Lucas 15,1-3.11-32 – celebremos una fiesta

Febrero 27, 2016

Texto del evangelio Lc 15,1-3.11-32 – celebremos una fiesta

1. Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle,
2. y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos.»
3. Entonces les dijo esta parábola.
11. Dijo: «Un hombre tenía dos hijos;
12. y el menor de ellos dijo al padre: “Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.” Y él les repartió la hacienda.
13. Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino.
14. «Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad.
15. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos.
16. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba.
17. Y entrando en sí mismo, dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre!
18. Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti.
19. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.”
20. Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente.
21. El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.”
22. Pero el padre dijo a sus siervos: “Traigan aprisa el mejor vestido y vístanle, pónganle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies.
23. Traigan el novillo cebado, mátenlo, y comamos y celebremos una fiesta,
24. porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.” Y comenzaron la fiesta.
25. «Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas;
26. y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
27. Él le dijo: “Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.”
28. Él se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba.
29. Pero él replicó a su padre: “Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos;
30. y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!”
31. «Pero él le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo;
32. pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado.”»

Reflexión: Lc 15,1-3.11-32

Difícilmente encontraremos historia más tierna y humana que la que se narra en este episodio. ¿Cuántas veces, cuántos de nosotros nos alejamos de nuestros padres llenos de autosuficiencia, soberbia y desprecio, desconociendo o subestimando todo lo que habían hecho por nosotros, como si todo nos lo mereciéramos, y como si nada fuera suficiente? La humanidad está plagada de estos desencuentros y distanciamientos, que se van acentuando con la edad, hasta simplemente ignorar a los padres. Como se dice por aquí: fueron. Y, claro, una vez que se extrajo todo el jugo de la naranja o del limón, para qué sirve, sino para echarlo a la basura. Eso mismo reclama el hijo de esta historia, con la edad suficiente para enfrentar el mundo solo y exigiendo como un derecho que su padre le anticipe su herencia, una vez recibida, se manda cambiar con ella, con la idea, seguramente, de no volver a poner pie en la casa de su padre a quien antes debe haber tildado de anticuado, viejo, salvaje, troglodita, fósil y cuanto adjetivo puede imaginarse para algo pasado de moda e inútil. “Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra” fue una frase célebre acuñada por Manuel Gonzales Prada, ensayista y pensador peruano, en el siglo XIX, pronunciada en un célebre discurso destinado a motivar la recuperación de Tacna y Arica, parte del vasto territorio del que se apoderó Chile, tras la “Guerra del Pacífico” auspiciada por Inglaterra en el último cuarto del siglo XIX. Más allá de los detalles de este conflicto, el espíritu de esta frase es revivido una y otra vez en palabras o hechos para hacer de lado a los mayores, culpándolos de todas las desgracias y de este modo justificando su descarte, cuando no su desprecio. Es así como hace algunas semanas un candidato a la presidencia peruana se refería peyorativamente a los políticos tradicionales como “Dinosaurios”, movilizando arteramente este sentimiento en sus electores, pretendiendo por oposición que lo prefieran por su juventud y carencia de antecedentes, lo que en realidad es un lugar común en cada elección, dando lugar a varios de los malos gobiernos que hemos tenido en las últimas décadas. Más allá de los entretelones políticos, la historia de la humanidad está marcada permanentemente por esta rebelión, no siempre positiva, ni siempre constructiva. Los jóvenes demandan gobernarse por sí mismos, sin la injerencia de sus padres, pero erguidos firmemente sobre la herencia de sus padres. Es decir que por un lado pretende silenciarlos, acallarlos e ignorarlos, desconociendo que no podrían emprender nada de lo que hacen, si no fuera por ellos. Estamos frete a este drama, pero además, ensombrecido por el fracaso. Traigan el novillo cebado, mátenlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.

Es en similares circunstancias a las descritas que este joven hijo decide abandonar a su padre, seguramente con la pretensión de hacer las cosas mejor y –¿cómo no?-, dedicar parte de la fortuna a disfrutar de la vida, en vez de ser tan conservador y austero. El discurso es conocido, por más que a los jóvenes les parezca nuevo, justamente porque recién llega el momento de pronunciarlo en sus vidas. Pero lo que saldrá de aquella decisión es como abrir una caja de pandora, pues es el momento en que se ponen a prueba las virtudes, talentos y destrezas adquiridas. Volará sin volver atrás o volverá con el rabo entre las piernas como el hijo de esta historia. ¿Cuántas lecciones podemos aprender de esta parábola? No debemos dejarnos arrastrar por la soberbia, pues esta nos induce al desprecio y ningún sentimiento puede ser más injusto como este, con los padres que nos dieron todo según su mejor criterio y capacidad. Obrar con ecuanimidad y reflexión, procurando entender los motivos de nuestros mayores, aquilatando cada uno de sus pasos, procurando hacer nuestra su experiencia. Evitar actitudes irreflexivas como las de este muchacho, que finalmente no supo nada más que dilapidar la fortuna que su padre le había adelantado en herencia. Este comportamiento irresponsable es lamentablemente frecuente en hijos mal agradecidos, engreídos, que siempre lo han tenido todo como si lo merecieran, sin mayor esfuerzo. Es tan propio de nosotros los humanos dar un valor exiguo a cuanto tenemos, hasta que lo perdemos. Es igualmente inusual tener un padre como el de esta historia, que no pide razones, ni guarda rencor, ni lleva cuentas de las afrentas e insultos, sino que recibe con los brazos abiertos al hijo perdido. Tener un Padre así no puede ser nada más que conmovedor. ¡Cómo salir a recibirnos así después de todo lo que hicimos! ¡Qué lección! ¿Cómo habría de sentirse nuestro corazón con este recibimiento? ¡Qué renovador! ¡Qué esperanzador! ¡Qué baño tan refrescante y reparador para nuestro cuerpo y nuestro espíritu! ¡Todo puede empezar nuevamente! ¡Cuando estaba todo perdido, cuando no creíamos ya merecer nada más que el desprecio y la indiferencia, nuestro padre nos da este recibimiento! ¡Qué pequeños…! ¡Que poco somos! ¿Cómo pudimos despreciar a este gran hombre? ¡Estábamos dispuestos a recibir cualquier castigo, cualquier penitencia, cualquier desprecio, cualquier llamada de atención…! Habíamos sufrido tanto, que cualquier cosa que nos dijera o que dispusiera sería poco y estaríamos dispuestos a acatarlo. ¡Qué nos reciba así, con tanto amor, con tanto respeto a quien, como nosotros, se había arrastrado por cloacas, con tal de conseguir unas migajas! ¡No puede ser! Y, sin embargo, así es. Traigan el novillo cebado, mátenlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.

Esta historia que a algunos, que tal vez no hemos tenido este tipo de experiencia con nuestros padres, se nos antoja ajena y lejana, sin embargo es la historia de todos nosotros, que de uno u otro modo hemos pretendido y lo seguimos haciendo, vivir sin Dios, descartándolo, desechándolo como obsoleto, arcaico e innecesario. Pero no hay nada donde podamos ir en que no encontremos su presencia, los dones y la herencia que nos ha anticipado, con el propósito que seamos felices, si hacemos buen uso de ella. Lo tenemos todo Gracias a Él, pero en lugar de despreciarlo y pretender que no lo necesitamos, haríamos bien en escucharlo, porque Él tiene un Plan para todo, incluso para cada uno de nosotros, en el que todo encaja perfectamente para que alcancemos la felicidad para la cual fuimos creados. En lugar de revelarnos, tendríamos que atender lo que nos dice y obedecerle, porque como todo buen Padre –y este es el mejor que podíamos tener-, Él sabe muy bien lo que nos conviene, porque aun antes que hubiéramos nacido todo fue creado por amor, con el propósito que seamos felices. No lo ignoremos, ni hagamos caso omiso a sus indicaciones; por el contrario alineémonos con Su Voluntad y veremos como todo finalmente empieza a resolverse adecuadamente. No desechemos ni descartemos Sus criterios, pensando que son anticuados y que los nuestros son mejores. Es el error en que caen frecuentemente los hijos y en el que cayó el joven de esta parábola. Nuestro Padre jamás nos rechazará, pero quiere evitarnos todo el drama que vivió este hijo y lo lograremos, si le hacemos caso. Seamos leales. ¡Quedémonos con Él y nos evitaremos todo este sufrimiento y humillación inútiles! ¡No nos dejemos arrastrar por la tentación, por ese gusanillo de la ambición y la soberbia que se nos mete adentro, martillándonos día y noche que no necesitamos del Viejo, que es caduco, anticuado y egocéntrico! ¡Nadie conoce mejor lo que necesitamos, lo que nos conviene que nuestro Padre! ¿Creamos en Él! ¡Confiemos en Él! Recordemos que Dios que te creó sin ti, no te salvará sin tú participación. Toma hoy la mejor decisión de tu vida. ¡Déjate conducir por Él! Traigan el novillo cebado, mátenlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos alejemos de Ti. Que no caigamos en la soberbia de despreciarte y darte las espaldas. Y si algún día lo hacemos, perdónanos y recíbenos nuevamente con los brazos abiertos, que no hay nada a donde podamos ir sin Ti…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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