Lucas 16,1-8 – los hijos de este mundo son más astutos

noviembre 6, 2015

Texto del evangelio Lc 16,1-8 – los hijos de este mundo son más astutos

1. Decía también a sus discípulos: «Era un hombre rico que tenía un administrador a quien acusaron ante él de malbaratar su hacienda;
2. le llamó y le dijo: “¿Qué oigo decir de ti? Dame cuenta de tu administración, porque ya no podrás seguir administrando.”
3. Se dijo a sí mismo el administrador: “¿Qué haré, pues mi señor me quita la administración? Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza.
4. Ya sé lo que voy a hacer, para que cuando sea removido de la administración me reciban en sus casas.”
5. «Y convocando uno por uno a los deudores de su señor, dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi señor?”
6. Respondió: “Cien medidas de aceite.” Él le dijo: “Toma tu recibo, siéntate en seguida y escribe cincuenta.”
7. Después dijo a otro: “Tú, ¿cuánto debes?” Contestó: “Cien cargas de trigo.” Dícele: “Toma tu recibo y escribe ochenta.”
8. «El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz.

Reflexión: Lc 16,1-8

¿Será la astucia una cualidad evangélica? Jesucristo nos dice que los hijos de este mundo son más astutos que los hijos de la luz, pero es la astucia una virtud evangélica. ¿Constituye una distinción positiva ser más astuto o es más bien todo lo contrario? ¿Nos está diciendo que debemos ser astutos como este administrador injusto? Si lo alaba ¿qué podemos entender? ¿Qué es digno de imitar? Cuando menos así parece. Pero no puede ser, porque el astuto es el campeón de la treta, del engaño, de la agilidad mental, del que aplica su aguda inteligencia para obtener el mayor provecho posible de una situación adversa. Veamos lo que nos dice el diccionario. Astucia: Habilidad para comprender las cosas y obtener provecho o beneficio mediante engaño o evitándolo. Acción hábil con que se pretende engañar a alguien o conseguir algo. Astuto: Agudo, hábil para engañar o evitar el engaño o para lograr artificiosamente cualquier fin. Basta para reconocer que no se trata de una habilidad evangélica, cristiana. El Señor la alaba porque al menos constituye una estrategia, un intento de quedar bien con todos, asegurándose reconocimiento y buen trato con los deudores, a los que en realidad está corrompiendo y usándolos para engañar a su amo, lo que todos aceptan porque les conviene. ¡Qué fáciles de corromper somos a veces! El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz.

Por lo tanto, hemos de esforzarnos por entender en su debida dimensión esta alabanza, que nunca querrá decir que este es un comportamiento modelo, que todos debemos seguir, como generalmente interpretamos, por tomar las palabras al vuelo, sin reflexionar. Al Señor nunca lo encontraremos en falta, y si alguna vez algo nos parece que está mal o que cuando menos es contradictorio, con seguridad ha de ser que no hemos captado lo que nos está diciendo. Este es una de esos casos. ¿Cómo podemos aplicar a nuestras vidas la lección que nos da el Señor en este pasaje? Hemos recibido un patrimonio en administración; no es nuestro, por lo tanto debemos velar por mantenerlo integro, si no somos capaces de hacer que produzca una renta, porque lo menos que espera nuestro Señor, será que le devolvamos lo que nos confió. Si en estas circunstancias caemos en la cuenta que hemos sido unos descuidados, que no hemos sabido llevar cuentas y que incluso hemos malversado parte del capital confiado, será preferible que aun cuando sea a última hora nos esforcemos por recuperar todo lo perdido; al menos, lo más posible, así, tendremos algo que devolver y tal vez el Señor tenga alguna consideración por nuestro cambio de actitud, porque es claro que por más que nos esforcemos, jamás podremos engañarlo. El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz.

Finalmente, aunque en la historia el administrador injusto –así calificado por el mismo Señor-, busca crearse un ambiente favorable para el momento en que sea echado por el hombre rico, en realidad nosotros no tendremos otra oportunidad. Cuando llegue la muerte tendremos que responder por lo recibido y si no hicimos lo que correspondía con lo que se nos confió, no tendremos un infierno más suave o de primera clase, sino que todos hemos de morir para toda la eternidad, sin gradaciones, ni situaciones intermedias o menos radicales. Solo tenemos esta vida para canjearla por la Vida Eterna. La entregamos integra y recibimos a cambio el tesoro prometido o simplemente lo perdemos y morimos para siempre. Tal situación nos debe llevar a recapacitar para tratar desde este momento de recuperar todo lo que entregamos alegremente, sin ninguna responsabilidad, como si nunca se fuera a acabar o como si no tuviéramos la obligación de devolver. Esto que se puede aplicar muy bien al dinero, tiene mejor aplicación en los dones y gracias recibidas. Al Señor no le interesa el Dinero, sino que amemos a Dios por sobre todas las cosas y a nuestros hermanos como a nosotros mismos. Empecemos hoy a vivir así y tal vez el Señor que es Infinitamente Misericordioso nos dé la oportunidad adicional que necesitamos y valore nuestras intenciones finales y el esfuerzo que pongamos de aquí en adelante para llevarle un alma y mil más…Para Dios no hay nada imposible. ¡Esa es nuestra carta! El señor alabó al administrador injusto porque había obrado astutamente, pues los hijos de este mundo son más astutos con los de su generación que los hijos de la luz.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a cambiar a partir de este momento. Que de aquí en adelante nos esforcemos por recuperar todo el tiempo perdido y nos empleemos a fondo por Tí y nuestros hermanos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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