Lucas 17,20-25 – el Reino de Dios está entre ustedes

noviembre 10, 2016

«El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: «Está aquí» o «Está allí». Porque el Reino de Dios está entre ustedes ».

Texto del evangelio Lc 17,20-25 – el Reino de Dios está entre ustedes

20. Los fariseos le preguntaron cuándo llegará el Reino de Dios. El les respondió: «El Reino de Dios no viene ostensiblemente,
21. y no se podrá decir: «Está aquí» o «Está allí». Porque el Reino de Dios está entre ustedes ».
22. Jesús dijo después a sus discípulos: «Vendrá el tiempo en que ustedes desearán ver uno solo de los días del Hijo del hombre y no lo verán.
23. Les dirán: «Está aquí» o «Está allí», pero no corran a buscarlo.
24. Como el relámpago brilla de un extremo al otro del cielo, así será el Hijo del hombre cuando llegue su Día.
25. Pero antes tendrá que sufrir mucho y será rechazado por esta generación.

Reflexión: Lc 17,20-25

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Lucas 17,20-25 el Reino de Dios está entre ustedes

¿Qué podemos concluir de estas palabras del Señor? Nos permitimos compartir, que el Reino es una potencia. Es un germen. Es una semilla. Estando entre nosotros, es una realidad en construcción, que por lo tanto va haciéndose paulatinamente evidente.

Es nuestro proceder el que va convirtiendo en realidad el Reino. Es tan obvio como el nuevo ser humano que surge de la unión del óvulo con el espermatozoide. Es una nueva vida en formación, que paulatinamente irá revelando y definiendo los rasgos únicos de este nuevo ser.

Estas palabras son al mismo tiempo una profecía y una promesa. Una profecía porque nos permiten anticipar cuál será el resultado si se le deja madurar el tiempo necesario. Y una promesa, porque viniendo de labios del Señor, no podemos tener mejor garantía que ocurrirá.

«El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: «Está aquí» o «Está allí». Porque el Reino de Dios está entre ustedes ».

De este modo, la noticia que nos da el Señor sobre el Reino nos debe llenar de alegría y esperanza. ¿Por qué? Porque el Reino es una realidad que será, que está haciéndose desde ahora y que inexorablemente se concretará de modo definitivo.

Pero al mismo tiempo es una responsabilidad, porque nos obliga a comprometernos. Esto es porque nos deja abierta la posibilidad de colaborar y contribuir con él, sin saber cuan determinante podría ser nuestra intervención en la cristalización de esta realidad.

Por otro lado, si es una realidad en devenir, en desarrollo, no podemos anticipar cuánto contribuye nuestra participación en su construcción. Pero podemos estar seguros que si nos aplicamos correctamente estaremos mejorando las condiciones y acercando este mundo y a nuestros hermanos al Reino de Dios.

«El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: «Está aquí» o «Está allí». Porque el Reino de Dios está entre ustedes ».

Todos podemos y debemos contribuir. Es una construcción COMUNITARIA. La amalgama, el impulso y el programa, es el amor. El Reino de Dios se va revelando a nuestros ojos, a nuestra mente y a nuestro corazón por el amor.

En buena medida, por Gracia de Dios, es decir, porque Él así lo ha dispuesto, la instauración definitiva del Reino de Dios está en nuestras manos. Es cuestión de tiempo y por supuesto en él también intervienen otros actores no menos determinantes: la Voluntad de Dios y el Espíritu Santo, entre los más destacables.

Pero el Reino también tiene enemigos. En primer lugar la codicia, la soberbia, el orgullo, el egoísmo. Todas aquellas mociones del espíritu que son agitadas y promovidas por el Demonio, que podemos personalizarlo en el Dinero y todo lo que genera en su entorno.

«El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: «Está aquí» o «Está allí». Porque el Reino de Dios está entre ustedes ».

Por eso antes el Señor nos ha dicho que hemos de escoger entre Dios o el Dinero. Porque no se puede servir a ambos. O estamos con uno o estamos con otro. Lo que desde la perspectiva del Reino podemos entenderlo como el que no construye y edifica, destruye.

Es en esta misma perspectiva que también podemos entender el llamado de nuestro Señor Jesucristo a ser perfectos como nuestro Padre del Cielo. Y es que en la medida que nos esforcemos por hacer el Bien, estaremos encaminando a nuestros hermanos y a nosotros mismos a alcanzar el Reino de Dios.

El Reino de Dios ha de ser nuestro norte y por lo tanto, la razón de todos nuestros actos y esfuerzos. Que ha de llegar en plenitud, no hay duda. Que llegue cuanto antes, para evitar más sufrimientos ha de ser nuestro empeño. En él vamos por el mismo Camino que Jesús.

Hemos de reunirnos y ordenarnos con esta intención, para hacer cada quien lo que le corresponde, todos unidos por el amor, con un mismo fin. Del mismo modo con que se une cada una de las células de nuestros organismos con el propósito de darnos vida. Cada quien cumpliendo su misión, que no es otra que la Voluntad del Padre, el fin para el cual fuimos creados.

«El Reino de Dios no viene ostensiblemente, y no se podrá decir: «Está aquí» o «Está allí». Porque el Reino de Dios está entre ustedes ».

Oremos:

Padre Santo, danos discernimiento, para descubrir Tú Voluntad en nuestra vidas y decisión, perseverancia y coraje para seguirla, contribuyendo de este modo a la construcción del Reino de los Cielos.…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 17,20-25 el Reino de Dios está entre ustedes

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