Lucas 17,20-25 – el Reino de Dios ya está entre ustedes

Noviembre 12, 2015

Texto del evangelio Lc 17,20-25 – el Reino de Dios ya está entre ustedes

20. Habiéndole preguntado los fariseos cuándo llegaría el Reino de Dios, les respondió: «El Reino de Dios viene sin dejarse sentir.
21. Y no dirán: “Véanlo aquí o allá”, porque el Reino de Dios ya está entre ustedes.»
22. Dijo a sus discípulos: «Días vendrán en que desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre, y no lo verán.
23. Y les dirán: “Véanlo aquí, véanlo allá.” No vayan, ni corran detrás.
24. Porque, como relámpago fulgurante que brilla de un extremo a otro del cielo, así será el Hijo del hombre en su Día.
25. Pero, antes, le es preciso padecer mucho y ser reprobado por esta generación.

Reflexión: Lc 17,20-25

Difícilmente encontraremos algo que nos inquiete e intrigue más que esta afirmación de Jesús: “el Reino de Dios ya está entre ustedes”. Cabría preguntarnos, si esto es así, ¿a qué esperamos? ¿O, cómo es que no lo vemos, que no lo percibimos? ¿Dónde está para creer en él? Qué podemos querer más los cristianos que ser parte del Reino, que participar de él, y si ya está aquí, que nos digan dónde para matricularnos o inscribirnos inmediatamente. He aquí una clara divergencia entre la percepción del mundo de Dios, desde Su perspectiva Divina y la nuestra. Nosotros no tenemos horizonte; nuestra mirada es chata, limitada; se circunscribe a lo que podemos ver con nuestros ojos y palpar con nuestras manos, o por último, oír, oler o gustar. Aunque hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, nuestros sentidos son muy limitados. Tal vez puedan darnos una idea remota de lo que percibe Dios. Pensemos por un momento cómo verá una rama de pasto una hormiguita, o el chorro de agua que sale de un grifo o la distancia que hay entre el techo de nuestra casa y la del vecino. ¿Qué pasará si le hacemos caer una gota de aceite encima? Podría morir o le costará muchísimo restablecerse. Pues esto nos puede acercar a la perspectiva con la que ve y enfoca las cosas Jesucristo. Primero, creamos en lo que nos dice, aunque no nos resulte tan sencillo comprenderlo. Si Él dice que el Reino de Dios ya está entre nosotros, así es. No lo pongamos en duda, aunque no lo comprendamos. En segundo lugar, esforcémonos por aproximarnos a Su comprensión. Solos no podremos; no está a nuestro alcance. ¡Pidamos su luz! Con Su ayuda nada será imposible. «El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: “Véanlo aquí o allá”, porque el Reino de Dios ya está entre ustedes.»

En la 2da carta de Pedro, capítulo 3, versículo 8 leemos: Pero, amados, no ignoren esto: que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día. Estas declaraciones nos permiten confirmar que el Señor ve el mundo desde otra perspectiva, no solamente de tiempo, sino de espacio. Podemos llamar acertadamente como “sobrenatural” su visión, tal como corresponde a Dios. Tenemos que aceptar que definitivamente hay cosas que no llegamos a comprender, porque no están en nuestra capacidad, dado que somos creaturas limitadas. Para comprender a Dios en su cabalidad, tendríamos que abarcarlo, ser iguales que Él, lo que constituye una Gracia que solo Él puede otorgarnos. Pero Jesús ha venido a revelarnos a Dios, es decir a hacer suficientemente comprensible para nosotros quién es Dios, qué espera de nosotros y cómo podemos alcanzarlo. Lo que nosotros tenemos que hacer es creerle. Si le creemos ya estaremos salvados, porque todo será cuestión de oírle y hacer lo que nos manda. Si esto es cierto, si lo creemos, hemos de admitir que el Reino ya está entre nosotros, porque empezar a percibirlo depende de oír, creer y hacer lo que nos manda. Por lo tanto, en la medida que creamos, estaremos entrando en el Reino, haciéndolo realidad. Es un concepto similar a cuando vemos un gusano, una oruga. El que sabe, podría referirse a este animalito como una mariposa y hasta imaginar los bellos colores que tendrá, porque será cuestión de tiempo para que se convierta en crisálida y finalmente en una hermosa mariposa que volará posándose de flor en flor. De este mismo modo, si esperamos el tiempo suficiente y empezamos a hacer lo que Dios nos manda, propiciando los cambios necesarios, en menos tiempo del que podemos imaginarnos el Reino florecerá, porque ya está entre nosotros. «El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: “Véanlo aquí o allá”, porque el Reino de Dios ya está entre ustedes.»

Todo lo que faltaba era que Jesús, nuestro Salvador, fuera reprobado por nuestra generación, lo que ya pasó, con gran sufrimiento y dolor. Jesucristo fue muerto en la Cruz por todos nosotros. Ese momento único en la historia de la humanidad, que revivimos en cada Misa, ya pasó, aunque vuelva a pasar cada vez que Celebramos la Eucaristía. Pero el Señor salió Glorioso de esta prueba. Jesús ha vencido a la muerte. Ha sido Resucitado por Dios. ¡Nos ha salvado! ¡Eso ya se produjo y es irreversible! Por eso su lenguaje es esperanzador. No nos dice, cuando llegue el Reino, sino que el Reino ya está entre nosotros. La diferencia es enorme y debía bastarnos para creer ciegamente en Él y hacer lo que nos manda, porque de ese modo hacemos que el Reino que ya está entre nosotros, se manifieste en forma definitiva. ¡Tenemos que creer! Pero no se trata de una cuestión de magia, sino de una sucesión de hechos sobre naturales, al alcance de nuestra capacidad intelectual, que deben llevarnos a creer en Dios, exactamente con la misma lógica que nos permite afirmar que dos más dos son cuatro. La Biblia contiene muchas manifestaciones de Dios narradas por profetas a lo largo de la historia, todas anunciando el momento crucial de la Salvación, por amor y Voluntad de Dios. Ese tiempo ha pasado. Caminamos a la Jerusalén Eterna. 1¡Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»! 2Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. (Salmo 121) «El Reino de Dios viene sin dejarse sentir. Y no dirán: “Véanlo aquí o allá”, porque el Reino de Dios ya está entre ustedes.»

Oremos:

Padre Santo, cómo no cantarte y orarte con el Salmo 121. ¡Solo podemos tener alegría! ¡Hemos recibido la mejor noticia imaginable y ya está por hacerse realidad plena! ¡Falta tan poco a nuestros ojos que no vale la pena ni mencionarlo! ¡El Reino de Dios ya está aquí! Gracias Padre Santo…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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