Lucas 17,1-6 – Si ustedes tuvieran fe

Noviembre 7, 2016

El respondió: Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, ella les obedecería.

Texto del evangelio Lc 17,1-6 – Si ustedes tuvieran fe

01. Después dijo a sus discípulos: «Es inevitable que haya escándalos, pero ¡ay de aquel que los ocasiona!
02. Más le valdría que le ataran al cuello una piedra de moler y lo precipitaran al mar, antes que escandalizar a uno de estos pequeños.
03. Por lo tanto, ¡tengan cuidado! Si tu hermano peca, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo.
04. Y si peca siete veces al día contra ti, y otras tantas vuelve a ti, diciendo: «Me arrepiento», perdónalo».
05. Los Apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe».
06. El respondió: Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, ella les obedecería.

Reflexión: Lc 17,1-6

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Lucas 17,1-6 Si ustedes tuvieran fe

Si tan solo tuviéramos una pizquita de fe, este mundo sería distinto. ¿Qué duda cabe que nuestra oración constante debe ser pidiendo a Dios la Gracia de concedernos incrementar día a día nuestra fe? Este debe ser el primer ejercicio constante.

Es la fe la que debe movernos a actuar. Ha de ser la fe el “detonante”, el percutor de nuestra acción. ¿Y cuál será nuestra acción? No mover árboles, ni montañas, sino amar. Porque a veces pensamos que las cosas no nos salen por falta de fe, pero lo que pretendemos no es bueno, ni amoroso, ni bien intencionado.

Son tres pilares entonces sobre los que debe reposar nuestra vida cristiana. Primero la oración, para que la Gracia de Dios, mediante el Espíritu Santo, nos guie y oriente, otorgándonos la fe necesaria para afrontar todas las acciones del día.

El respondió: Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, ella les obedecería.

 

Segundo, tan importante como lo primero, ponernos manos a la obra, inspirados por el Espíritu Santo, empeñándonos en amar y servir a Dios y al prójimo, teniendo en cuenta que solo quien es capaz de dar la vida por sus hermanos la ganará para siempre.

Esto quiere decir que no se trata de cualquier acción, sino de aquella que más nos conduzca a amar y servir a Dios. Hemos de escoger siempre el Bien Mayor. No buscar nuestro beneficio egoísta, sino el de cuantos nos rodean, empezando por quienes tenemos mayor obligación.

Es desarrollando tales actos, dando muestras de desprendimiento, en los que muchas veces encontraremos obstáculos y dificultades al parecer insalvables. Es entonces que ha de intervenir de modo indispensable el tercer pilar: la fe, ayudándonos a perseverar con esperanza hasta el fin, a pesar de todo.

El respondió: Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, ella les obedecería.

En ningún momento el Señor nos garantiza que por actuar siempre con amor, conforme a su ejemplo, no encontraremos dificultades. Pero debemos ser nosotros los primeros en cuidarnos de los escándalos, que inevitablemente surgirán, aun cuando no seamos nosotros los causantes.

Por otro lado, nuestra actitud con nuestros hermanos, aquellos que fallan y se equivocan, debe ser comprensiva, perdonando al que yerra, se arrepiente y pide perdón. No debemos ser rencorosos, ni castigar para siempre a nadie, dando a todos la posibilidad de redimirse, como Jesús mismo nos la da a nosotros.

En el perdón, como en el amor, no debemos poner límites. Para eso es preciso tener fe. Tal como nos lo enseñan sus discípulos es preciso pedirla y ejercitarla, sin temor a perder la seguridad, la comodidad, la paz e incluso la vida. No hay amor más grande que el de aquel que da la vida por sus hermanos. Este ha de ser nuestro ejemplo.

El respondió: Si ustedes tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, ella les obedecería.

Oremos:

Padre Santo, permítenos entender que la fe no es el resultado de un ejercicio intelectual, sino de la convicción amorosa que brota del corazón de quien se deja amar por Tí…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 17,1-6 Si ustedes tuvieran fe

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