Lucas 21, 12-19 – serán odiados de todos por causa de mi nombre

noviembre 25, 2015

Texto del evangelio Lucas 21, 12-19 – serán odiados de todos por causa de mi nombre

12. «Pero, antes de todo esto, les echarán mano y los perseguirán, entregándolos a las sinagogas y cárceles y llevándolos ante reyes y gobernadores por mi nombre;
13. esto les sucederá para que den testimonio.
14. Propónganse, pues, en su corazón no preparar la defensa,
15. porque yo les daré una elocuencia y una sabiduría a la que no podrán resistir ni contradecir todos sus adversarios.
16. Serán entregados por padres, hermanos, parientes y amigos, y matarán a algunos de ustedes,
17. y serán odiados de todos por causa de mi nombre.
18. Pero no perecerá ni un cabello de su cabeza.
19. Con su perseverancia salvarán sus almas.

Reflexión: Lucas 21, 12-19

El panorama que se le presenta a todo cristiano, no es precisamente un lecho de rosas, tal como aquí nos lo dice muy claramente el Señor. Así que si nuestra vida transcurre en una monotonía que linda con el tedio y el aburrimiento, debemos ponernos en guardia, porque seguramente no estamos viviendo cristianamente. No sería nada extraño, ya que en general podemos constatar en nuestras sociedades mayoritariamente católicas, que no somos el motor del cambio, no al menos en la proporción y con el compromiso que debíamos serlo. Solo así se explica que hace algunas semanas se presentara en televisión nacional peruana, en un programa de alcance nacional, la representante de un colectivo de mujeres que se denomina “Mujeres católicas en favor del aborto”, es decir, un disparate tan grande como decir “Movimiento africano en favor dela esclavitud de los negros” o “Movimiento indigenistas pro reinstauración del Virreinato” o “Movimiento homosexual pro celibato”. Más allá de la gracia que nos pueda causar, revela la ignorancia total del cristianismo en mujeres que, a lo mejor con la más buena intención, quieren decir que creen en Jesucristo y no ven por qué ello tiene que estar renegado con el aborto, sin darse cuenta que la sola incompatibilidad delata su ignorancia de la procedencia, la vida, la misión y mentalidad de Cristo. Ignorar no es pecado y como se suele decir, la ignorancia es atrevida. Todo lo cual no hace menos disparatada su declaración, aunque para algunos y para ellas mismas pueda parecer una “opción”, palabra tan de moda utilizada para relativizar y aceptar cualquier posición, como si fuera cuestión de gustos u opiniones. Es claro que estas “católicas” no han leído jamás estos versículos…serán odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de su cabeza. Con su perseverancia salvarán sus almas.

Los cristianos estamos llamados, obligados a ser la sal del mundo, pero cuando la sal pierde su sabor no sirve sino para echarla a la basura. Y ser sal no quiere decir necesariamente, ni siempre, que seamos los más entretenidos y risueños de cada reunión, sino que sepamos poner los puntos sobre las íes, aun a costa del desprestigio y del odio que despertemos entre nuestros amigos, vecinos y aun familiares. Los cristianos no podemos ser contemplativos con la injusticia, con el atropello y la arbitrariedad. Nadie tiene por qué sufrir abuso o adaptarse a los malos tratos. Si nuestro comportamiento genera atropellos, maltrato e injusticia, nuestros hermanos están en derecho y obligación de hacérnoslo saber, del mismo modo que nosotros no debemos pasar por alto sus arbitrariedades, porque todos los cristianos estamos obligados a respetar la dignidad de las personas como si se tratara del mismo Cristo. No tenemos derecho a ser indiferentes con el dolor o el sufrimiento de nuestros hermanos, sean estos amigos, vecinos, padres, hijos o cónyuges. Tenemos la obligación de esforzarnos por ser justos, dando a cada quién lo que le corresponde. Esta es una obligación que nace de la fe. El cristiano cree en Dios que es Amor y la única forma de evidenciar esta fe, es amando. Por lo tanto, un cristiano que no ama, es cualquier cosa, menos cristiano. El cristiano ha de ser compasivo y misericordioso, como Cristo. Ese es nuestro modelo. Vivir como él siempre nos acarreará problemas en una sociedad egoísta y hedonista, donde se ha privilegiado el placer, el gozo y la comodidad personal por encima de todo…serán odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de su cabeza. Con su perseverancia salvarán sus almas.

Así, nadie tiene derecho a matar a un inocente, que todavía no ha nacido, por las culpas que hayan cometido sus padres biológicos, cualquiera que están hayan sido, del mismo modo que ningún hijo tienen el derecho de condenar a la soledad, al maltrato y a la muerte a sus padres tan solo por no ser ancianos y desvalidos. Como condenamos el aborto, condenamos la eutanasia, porque la vida es sagrada, es el Don más preciado que ha podido poner el Creador en nuestras manos y tenemos TODOS la obligación de hacer todo lo que está a nuestro alcance por preservarla, sobre todo cuando se trata de los demás. Lo que no quiere decir que despreciemos nuestra propia vida, sino que estemos dispuestos a sacrificarla, a incomodarla, si llegara el caso, por la de los demás. Y, entiéndase que sacrificar no es una palabra poética y gaseosa, se trata de incomodarse llevando a tu anciano padre a tu casa para cambiarle los pañales, para oír su respiración, para acompañarlo al baño, ayudarlo a orinar, bañarlo y darle de comer, aunque no sepa quién eres, en lugar de llevarlo a una perrera, perdón, digo a un asilo, si tienes como hacerte cargo de él. Aunque no te de las gracias, aunque te maltrate, aunque incomode a los demás. Eso es cristiano. Es incomodo, es sacrificado, pero es cristiano. Seguramente incomodará y molestará a otros miembros de la familia que quieren seguir viviendo en la ignorancia de lo que pasa con el abuelo o la abuela, pero ocultarles la realidad o pretender que no existe es enseñarles a escapar, inmunizarlos contra el dolor y el sufrimiento ajenos, además de constituir un crimen, si no hacemos todo lo que está a nuestro alcance por quien no tuvo ningún reparo en hacerlo cuando nosotros lo necesitamos. Ese viejo o esa vieja que ves ahí, dejó de comer por ti, se dejó humillar e incluso maltratar para que tu tuvieras qué comer y alcázares una buena educación. No escatimó ningún esfuerzo por ti, hasta te heredó en vida gran parte de lo que ahora ostentas y alardeas. Ser cristiano no es ser lloricón, blandengue, ni pusilánime, sino valiente para dar todo lo que esté a nuestro alcance hasta el extremo, como decía Madre Teresa, hasta que duela…serán odiados de todos por causa de mi nombre. Pero no perecerá ni un cabello de su cabeza. Con su perseverancia salvarán sus almas.

Oremos:

Padre Santo, danos un corazón sensible, solidario, generoso para con todo el mundo, pero especialmente para nuestros pequeños y ancianos indefensos; no permitas que los abandonemos, ni nos deshagamos de ellos jamás, por más incomodidad y molestias que nos causen. Ayúdanos a afrontar valientemente nuestras responsabilidades y enseñar a cumplirlas a los demás…te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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