Lucas 19,1-10 – buscar y a salvar lo que estaba perdido

octubre 30, 2016

Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Texto del evangelio Lc 19,1-10 – buscar y a salvar lo que estaba perdido

01. Jesús entró en Jericó y atravesaba la cuidad.
02. Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era el jefe de los publicanos.
03. Él quería ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud, porque era de baja estatura.
04. Entonces se adelantó y subió a un sicomoro para poder verlo, porque iba a pasar por allí,
05. Al llegar a ese lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja pronto, porque hoy tengo que alojarme en tu casa».
06. Zaqueo bajó rápidamente y lo recibió con alegría.
07. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Se ha ido a alojar en casa de un pecador».
08. Pero Zaqueo dijo resueltamente al Señor: «Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres, y si he perjudicado a alguien, le daré cuatro veces más».
09. Y Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham,
10. porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido».

Reflexión: Lc 19,1-10

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Lucas 19,1-10 buscar y a salvar lo que estaba perdido

El Evangelio siempre será una Buena Noticia. Eso es lo que el Señor ha venido a traernos. Pero, particularmente hoy, debe alegrarnos a todos, porque el anuncio va dirigido especialmente a los que estábamos perdidos. El Señor nos dice que para eso ha venido.

Es alentador, esperanzador saber que para el Señor todos podemos salvarnos, TODOS. Incluso algunos de nosotros, que a veces pensamos que no tenemos remedio. ¡Animo! ¡El Señor ha venido a salvarnos a nosotros!

Cuando nadie cree en nosotros, cuando todo el mundo nos condena, el Señor solo tiene palabras de cariño y esperanza. Mientras todos se alejan y prefieren mantenerse a distancia, el viene expresamente a buscarnos para quedarse con nosotros. ¡Qué distinción!

Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Para el Señor, todos somos igualmente Hijos de Dios y Él le ha encomendado que ni uno solo se pierda. No importa cuál sea nuestra situación. Ninguno de nosotros está desahuciado por Dios. Todos tenemos la posibilidad de ser salvados.

¿Qué hemos de hacer? Reconocer que hemos pecado. Reconocer que vivimos en falta y enmendarnos. Eso es lo primero que hace Zaqueo. Todos sabemos en qué hemos fallado, que actos condenables hemos cometido. ¡No sigamos en lo mismo!

Saquemos provecho de esta oportunidad que nos da el Señor. Hagámonos el propósito de enmendar todo aquello en lo que hemos fallado y empecemos a cambiar en este momento. El Señor es la Salvación y ha venido por nosotros. ¿Qué más podemos pedir?

Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

El Señor ha venido exclusivamente con esta Misión. De allí que venga raudamente a nosotros, los perdidos. Es lamentable que muchos en la Iglesia, muchos de los que decimos ser cristianos, no hayamos entendido hasta ahora esta decisión preferencial del Señor.

Si somos cristianos, al igual que Jesús, nuestro trabajo debe estar preferencialmente orientado a llevar la salvación a los descarriados, a los olvidados, a los excluidos. No se trata, entonces, de sentarnos plácidamente a esperar nuestra salvación. Hemos de trabajar por la de nuestros hermanos, especialmente los perdidos.

Vamos acompañando al Señor en Su Misión, que muchas veces, como Zaqueo, nuestros hermanos tan solo están esperando esta oportunidad. No se la neguemos. Por el contrario, ayudémoslos a empinarse para ver a Jesús que viene decidido por ellos.

Hoy ha llegado la salvación a esta casa, ya que también este hombre es un hijo de Abraham, porque el Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos dejemos cegar por la soberbia. Que no nos sintamos distintos y merecedores de Tu Gracia. Que aprendamos a pedirla cada día y a compartirla con nuestros hermanos, especialmente los más alejados…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 19,1-10 buscar y a salvar lo que estaba perdido

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