Lucas 21,1-4 – dio todo lo que tenía para vivir

noviembre 21, 2016

Dio todo lo que tenía para vivir

Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir

Texto del evangelio Lc 21,1-4

01. Después, levantado los ojos, Jesús vio a unos ricos que ponían sus ofrendas en el tesoro del Templo.
02. Vio también a una viuda de condición muy humilde, que ponía dos pequeñas monedas de cobre,
03. y dijo: «Les aseguro que esta pobre viuda ha dado más que a nadie.
04. Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir».

Reflexión: Lc 21,1-4

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Lucas 21,1-4 dio todo lo que tenía para vivir

¡Qué envidiable epitafio! Que se pudiera decir de nosotros al final de nuestros días: aquí yace un hombre o una mujer que dio todo lo que tenía para vivir. No podíamos haber pedido más. Cuanto tuvo lo compartió generosamente con quienes le rodeaban.

Y, sin embargo, no es así. Nos dedicamos a acumular cada vez más. Nunca estamos contentos con lo que tenemos, nunca nos parece suficiente. Alguien dirá que es bueno tener ambiciones en la vida y tal vez esté en lo cierto. Pero no debemos ser esclavos de ellas.

Nada debe atarnos tan fuertemente, retenernos tanto, atraernos tanto, como a gradar a Dios. Y a Él solo lo complacemos desprendiéndonos de todo y siendo generoso con nuestros hermanos. La senda del Bien es opuesta a la de la comodidad y la riqueza.

Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir

No mal interpretemos estas palabras. No quiere decir que las cosas, las propiedades, las riquezas e incluso el dinero sean malos. Lo malo es el apego a ellos, que los ubica en el centro de nuestras vidas, convirtiéndonos en idólatras.

Podemos jurar y perjurar que no es así, tratando de persuadirnos a nosotros mismos y a los demás, que no somos idólatras, sino creyentes, pero es el tiempo que nos toma multiplicar, acumular e invertir en nosotros o en favor de la multiplicación de esta riqueza, la que testifica por nosotros.

Todo lo decidimos en función de nuestros propios intereses. Las necesidades de los demás, incluso de los más cercanos, no tienen lugar en nuestras mentes, ni en nuestros corazones. No estamos dispuestos a soltar un céntimo sin esperar una retribución a cambio.

Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir

Por ello, cuando se nos presenta la oportunidad de incrementar nuestros ingresos, aun cuando sea faltando a la ley o haciéndonos de la vista gorda, no lo pensamos dos veces. O, en el peor de los casos, nos aseguramos que todo esté cuidadosamente “garantizado” o camuflado.

Todos los días se destapan operaciones fraudulentas de este tipo, que enriquecen indebidamente a ciertos personajes, que luego ponen cínicamente cara de palo, en desmedro de los más pobres. Porque cada vez que se roba, indirectamente se ultraja a los más pobres e indefensos. Ellos pagan.

Muchas de las grandes oportunidades, de los grandes negocios, no constituyen nada más que el resquicio que alguna circunstancia da para el mejor provecho de algunos en desmedro de otros. Así funciona nuestro sistema, inmoral por naturaleza.

Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir

Qué difícil resulta entonces acumular riqueza sin caer en este juego. Qué difícil es, por lo tanto, que un rico entre en el Reino de los Cielos. No porque ser rico sea malo, sino porque poniendo al centro de su vida su riqueza, no tendrá ojos para más.

El seguimiento de Cristo exige poner a Dios en el centro de nuestras vidas y con Él, al prójimo. Como nos lo recuerda el Señor, no se puede servir a ambos señores. O estás con uno o estás con el otro. No hay términos medios.

Hacer lo que hizo esta viuda pobre, es decir, dar todo lo que tenemos para vivir, es la máxima cristiana a la que debemos aproximarnos con todo nuestro ser. Solo entonces habremos emprendido el Camino que nos conduce a la Vida Eterna.

Porque todos los demás dieron como ofrenda algo de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que tenía para vivir

Oremos:

Padre Santo, no permitas que caigamos en idolatría alguna. Que solo rindamos honor y alabanza a Tu Santo Nombre. Que encontremos alegría en servir a nuestros hermanos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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