Lucas 1,39-56 – bendita entre todas las mujeres

agosto 15, 2016

Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: ¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!

Texto del evangelio Lc 1,39-56 – bendita entre todas las mujeres

39. En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá.
40. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel.
41. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo,
42. exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!
43. ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
44. Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno.
45. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».
46. María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor,
47. y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador,
48. porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz,
49. porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!
50. Su misericordia se extiende de generación en generación sobre aquellos que lo temen.
51. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón.
52. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes.
53. Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
54. Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia,
55. como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y de su descendencia para siempre».
56. María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.

Reflexión: Lc 1,39-56

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Lucas 1,39-56 bendita entre todas las mujeres

El Ave María, la oración con la que todos los pueblos saludamos a la Virgen María, no es otra cosa que la selección de las mejores expresiones del Ángel, en la Anunciación, las palabras de María y de Isabel. Esta oración, por lo tanto, no ha sido inventada por nadie, sino que resulta de un arreglo de estas expresiones.

La oración es hermosa porque reúne estas expresiones de asombro y admiración, que no hacen nada más que intentar reflejar pálidamente el altísimo honor que le cabe a la Virgen María en la historia de nuestra Salvación.

Sin María, no hubiera llegado la Salvación a nosotros. Así de determinante es su aceptación incondicional al Plan de Dios. Por ello María se erige como modelo de virtudes. En María convergen todas las cualidades y atributos necesarios para hacer de ella el Icono de la fe de los cristianos.

Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: ¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!

Porque ella creyó, entró la salvación en el mundo, haciéndose nada menos que Madre de Dios. Este es un misterio que jamás llegaremos a descifrar plenamente. Dios quiso hacerse hombre y nacer de una mujer, como todo mortal.

Sin embargo y desde siempre Él eligió a la Santísima Virgen María para que fuera la madre de Jesucristo, permitiendo que ella se mantuviera intacta e inmaculada desde su concepción, como el templo más puro y sagrado, precisamente para que fuera la Madre de nuestro Salvador.

María, inspirada por el Espíritu Santo, solo tuvo palabras de alabanza y gratitud a Dios, haciéndose totalmente disponible para que en ella y a través de ella se realizaran los Planes de Dios. ¿Qué otros motivos podemos reclamar para poner a la Virgen Sagrada María en el sitial más alto de la humanidad, inmediatamente después, pero muy próxima a Jesús?

Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: ¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!

Pretender desconocer tan alta embestidura en María y la más íntima proximidad a Jesús es una necedad. ¿Qué otro mortal podría robarle tal supremacía? Por eso salta a la vista que quienes niegan tal honor a María lo hacen de puro dogmáticos o por incomprensible mezquindad.

La Salvación de la humanidad alcanzada gracias al sacrificio de Jesucristo en la cruz, requirió, por disposición Divina, de la singular participación de María, a quien le cupo el privilegio único de ser la madre mortal de Jesús.

María se hizo cargo de Jesús desde que fue un bebé y le acompañó hasta el último momento, como la madre más abnegada, al pie de la cruz, aceptando, no sin dolor, el designio Divino trazado para su hijo, Jesucristo.

Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: ¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!

María, que fue capaz de suscitar el primer milagro de Jesús en las bodas de Canaán, es venerada por el pueblo cristiano como Madre de la Iglesia, considerándola mediadora de todas las Gracias. El Corazón de Jesús no puede resistirse a sus súplicas. De allí que acudamos a la Virgen María para que interceda ante nuestro Señor Jesucristo para que el Padre nos conceda Su Gracia.

La Virgen Sagrada María es la primera que compartiendo nuestra propia naturaleza, ha sido asunta al Cielo, en completo estado de Gracia y desde allí vela e intercede por nosotros ante su hijo, nuestro Señor Jesucristo. Y como en Canaán, sabeos que Jesucristo no puede resistirse a sus pedidos, por ello, no dejamos de acudir a ella en nuestras oraciones

De todas las oraciones que se han elaborado inspiradas por el Espíritu la más hermosa y completa es sin duda el Rosario, “un modo piadosísimo de oración, al alcance de todos, que consiste en ir repitiendo el saludo que el ángel le dio a María; interponiendo un Padrenuestro entre cada diez Avemarías y tratando de ir meditando mientras tanto en la Vida de Nuestro Señor” (Sumo Pontífice San Pío V en su “Bula” de 1569)

Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: ¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre!

Oremos:

Padre Santo, concédenos la Gracia de orar y valorar el Santo Rosario…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 1,39-56 bendita entre todas las mujeres

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