Lucas 17,7-10 – Somos simples servidores

noviembre 8, 2016

Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: ” Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”».

Texto del evangelio Lc 17,7-10 – Somos simples servidores

07. Supongamos que uno de ustedes tiene un servidor para arar o cuidar el ganado. Cuando este regresa del campo, ¿acaso le dirá: “Ven pronto y siéntate a la mesa”?
08. ¿No le dirá más bien: “Prepárame la cena y recógete la túnica para servirme hasta que yo haya comido y bebido, y tú comerás y beberás después”?
09. ¿Deberá mostrarse agradecido con el servidor porque hizo lo que se le mandó?
10. Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: ” Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”».

Reflexión: Lc 17,7-10

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Lucas 17,7-10 Somos simples servidores

Como siempre -debemos estar advertidos-, hemos de reconocer que los criterios de Jesucristo son distintos a los nuestros. No convergen por ningún lado. Exactamente como sucede con Dios o el Dinero: son opciones incompatibles y excluyentes.

Por lo general nosotros obramos por algún tipo de recompensa, aun cuando solo sea el reconocimiento y la gratitud. Nos molesta y hasta nos deprime cuando nos esforzamos por ayudar o favorecer a alguien y este recibe todo como quien lo merece, luego incluso se va sin decirnos ni gracias.

Ese o esa, decimos, es una malagradecido o malagradecida. Los borramos de nuestra lista. Les cerramos nuestros corazones. No los volvemos a ver, ni a dirigir la palabra, evitándolos por todos los medios. No merecen nada de nosotros.

Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: ” Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”».

De este mismo modo espetamos que el Señor actúe con nosotros. Es decir, que nos compense, nos premie o nos devuelva tanto o más de lo que hemos dado. Esperamos una respuesta inmediata o cuanto antes y estamos convencidos que merecemos algo a cambio.

Pensamos –y no nos equivocamos-, que Dios es justo y que por lo tanto muy pronto nos responderá como merecemos, por nuestro buen comportamiento. En eso consiste la justicia para nosotros. En que se nos de la compensación que merecemos, así como nosotros estamos dispuestos a dar.

Pero, ¿Es verdad que nosotros siempre correspondemos a nuestros hermanos? Y aun si así fuera, qué hemos hecho nosotros para merecer todo lo que el Señor nos ha dado, empezando por la vida. ¿Hemos hecho algo para tener al Señor como nuestro Deudor?

Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: ” Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”».

¡No! Lo cierto es que no hemos hecho absolutamente nada para merecer todo lo que Dios ha puesto en nuestras manos. Dios nos ha dado todo lo que somos y tenemos porque así le ha parecido bien. Él nos ha creado para que seamos felices y vivamos eternamente.

Dios nos ha creado libres, inteligentes y dotados de voluntad, para que seamos capaces de optar por aquello que más nos conviene. Nos ha dado todas las facilidades para que obremos según Su Plan. Incluso, llegado el tiempo, envió al Señor Jesucristo para enseñarnos el Camino.

Jesucristo ha hecho todo lo necesario para que le creamos y por lo tanto tomemos como mandatos lo que nos dice y lo hagamos, siguiendo sus órdenes al pie de la letra. De ello depende nuestra felicidad y la de todos los que nos siguen.

Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: ” Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”».

Esto que hacemos, es lo que debemos. Es lo que tenemos que hacer para salvarnos. Por lo tanto no hay nada que agradecer o recompensar. No esperemos que el Señor nos de algo en retribución. Él no nos castiga, pero tampoco nos premia. Él ha hecho un mundo con leyes naturales que debemos aprender a reconocer y con las que debemos contar y obrar.

No debemos ir contra estas leyes, porque Dios mismo las ha creado. No podemos ir contra Dios. Sería un absurdo. Tampoco debemos prescindir de Él, de sus Planes y de Su Palabra. Oigámoslo y hagamos lo que nos dice. Si así lo hacemos, estaremos haciendo lo que debemos, seremos felices y viviremos eternamente.

No hay ni premio ni castigo. Si hacemos lo que debemos, alcanzaremos la plenitud. De otro modo, nos perderemos para siempre. Estas son las reglas. No se trata de ninguna compensación, de ningún reconocimiento. La opción de ser felices y vivir para siempre está allá desde antes que existiéramos, esperando nuestra decisión.

Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: ” Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”».

Dios nos amó primero. Fue Su Voluntad crearnos para que seamos felices y vivamos eternamente. En su Infinita Sabiduría nos creó libres, y nos dotó de las cualidades necesarias para que nosotros podamos decidir por nosotros mismos si queremos o no el fin para el cual fuimos creados. Así, nuestro destino está en nuestras manos.

Estas manos, lamentablemente, no son siempre las mejores. Por eso Dios Padre envió a Jesucristo a persuadirnos de hacer lo que debemos. Él nos dio ejemplo. Nos enseñó el Camino del Amor, hasta el extremo de morir por nosotros. Al tercer día resucitó y subió a los cielos.

Alcanzaremos las promesas de nuestro Señor Jesucristo si hacemos lo que nos manda. Por eso nos manda; para que no dudemos. Pero, para no dudar, es preciso conocerlo. Él sale al encuentro de quien lo busca sinceramente y nos da la Gracia de la Fe, para seguirlo confiadamente a donde nos mande, con la certeza que él mejor que nadie sabe lo que nos conviene.

Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande, digan: ” Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”».

Oremos:

Padre Santo, te damos gracias por habernos amado tanto e inmerecidamente y te pedimos que nos otorgues el Don de amar a nuestros hermanos “primereándolos”, tal como Tú has hecho con nosotros…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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