Lucas 15,1-10 – un solo pecador que se convierta

Noviembre 5, 2015

Texto del evangelio Lc 15,1-10 – un solo pecador que se convierta

1. Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle,
2. y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos.»
3. Entonces les dijo esta parábola.
4. «¿Quién de ustedes que tiene cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las 99 en el desierto, y va a buscar la que se perdió hasta que la encuentra?
5. Y cuando la encuentra, la pone contento sobre sus hombros;
6. y llegando a casa, convoca a los amigos y vecinos, y les dice: “Alégrense conmigo, porque he hallado la oveja que se me había perdido.”
7. Les digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por 99 justos que no tengan necesidad de conversión.
8. «O, ¿qué mujer que tiene diez dracmas, si pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa y busca cuidadosamente hasta que la encuentra?
9. Y cuando la encuentra, convoca a las amigas y vecinas, y dice: “Alégrense conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido.”
10. Del mismo modo, les digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.»

Reflexión: Lc 15,1-10

Todo lo que quiere el Señor es que nos Convirtamos y ya hemos visto que Convertirse implica ver el mundo con los ojos que Cristo lo ve. No es tan sencillo, ni rápido, ni automático. Exige tomar decisiones que paulatinamente nos van llevando al lado opuesto al que ocupan el común denominador de las personas. Por eso el cristiano comprende inmediatamente que no se trata de hacer lo que todo el mundo hace y que la explicación de nuestros actos no puede ser esa. El cristiano se esfuerza por obrar como Cristo, por configurarse con Él; es a esto que estamos llamados: a la Conversión. Todos estamos llamados a la Conversión, como el único medio de obrar como Cristo nos manda y la única garantía para alcanzar Sus promesas. No es fácil, exige un aprendizaje que, como todo, comienza con el primer paso. Hemos de oír y hacer lo que Cristo nos manda. ¿Pero cómo podrán hacerlo los que se encuentran alejados, extraviados? Todos somos parte de un mismo rebaño, sin embargo por diferentes circunstancias algunas ovejas se han ido alejando y están próximas a perderse definitivamente, cayendo en la oscuridad y el abismo. Es a estas que ha venido a buscar el Buen Pastor, porque médico necesitan los enfermos. Del mismo modo, les digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.

Prestemos atención, que estamos hablando del Buen Pastor, es decir aquel Pastor modelo, responsable, cuidadoso, amoroso, que reconoce a cada una de sus ovejas por su nombre. No le da lo mismo 99 0 98 que 100, porque 100 le han sido encargadas y esta misma cantidad devolverá al Dueño, en este caso, nuestro Padre. Siguiendo con la imagen pastoril, en otra oportunidad nos dirá que las ovejas conocen la voz del Buen Pastor, por eso cuando la oyen, inmediatamente le prestan atención y hacen lo que les manda, porque saben que este las conducirá a verdes prados y a manantiales de agua fresca, donde podrán satisfacer su hambre y sed. Se trata de una relación muy estrecha, en la que el Buen Pastor es responsable por sus ovejas y las ovejas confían en Él. Nada puede describir mejor nuestra relación con Jesús, haciéndonos notar la necesidad y obligación de hacer que todas las ovejas vuelvan al redil, sobre todo aquellas que estando tan alejadas han olvidado la voz del Buen Pastor, que ha venido precisamente por ellas, porque los que tenemos la Gracia de conocerla, de no haberla olvidado jamás, permanecemos junto a Él. Se entiende entonces por qué nuestro Buen Pastor se enfoca y se interesa especialmente en las ovejas extraviadas; es lo que haría cualquier pastor, cuánto más Jesucristo, el Hijo de Dios, nuestro Creador. Del mismo modo, les digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.

Hace falta renovar la confianza en Jesucristo, nuestro Salvador. ¿Cómo hacerlo si no lo conocemos? ¡Esa es precisamente la Misión de todo buen cristiano! Predicar el Evangelio; es decir: dar a conocer la Palabra de Dios, la Buena Nueva. ¿Cuál es esta? Que Dios es nuestro Padre; que quiere que seamos felices, viviendo eternamente; que para eso ha enviado a Su Hijo: para enseñarnos el Camino y que entonces debemos escucharle y hacer lo que nos manda. Para esto resulta imprescindible suscitar nuestra FE. ¿Pero cómo tendremos fe en alguien que no conocemos? Sería de locos pedirle a una persona que crea en lo que un desconocido le dice y encima que lo siga y haga lo que le manda. En una situación desesperada, en la que no se vislumbran más opciones, tal vez lo haríamos, jugándonos la única carta disponible. Pero a ojos del mundo pareciera que esta no fuera la situación, pareciera que existen muchas y distintas alternativas. Al menos es así como ve la situación el no creyente e incluso el que creyendo en Dios, sin embargo no conoce del todo bien el mensaje de Jesús. De allí la importancia de difundirlo, porque quienes lo conocemos sabemos que es la única alternativa de Salvación, la única garantía para alcanzar las promesas de Cristo, que podríamos ensayar reducirlas a “realización plena”, felicidad y vida eterna. Del mismo modo, les digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.

Finalmente es vital tener en cuenta –y subrayamos lo de vital-, que la Conversión no está librada, como nada en el Camino de Salvación, a nuestras fuerzas. No se trata de algo que podemos alcanzar por nuestro empeño y esfuerzo. Solos no podemos. Es preciso repetirlo con un mayor énfasis, porque aquí está el meollo del asunto: ¡Solos no podemos! No se trata de un decir, de un modo de hablar, se trata de una realidad. Quien se confía a su voluntarismo, a sus fuerzas, a su capacidad, a su inteligencia y voluntad, fracasará, no lo alcanzará. Es precisa la Fe; es preciso creer en Dios; es precisa Su intervención. Con la ayuda de Dios no hay NADA IMPOSIBLE. Y tenemos que recurrir a su ayuda, a su apoyo para alcanzar la Salvación. Esta es Gracia que el concede a quien se la pide. Por lo tanto, estando la salvación en nuestras manos, solo la alcanzaremos si confiamos en Dios, si le oímos y hacemos lo que nos manda. Por eso Jesucristo nos dice que Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Tenemos que oírle, seguirle -hacer lo que nos manda-, para alcanzar la vida en abundancia: la Vida Eterna. Ella está reservada para cada uno de nosotros, como un espacio en la Mansión del Padre; lleva nuestro nombre en la puerta, pero es preciso que la abramos con la llave de la Conversión, que es Gracia que Dios concede a quien pidiéndoselo, lo oye y obedece. Del mismo modo, les digo, se produce alegría ante los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta.

Oremos:

Padre Santo, danos la Gracia de oír y hacer lo que Jesús nos manda; de mantenernos siempre unidos a Tu rebaño y de constituirnos en ejemplo que atraiga a nuestros hermanos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

(18) vistas

Deja un comentario