Lucas 21,20-28 – las fuerzas de los cielos serán sacudidas

Noviembre 26, 2015

Texto del evangelio Lucas 21,20-28 – las fuerzas de los cielos serán sacudidas

20. «Cuando vean a Jerusalén cercada por ejércitos, sepan entonces que se acerca su desolación.
21. Entonces, los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que estén en medio de la ciudad, que se alejen; y los que estén en los campos, que no entren en ella;
22. porque éstos son días de venganza, y se cumplirá todo cuanto está escrito.
23. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! «Habrá, en efecto, una gran calamidad sobre la tierra, y Cólera contra este pueblo;
24. y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones, y Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que se cumpla el tiempo de los gentiles.
25. «Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas,
26. muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas.
27. Y entonces verán venir al Hijo del hombre en una nube con gran poder y gloria.
28. Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobren ánimo y levanten la cabeza porque se acerca su liberación.»

Reflexión: Lucas 21,20-28

Hay muchas formas de tomar este texto. Una de ellas es la interpretación literal, que sin duda es de pavor, sobre todo si nos quedamos con la narración llena de predicciones apocalípticas. Acentuando este aspecto es comprensible sentirse amenazado y persuadido a preguntar ¿Quién podrá salvarse? ¿Hay algo que podamos hacer para salvarnos? Estás son precisamente las preguntas que se quiere suscitar, para llamar a la reflexión. El que menos ha visto o presenciado calamidades atroces y es capaz de reconocer lo impotentes e indefensos que somos ante tales sucesos. No solo son devastadores, sino usualmente sorpresivos, por lo que podemos concluir que es prácticamente imposible huir de ellos. Siendo así, en realidad ¿no debíamos sentirnos siempre advertidos y estar en guardia? Hemos de coincidir en que lo más razonable sería vivir de tal modo que nuestros actos reflejen la conciencia de estar listos y preparados para cuando sucedan estos hechos. ¿No es lo más lógico? Al menos, así nos lo enseñaron nuestros abuelos y nuestros padres. Recuerdo a nuestra abuela y nuestra madre señalándonos la “M” que todos tenemos en la palma de nuestras manos, enseñándonos que esta quería decir “memento mori” o “recuerda que todos tenemos que morir”. ¿No es razonable y prudente tener siempre en cuenta que este momento habrá de llegar cuando menos lo esperamos? ¿No nos esforzaríamos por dar el sentido correcto a la vida si así fuera? Pues creemos que esto es, entre otras cosas, lo que pretende el Señor en estos versículos. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas.

Más allá de las calamidades universales que se anticipan de modo general y en vez de sentirnos aterrados por las predicciones, ¿no debíamos sentirnos llamados a la prudencia? Si es cierto que no sabemos ni el día ni la hora, si esto habrá de ocurrir con todos de un momento a otro o tan solo con algunos o con nosotros, ¿no debíamos caminar por la vida con prudencia y cautela? De este modo, si sabemos que el fin llegará cuando menos lo esperemos, cuanto más preparados debemos estar, cuanto más seguro es que llegue, dada las experiencias que vemos en nuestro entorno. Si tengo más de sesenta años, objetivamente hablando, no estoy en edad de iniciar proyectos a largo plazo, a no ser que tenga previsto alguien que me releve en cualquier momento. Lo prudente será terminar con lo que empezamos y poner todo en orden de modo tal que al salir de la escena no compliquemos más de la cuenta la vida a nadie. Y, no se trata tan solo de enfermedades, que en realidad no podemos anticipar cuan grave y onerosas pudieran ser, sino de hablar con quienes debemos, de buscar a quienes ofendimos o con quienes mantuvimos divergencias que nos llevaron a la ofensa o al desprecio o a la simple indiferencia. Procurar saldar cuentas con todos, de tal modo que no haya nadie que mañana nos pueda acusar. Examinar nuestra vida tratando de resolver todo aquello que quedó pendiente y procurando aconsejar a los más jóvenes, de acuerdo a nuestra experiencia y en función del objetivo final, a fin de invitarlos a poner las cosas en la perspectiva correcta, distinguiendo lo esencial de lo suntuario. Hagámoslo mientras podamos, teniendo en cuenta que cuando menos lo pensemos se presentarán enfermedades que nos irán inhabilitando en uno u otro sentido; ya entonces será cada vez más difícil hacerlo, e incluso podría ser una imprudencia. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas.

Sin embargo no podemos perder de vista las palabras con las que termina el texto escogido por la Iglesia para nuestra reflexión de hoy: Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobren ánimo y levanten la cabeza porque se acerca su liberación. Para el que cree, el Señor no podía haber escogido mejores palabras para animarnos, sin perder la fe y la verdadera perspectiva de la vida. Nosotros no tenemos por qué tener miedo a la muerte, por más calamitosa que esta pueda ser, dado que esta, por el contrario, representa nuestra liberación. Así, cuanto más cerca de la muerta, más alegría y esperanza. No es masoquismo, sino fe. Esta es la que debemos pedir que se acreciente cada día, porque solo así veremos el mundo con los ojos que Cristo lo ve. Por este mundo, con todas sus vicisitudes, estamos de paso. Que no se entienda como que despreciamos nada de lo que hay en el mundo, muy por el contrario, lo amamos como obra de nuestro Padre Creador. Él lo ha puesto en nuestras manos para que lo administremos con amor, con prudencia, con tolerancia, con justicia, verdad, misericordia y generosidad. Dios ha querido que vivamos en familia, en comunidad, cuidando unos de otros y procurando siempre el bien, especialmente el de nuestro prójimo, el de los menos favorecidos, el de los inocentes, el de los más débiles e indefensos. Para eso nos ha dado todo lo que necesitamos, incluyendo inteligencia, voluntad y libertad. Lamentablemente hemos tergiversado el fin de la vida y hemos construido un mundo en el que hemos otorgado supremacía al dinero y al egoísmo, los cuales solo traen muerte y destrucción. Mientras tenemos vida debemos esforzarnos por enmendar este camino errado y conducirnos por el Camino que Jesús nos propone, que es el Camino del Amor, que habrá de conducirnos a la Vida Eterna. Si así lo hacemos, mientras más se acerque la muerte física, más próximos estaremos a alcanzar la liberación total y por lo tanto más felices debemos sentirnos. En consecuencia, estas últimas líneas del texto escogido nos invitan a tener en cuenta por encima de todo este fin, más allá de cualquier catástrofe que pudiera precederlo. Si tenemos fe y por lo tanto vivimos como Dios manda, no tenemos nada que temer. Habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas; y en la tierra, angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y de las olas, muriéndose los hombres de terror y de ansiedad por las cosas que vendrán sobre el mundo; porque las fuerzas de los cielos serán sacudidas.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a vivir hoy como si fuera el último día de nuestra vidas, amando a nuestro prójimo, sirviéndolo en todo aquello que esté a nuestro alcance, comprometiéndonos allá donde somos requeridos y sin esclavizaros a nada que no sea la Voluntad de Dios y el amor…te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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