Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos.

Todo ha sido previsto por el Señor y todo ha sido creado y presentado a nuestros ojos en forma oportuna. En los Planes de Dios no hay error posible. Todo ocurre a su tiempo. Ni antes, ni después. Sino en el tiempo preciso y justo.

Podemos ponerlo en duda y rechazarlo, lo cual no cambia Sus Planes. Él nos ha creado por amor. Esto quiere decir que Él nos amó primero. Su amor no es la correspondencia a cualquier cosa que pudiéramos haber hecho. Él nos ama gratuitamente.

No existiendo mérito alguno por el cual merezcamos su amor, tampoco nos impone nada a cambio. Él solo quiere que seamos felices y vivamos eternamente. Esto es algo que podemos alcanzar si hacemos aquello para lo que fuimos creados.

Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos.

¿Quiere decir que estamos predeterminados? ¡No! Quiere decir que hemos sido hechos con un propósito, como todo en el Universo. ¿Cuál es este propósito? Que seamos felices y vivamos eternamente. ¿Puede haber algo mejor?

Desde luego que no. ¿Qué debemos hacer para alcanzar este propósito? Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. ¿Es imposible? Claro que no. Sin embargo Jesucristo nos muestra el Camino.

¿Quién es Jesucristo? El Hijo de Dios, nuestro Maestro y Salvador, a quien Dios envió a enseñarnos el Camino y Él lo hizo dándonos ejemplo. ¿Qué debemos hacer? Seguir a Jesús. Él ha sido enviado a salvar a los perdidos.

Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos.

¿Podemos perdernos? ¡Claro que sí! ¿Cómo? No haciendo caso al Señor. Nosotros hemos sido creados Libres, por lo tanto, tenemos la facultad para hacer lo que Dios nos manda o simplemente rechazarlo y adoptar otro camino.

¿Dará lo mismo? ¡Claro que no! ¿Llegaremos a ser felices siguiendo otra vía? ¡no! ¿Por qué? Porque solo hay un Camino que nos conduce a la plenitud. ¿Cuál? El que Dios ha trazado desde la Eternidad. Es el Camino del Amor y la felicidad. Hay que seguirlo.

Si pones a un inconsciente, a un animal frente a este Camino, él lo escogería. ¿Por qué nosotros no? Por necedad; por orgullo; por soberbia, por creernos más y mejores que Dios. Por no aceptar Sus designios y pretender prescindir de Él. Por falta de fe.

La fe no está reñida con la razón. La fe está reñida con la soberbia. Hay que ser humildes y reconocer a Dios para entrar en el Reino de los Cielos.

Cuando llegó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores para recibir sus frutos.

Oremos:

Padre Santo, tenemos fe, pero acreciéntala para que seamos dignos de alcanzar las promesas y gracias de nuestro Señor Jesucristo…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 21,34-36 Cuando llegó el tiempo

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