Lucas 15,3-7 – habrá más alegría en el cielo

Junio 3, 2016

Texto del evangelio Lc 15,3-7 – habrá más alegría en el cielo

03. Jesús les dijo entonces esta parábola:
04. «Si alguien tiene cien ovejas y pierde una, ¿no deja acaso las noventa y nueve en el campo y va a buscar la que se había perdido, hasta encontrarla?
05. Y cuando la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría,
06. y al llegar a su casa llama a sus amigos y vecinos, y les dice: “Alégrense conmigo, porque encontré la oveja que se me había perdido”.
07. Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse».

Reflexión: Lc 15,3-7

¡Qué distinta es la actitud del Señor a la nuestra! En general estamos cuidando nuestros propios pellejos y estamos tan ocupados en ello que no tenemos tiempo para levantar la vista y ver lo que sucede con nuestros hermanos. El mundo nos ha hecho consentir que primero tenemos que velar por nosotros mismos. Incluso hemos oído decir que quien no se ama a sí mismo, en primer lugar, está inhabilitado para amar a los demás. Y muchos de nosotros asentimos ante esta afirmación, como si fuera lógica y justa, aun reconociéndonos cristianos. Claro, es que las afirmaciones o creencias cristianas no sirven para la vida corriente. Vivimos como divididos, entre lo que creemos y la realidad, y así, finalmente termina imponiéndose la realidad y nos olvidamos de nuestra fe, que al final se convierte en algo amorfo e incomprensible, que guardamos para algunos pocos momentos privados, que no compartimos con nadie y que se desarrollan según nuestro buen criterio y entender, que normalmente es pobrísimo, como ha sido pobre el tiempo que hemos dedicado a la formación y consolidación de nuestros principios cristianos. Nos decimos cristianos, pero al final lo somos tanto como un pobre ancianito abandonado en un asilo puede ser hincha de un equipo de fútbol. ¿De qué le sirve, si nunca sabe cuándo juega, si nadie le informa, si no conoce a sus jugadores, no sabe cómo va en la tabla, ni cuáles son sus próximos compromisos y mucho menos va al estadio? Diríamos que fue fanático de este equipo y que es parte de su biografía, pero en realidad ello no significa nada. Así vivimos muchos nuestra fe, que tiene varios datos biográficos interesantes como la fecha de nuestro bautizo, primera comunión, confirmación y tal vez la de nuestro matrimonio. A diferencia de cualquier otra adscripción en nuestras vidas aquellas tuvieron la especial intervención del Espíritu Santo, el que está buscando hacernos conscientes de su Infinito poder, pero depende de que nosotros lo invoquemos. Hoy es el mejor momento para reflexionar qué significa Dios en nuestra vidas; qué tan relevante es; qué tan determinante en lo que somos y hacemos. Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse»

En general no acertamos en nuestros diagnósticos, porque no nos enfocamos en las causas y no lo hacemos, porque hemos olvidado lo más importante: las razones para vivir, las razones para comportarnos de un modo. Hemos olvidado los principios que nos inculcaron nuestros padres cuando éramos pequeños; hemos olvidado a Dios. Vivimos de espaldas a Él. Incluso nos da vergüenza confesarlo y poco a poco hemos permitido que crezca una corriente mundana que lo rechaza y cuenta con nuestra anuencia y silencio cómplice. Cuesta admitirlo, pero gran parte de los problemas que vive nuestra sociedad tiene allí su origen y nosotros que debíamos tener las herramientas para hacerle frente, nos hemos apagado, nos hemos ocultado, hemos reducido nuestra presencia, para dejar el dominio a otras oscuras, enredadas y malévolas que buscan imponerse por la fuerza, a sangre y fuego. Precisamente esta mañana leía en twitter la mala noticia que un profesor había abusado de 11 niñas en un colegio en un distrito alejado de una de las provincias del Perú. Y ante tan desagradable y desgarradora noticia una periodista alzaba su voz para pedir que el estado elabore un protocolo para que por ningún motivo los niños pudieran quedarse a solas con sacerdotes o maestros. Así lo exigía textualmente: “ni sacerdotes, ni maestros”. Es obvio que se estaba valiendo de este lamentable delito, cometido por un sujeto con nombre, apellido e historial, para involucrar a todos y especialmente a la Iglesia, como si todos en ella, bastándoles vestir sotana, fuéramos unos depravados. Es la misma actitud que existe frente al aborto o a la unión homosexual. Se trata de atacar, condenar, corregir o consentir las consecuencias y no se va a las causas, que tienen su origen en el enorme deterioro moral en el que estamos viviendo, en que todo parece llano y parejo, precisamente porque hemos renegado de Dios, porque pretendemos vivir al margen de Él, ignorando sus mandatos y preceptos. No vamos al meollo del asunto, porque pretendemos alcanzar una respuesta, una solución ignorando a Dios. Nos juzgamos muy razonables, avanzados y modernos y caemos en el pecado más antiguo, el de la soberbia. Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse»

Este mundo requiere ser convertido y nosotros los que nos reconocemos como cristianos tenemos una enorme responsabilidad en ello. No podemos darnos la vuelta como si no pasara nada. Tenemos que empezar por reconocer lo que ocurre y asumir la responsabilidad de involucrarnos. No podemos seguir indiferentes, cerrando los ojos a la realidad. Nosotros no nos salvaremos por mantenernos asépticos, sino por actuar con amor y el amor exige compromiso, involucrarse y participar. Tal como nos propone hoy el Señor, tenemos que salir a buscar a nuestros hermanos, especialmente a los extraviados, que es su conversión la que más alegra a Dios en el Cielo. Por eso, los que tenemos alguna posición en la Iglesia, en nuestra parroquias, en nuestros movimientos e instituciones debemos practicar la acogida con todos, pero sobre todo con aquellos que más dificultades tienen. No se trata de hacer un club de “inmaculados” sino, como dice el Papa Francisco de ensuciarnos, de enterrarnos por sacar a nuestros hermanos extraviados y devolverlos al redil. Tenemos que tener olor a oveja. Si estamos con Dios, si participamos en los sacramentos, especialmente en el de la Eucaristía, si oramos constantemente, no debemos tener temor a involucrarnos y arriesgarnos, incluso con aquellos hermanos que todo el mundo desprecia por uno u otro motivo. Lo que el mundo necesita es amor y si logramos rescatar para Dios a uno de estos hermanos o hermanas que por algún motivo se alejaron de Dios, se armará una gran fiesta en el cielo, siendo nosotros los auspiciadores. ¡Qué mayor alegría podríamos tener que alegrar a nuestro Señor! Hoy, en el día del Sagrado Corazón de Jesús, practiquemos la misericordia con nuestros hermanos. No seamos más papistas que el Papa, que donde hay amor, no puede haber mal, ni pecado. ¡Seamos misericordiosos! Recordemos que todo lo que tenemos es por Gracia de Dios y no por ningún mérito nuestro. Seamos generosos. Les aseguro que, de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse»

Oremos:

Padre Santo, cúranos de la indiferencia y propicia la ocasión para que podamos compartir amorosamente con nuestros hermanos, especialmente con los más necesitados…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

San Francisco de Asis

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