Lucas 14,25-33 – renuncie a todo lo que posee

Septiembre 4, 2016

De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

Texto del evangelio Lc 14,25-33 – renuncie a todo lo que posee

25. Junto con Jesús iba un gran gentío, y él, dándose vuelta, les dijo:
26. «Cualquiera que venga a mí y no me ame más que a su padre y a su madre, a su mujer y a sus hijos, a sus hermanos y hermanas, y hasta a su propia vida, no puede ser mi discípulo.
27. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.
28. ¿Quién de ustedes, si quiere edificar una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, para ver si tiene con qué terminarla?
29. No sea que una vez puestos los cimientos, no pueda acabar y todos los que lo vean se rían de él, diciendo:
30. “Este comenzó a edificar y no pudo terminar”.
31. ¿Y qué rey, cuando sale en campaña contra otro, no se sienta antes a considerar si con diez mil hombres puede enfrentar al que viene contra él con veinte mil?
32. Por el contrario, mientras el otro rey está todavía lejos, envía una embajada para negociar la paz
33. De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

Reflexión: Lc 14,25-33

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Lucas 14,25-33 renuncie a todo lo que posee

El Señor es exigente. No se anda con rodeos y es que Él sabe muy bien lo que está en juego. No es solo que dará Su propia Vida por nuestra Salvación, sino que es esta Vida Eterna nuestra la que está en peligro. Dios Padre le ha encomendado la Misión de Salvarnos a todos y esto es en lo que se encuentra empeñado.

Como si la cosa no fuera con nosotros, como si no tuviera que ver con lo más crucial en nuestras vidas, nosotros muchas veces no le hacemos ni caso. O, en el mejor de los casos, le prestamos atención por algunos minutos a la semana y luego seguimos con lo nuestro.

Esto es lo más grave. No hemos llegado a captar la urgencia del llamado de Jesús. Las palabras han perdido su significado. Las oímos una y otra vez y ni nos inmutamos. ¿Cómo sentiríamos si de pronto viene un amigo y nos dice, oye hemos descubierto que tienes una enfermedad terminal y morirás esta tarde, a no ser que alguien te de su corazón?

De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

¿Y qué pasaría si luego de tremendo susto ese mismo amigo te dijera, “oye, no te preocupes, Pedro, tu mejor amigo está en este mismo momento en el quirófano, pues ha decidido darte su corazón para que tu vivas”? ¿Morirá? Preguntarías sobre saltado, a lo que te responderían. Ya murió. Ha dado la vida por ti. Su corazón espera por ti.

¿Duro, no? Una situación muy difícil, dramática y conmovedora, ¿no es así? Pues eso mismo ha hecho el Señor por cada uno de nosotros. Ha dado su vida por nosotros, para que la vivamos bien, para que seamos merecedores de la Vida Eterna. El asunto es muy delicado. Es urgente. No hay tiempo que perder.

No puedes seguir haciendo lo de siempre. ¡Es preciso que cambies! ¡Es preciso que hagas que todo este sacrificio haya valido la pena! Jesucristo ha dado su vida por ti, te ha entregado Su corazón, agradécelo viviendo de tal modo que no sea inútil su sacrificio.

De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

Aprovecha cada minuto, cada segundo. Vívelo como si fuera el último, porque lo estás teniendo gracias a la preciosa sangre de este amigo único, irremplazable, amoroso, generoso, misericordioso. ¿Cuántas personas conoces que darían la vida por ti?

Jesucristo lo ha hecho. Por lo tanto no es cuestión de juego. No es para tomarlo a la ligera. No podemos desperdiciar ni un solo segundo de esta nueva vida que estamos viviendo gracias a Él. ¡Hagamos lo que Él nos dice, porque en ello está nuestra Salvación!

Nuestra vida solo tendrá sentido si hacemos lo que Jesucristo nos manda, que no es otra cosa que la Voluntad de Dios. Y esta, por el infinito amor que Dios Padre nos tiene es que vivamos eternamente. Ello es posible, porque Él así lo quiere. Solo hay que hacer lo que Jesús nos manda.

De la misma manera, cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

Oremos:

Padre Santo, que entendamos que el único modo de alcanzar la Vida Eterna es renunciando a todo y siguiendo a Jesús, lo que significa ponerte a Ti en el centro de nuestras vidas…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 14,25-33 renuncie a todo lo que posee

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