Lucas 16,19-31 – aunque un muerto resucite

Marzo 16, 2017

Aunque un muerto resucite

“Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.”

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Lucas 16,19-31 aunque un muerto resucite

Lucas – Capítulo 16

Reflexión: Lucas 16,19-31

El Señor, de otro modo, nuevamente nos invita a reflexionar en aquello que debe ser prioritario. Es preciso poner orden en nuestras vidas y poner cada cosa en su lugar. Diríamos que estamos frente a una emergencia y sin embargo actuamos como si la cosa no fuera con nosotros.

Tal vez parezca pesimista y seguramente habrían otros modos de expresar la reflexión a la que nos llama hoy el Señor, sin embargo esta es la que viene a nuestra mente. El Perú hoy se encuentra en emergencia. Varias Regiones están siendo duramente golpeadas por los embates de la naturaleza. Lluvias torrenciales han caído por todos lados, produciendo verdaderas catástrofes en algunos centros poblados e interrumpiendo las comunicaciones.

Luego de algunas semanas en que todas eran noticias relativamente lejanas, pues se trataba de embalses, huaycos, riadas e inundaciones que ocurrían lejos de la capital, finalmente la desgracia tocó las puertas a la ciudad de Lima, donde radica el poder político, social y económico del país y entonces sí, se empieza a reconocer que se trata de una catástrofe nacional y todo el mundo se empieza a movilizar.

Las redes sociales dan cuenta de alarmas de todo tipo, muchas sin el verdadero sustento, destinadas a hacer perder la calma a la población, porque finalmente quienes estaban como el hombre rico aquel, indiferentes y observando desde su butaca como Lázaro se retorcía de hambre, dolor, desesperación y sufrimiento, empiezan a sentir literalmente que el agua les va llegando al cuello. Cuando Lázaro está prácticamente ahogado y empiezan a sentirse amenazados, recién reaccionan.

“Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.”

Hemos visto por Facebook y whatsapp cómo mientras empiezan los cortes de agua y luz, mientras paradójicamente, el pueblo, a pesar de las torrenciales lluvias, no tiene agua para beber, los supermercados son prácticamente asaltados en Lima por desesperados compradores que se llevan bidones y bidones de agua embotellada y alimentos, anticipando la escasez que ahora parece empezar a tocar sus puertas.

¿Por qué esperamos a último momento? ¿Por qué queremos empezar a actuar cuando ya no hay nada que hacer? Este es el comportamiento lamentablemente muy común entre nosotros, sobre el cual hoy el Señor quiere llamarnos a la reflexión. ¡No esperemos hasta que sea demasiado tarde! ¡Pongamos las cosas en orden! Actuemos según un orden de prioridades en el que primero ha de estar Dios y con Él, el amor al prójimo, que no es otra cosa que poner en primer lugar nuestra salvación, aquella por la que el Señor ha dado Su Vida.

¡No andemos embrollando o procrastinando, como si lo que ocurriera en el mundo, entre nuestros vecinos, familiares y amigos no nos concerniera! ¡No podemos seguir dejando pasar todo con indiferencia, simplemente porque no estamos siendo afectados directamente! Todos tenemos alguna responsabilidad y todos podemos hacer algo por aliviar los padecimientos de nuestros hermanos, especialmente los que más tenemos, o los que hemos sido menos afectados.

Seamos solidarios. Esta es una forma de manifestar amor a Dios y al prójimo. ¡Curémonos de la indiferencia, antes que sea demasiado tarde! Veamos como este rico, al darse cuenta de su verdadera desgracia, trata de enmendarse o cuando menos advertir a sus hermanos para que no corran la misma suerte, pero ya es demasiado tarde.

Todo tiene su tiempo. Ahora es el tiempo de amar, el tiempo de dar, el tiempo de perdonar, de ser misericordioso, de ser solidario. Pensemos que estamos en un barco que se está hundiendo y aunque todavía no ha llegado el agua a los lujosos camarotes que ocupamos, si no vamos a dar una mano a quienes ya se están ahogando, para juntos salvar la nave, todos moriremos. ¡No hay tiempo que perder!

La vida es un suspiro. Pasa tan rápido que cuando queramos reaccionar, ya habrá concluido. Pongámonos inmediatamente en acción. Sabemos lo que hay que hacer. Dios ha de estar primero y antes que nada; luego el prójimo. Estas son nuestras prioridades. Esto es lo que de verdad importa. Lo demás, es lo de menos. Es accesorio. ¿Es que acaso creemos que este hombre rico no sabía lo que pasaba con Lázaro? ¿No pensaba, seguramente, como muchos de nosotros, “creo que tendría que hacer algo, pero hoy tengo flojera, estoy calientito aquí en mi casa, veremos mañana”? Y ese mañana lamentablemente nunca llega, hasta que es demasiado tarde.

¡Cambiemos ahora, en este momento! Si en verdad queremos hacerlo, empecemos orando. Recordemos que nada podemos hacer sin Él. Él Señor nos guiará y nos dará la sabiduría, el coraje y la oportunidad para hacerlo. Demos el primer paso. Apartemos de nuestra mente y corazón todo y pidamos que nos ayude a discernir Su Voluntad para nuestras vidas y que nos de la valentía para ejecutarla. ¡Este es el mejor momento para comenzar! ¡Este es el mejor comienzo! No esperemos ni un segundo…

Padre Santo, ayúdanos a ver más allá de nuestra situación personal, más allá de nuestra comodidad y nuestros anhelos. Que por un momento empecemos a ver y pensar en quienes tenemos a nuestro alrededor, en los más cercanos y busquemos comprenderlos, no a partir de nuestros “sabios o amplios” juicios y criterios, sino de los suyos. Que nos esforcemos por comprenderlos y darles lo que necesitan…Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor, que contigo vive y Reina, por los siglos de los siglos, amén.

“Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán, aunque un muerto resucite.”

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