Lucas 16,19-31 – tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite

Febrero 25, 2016

Texto del evangelio Lc 16,19-31 – tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite

19. «Era un hombre rico que vestía de púrpura y lino, y celebraba todos los días espléndidas fiestas.
20. Y uno pobre, llamado Lázaro, que, echado junto a su portal, cubierto de llagas,
21. deseaba hartarse de lo que caía de la mesa del rico… pero hasta los perros venían y le lamían las llagas.
22. Sucedió, pues, que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham. Murió también el rico y fue sepultado.
23. «Estando en el Hades entre tormentos, levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno.
24. Y, gritando, dijo: “Padre Abraham, ten compasión de mí y envía a Lázaro a que moje en agua la punta de su dedo y refresque mi lengua, porque estoy atormentado en esta llama.”
25. Pero Abraham le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes durante tu vida y Lázaro, al contrario, sus males; ahora, pues, él es aquí consolado y tú atormentado.
26. Y además, entre nosotros y ustedes se interpone un gran abismo, de modo que los que quieran pasar de aquí a ustedes, no puedan; ni de ahí puedan pasar donde nosotros.”
27. «Replicó: “Con todo, te ruego, padre, que le envíes a la casa de mi padre,
28. porque tengo cinco hermanos, para que les dé testimonio, y no vengan también ellos a este lugar de tormento.”
29. Díjole Abraham: “Tienen a Moisés y a los profetas; que les oigan.”
30. El dijo: “No, padre Abraham; sino que si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán.”
31. Le contestó: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.”»

Reflexión: Lc 16,19-31

Estamos muy tristes y apenados. Tenemos un gran amigo, como no tendremos otro igual. Siempre acudió en nuestro auxilio y estuvo en primera fila cuando hubo que sacar el pecho por nosotros. No tuvo el menor reparo en sufrir ataques e insultos que iban dirigidos a nosotros. Podemos recordar que incluso una vez tuvo el coraje de auto inculparse cuando venía por nosotros, por una serie de motivos no muy claros, pero que determinarían la expulsión de nuestra comunidad, con la amenaza incluso de una pena más drástica. Cómo olvidar que a pesar de eso jamás salió una palabra de reproche de sus labios y por el contrario, siempre tuvo palabras de aliento para nosotros, llevándonos a tener en cuenta que finalmente todo esto pasaría y que en un futuro no muy lejano reiríamos juntos recordando lo ocurrido como una anécdota. Siempre nos animaba a resistir, confiando en que el temporal finalmente pasaría y nosotros teníamos que ir más allá, todo cuanto nos dieran nuestras fuerzas y nuestra capacidad. ¿Cuántas veces no sabemos ni de dónde, compartió con nosotros una sabrosa cena y alguna que otra vez el chocolate caliente que tanto nos gustaba en las tardes de invierno? Nos acompañó a lugares que nadie hubiera tenido el coraje para hacerlo y solidario como él solo, nos esperó pacientemente hasta que hubiéramos vuelto, sin preguntarnos ni reprocharnos nada. Nos entendía tan bien. Una sola mirada bastaba para que supiera que éramos felices o que estábamos tristes; entonces, hacía cualquier cosa por consolarnos, incluso dejarnos dormir entre sus brazos, sin reclamar nunca por alguna pose incómoda o por falta de abrigo y mucho menos por algún plan que tenía y que hubiéramos estropeado. Él siempre estuvo allí para nosotros, cuando más lo necesitábamos. Por eso hoy, que fuimos a visitarlo, nos dolió tanto encontrarlo solitario, olvidado, sin nadie con quien conversar y sin nadie que lo recuerde. ¿Qué pasó con todos sus amigos? Porque nosotros no éramos los únicos. ¿Cuántas veces nos pusimos celosos por la forma en que trataba a otros, como si ellos sí fueran sus verdaderos amigos? Sin embargo, no pasaba un segundo sin volver a mirarnos y abrazarnos, como si fuéramos únicos e insustituibles. ¡Qué complicidad, qué ternura! …si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán. Le contestó: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.

¿Cómo puede alguien olvidar a tal amigo? Sin embargo así lo encontramos hoy, solo y abandonado. Nos hizo notar que por alguna razón que cuesta comprender, a pesar que él fue siempre haciendo el bien, como nos consta, porque así fue siempre con nosotros y cuantos conocemos, parecía que el mundo entero se había propuesto borrarlo de sus listas de contactos. Aunque nunca necesitaron ni whatsapp, ni correo y ni si quiera teléfono para llamarlo, porque él siempre estaba ahí atento a todas las necesidades, alegrías y padecimientos de sus amigos, parece que todos ellos habían decido excluirlo de sus vidas. Muy pocos eran los que –como nosotros-, pasaban a saludarlo. ¿Se había vuelto muy viejo, muy anticuado? ¿Había pasado de moda? El seguía esperando, tan sencillo, tan humilde y cariñoso como siempre. Nunca le gusto hacerse notar. Y si hablábamos de algo, era de nosotros, nunca de él. No había tiempo. Para cuando terminábamos de hablar ya teníamos que irnos y siempre nos despedía con ese rostro amigable, sonrisa dulce y mirada cálida. Siempre tenía palabras de halago, de paz, de optimismo. Nunca dejó de animarnos y renovarnos. ¡Cómo no volverlo a visitar una y otra vez! Pero hoy, lo notamos solo y aunque no nos lanzó ni el menor reproche, no pudimos dejar de sentirnos interpelados. ¿Por qué tanta soledad? ¿Por qué tanta ingratitud? Los amplios y vacíos salones de su casa eran mudos testigos de la cantidad de amigos que había recibido alguna vez en el pasado. ¿Por qué ya nadie lo quiere y empiezan incluso a borrar su nombre de todos aquellos lugares en donde antes gustaban presumir de su amistad? ¿Por qué nadie quiere oírlo mencionar? ¿Por qué sus antiguos amigos ahora toman precauciones para que ni si quiera lo mencionen a sus hijos? ¿Qué daño ha causado? ¿Cuál ha sido su culpa? ¿Qué podemos hacer los pocos amigos que aún le quedan? ¿No será para tanto? ¿Estaremos teniendo una mirada exagerada de algo sin importancia? ¿Podrá seguir nuestro amigo sin nosotros? ¿Podremos seguir nosotros sin él? …si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán. Le contestó: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.

¿Nos iremos en silencio? ¿No hablaremos con nadie de esta tristeza que sentimos y nos carcome por dentro? ¿Por qué se nos ocurre que este desdén es injusto? A nadie parece importarle. Todos se van acostumbrando a vivir sin él. ¿Será que de golpe todos hemos alcanzado la madurez y el equilibrio y ya no lo necesitamos? ¿Era él solamente un consuelo? ¿Se puede tratar así a un amigo? ¿Es que los amigos son descartables? ¿Será que solo somos amigos de aquellos que necesitamos? ¿Será que cuando ya no los necesitamos los descartamos? ¿Es que se puede prescindir y descartar a cuanta persona ya no nos es útil? ¿Es esto correcto? ¿A dónde estamos llegando? ¿Hasta dónde seguiremos por esta senda? ¿Ni la amistad ni el amor habrán de existir más allá del tiempo en que son útiles? ¿Es que la amistad y el amor se miden en función de la utilidad? ¿No hay nada que se mantenga y prevalezca por encima de la utilidad? ¿Es la utilidad el primer peldaño en la escala valorativa? ¿Tendremos que acostumbrarnos a descartar todo lo inútil, empezando por el tiempo aquel que dedicábamos a oír las olas del mar? ¿Qué cambia este mundo que nos hayamos olvidado de nuestro amigo aquel? ¿Qué más da que ya no lo recordemos? ¿Qué más da que alguien haya resucitado? ¿Qué conceptos primitivos y arcaicos son estos? ¿Resucitar, creer, amar? ¿Utilizar, descartar y olvidar no son los nuevos paradigmas? ¿Hay lugar en ellos para la amistad, el sacrificio o la solidaridad? ¿Está bien que cada quien se ocupe de lo suyo, que más allá no hay nada que importe? ¿Habremos llegado a ese extremo?…si alguno de entre los muertos va donde ellos, se convertirán. Le contestó: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.

Oremos:

Padre Santo, qué desconcertante situación estamos viviendo. Te necesitamos a gritos para expulsar de nuestras vidas al demonio de la indiferencia y la falta de amor…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

(9) vistas

Deja un comentario