Lucas 19,41-44 – se puso a llorar por ella

noviembre 17, 2016

Se puso a llorar por ella

Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz!

Texto del evangelio Lc 19,41-44

41. Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella,
42. diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz! Pero ahora está oculto a tus ojos.
43. Vendrán días desastrosos para ti, en que tus enemigos te cercarán con empalizadas, te sitiarán y te atacarán por todas partes.
44. Te arrasarán junto con tus hijos, que están dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, porque no has sabido reconocer el tiempo en que fuiste visitada por Dios».

Reflexión: Lc 19,41-44

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Lucas 19,41-44 se puso a llorar por ella

¡Qué importante darnos cuenta del día en que somos visitados por Dios! Jesús llora por nosotros. Si, tengámoslo en cuenta. El Señor nos ama tanto, que no quisiera vernos sufrir. No quisiera que tuviéramos que pasar por tanto dolor y sufrimiento.

¿Cuál es el motivo del dolor y del sufrimiento? Empezaremos a especular con diferentes causas. Elaboraremos una serie de posibles diagnósticos. Sin embargo si oímos al Señor no tendremos que buscar más. Él nos lo revela claramente a aquél que lo quiere escuchar.

Dios está con nosotros. Dios ha venido a nosotros para que viéndole y oyéndole enderecemos nuestras vidas y les demos el sentido que corresponde. Lamentablemente estamos ciegos y muchos queremos permanecer en esta ceguera, por más increíble que parezca.

Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz!

Por eso llora el Señor. Por nuestra soberbia. Por esta resistencia absurda, que nos impide abrir los ojos. ¡No queremos ver! No hay peor ciego que el que no quiere ver. Queremos seguir en nuestro error. Nada ni nadie nos hacen cambiar. Ni el mismo Jesucristo.

Nos aferramos tanto a nuestro modo de vida, a nuestras costumbres, a aquello que le hemos dado el primado, que no estamos dispuestos a desprendernos de esta obsesión colectiva. El Dinero, la riqueza, la comodidad, el “progreso”, el “desarrollo” pueden más.

No, no es malo. Nada de eso es malo. El error está en que por todo esto, por lo que además nunca se sacia nuestra sed, dejamos a Dios y al prójimo. Nos hacemos indiferentes a las necesidades y al sufrimiento de nuestros hermanos.

Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz!

¿Pero cómo, cuando, en qué momento nos hemos descuidado de Dios o de nuestro prójimo? No, no es que no hayas abierto la puerta cuando tocaron a tu casa o que hayas dejado de dar una limosna, no. El problema es que estás tan obsesionado con tu bienestar, tu comodidad y ambición que no tienes ojos para nada más.

Es por esta obsesión, que nos demanda dinero, que estudiamos y trabajamos como mulas, cayendo en el abismo de una vida consumista y metalizada, en la que todo se mide y decide por el beneficio monetario. Esta vida cuya máxima la retrata por entero: “el tiempo es oro y el que lo pierde es un bobo”.

No tenemos tiempo para nada, porque, si nos comparamos, siempre tendremos poco. Presos de tal dinámica, ¿quién puede tener tiempo para Dios o para el prójimo? Si algo damos, son migajas, porque no hemos entendido el verdadero sentido de la vida.

Es esta falta de sentido y esta ceguera en la que estamos inmersos la que mueve al llanto a nuestro Señor. Ese no es el Camino; por ahí no llegamos. Será preciso que el Señor dé Su vida para enseñarnos el Camino. El amor ha de llegar hasta ese extremo.

Cuando estuvo cerca y vio la ciudad, se puso a llorar por ella, diciendo: «¡Si tú también hubieras comprendido en ese día el mensaje de paz!

Oremos:

Padre Santo, permítenos romper con este círculo vicioso del consumismo, del mercantilismo, de la comodidad, de la riqueza y del egoísmo en el que estamos sumergidos. Danos tu luz para ver en nuestros hermanos Tu presencia en este mundo y para amarlos como Tú nos amas…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 19,41-44 se puso a llorar por ella

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