Lucas 13,18-21 – ¿Con qué podré comparar el Reino de Dios ?

octubre 25, 2016

«¿Con qué podré comparar el Reino de Dios ? Se parece a la levadura que una mujer toma y mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa».

Texto del evangelio Lc 13,18-21 – ¿Con qué podré comparar el Reino de Dios ?

18. Jesús dijo entonces: «¿A qué se parece el Reino de Dios ? ¿Con qué podré compararlo?
19. Se parece a un grano de mostaza que un hombre sembró en su huerta; creció, se convirtió en un arbusto y los pájaros del cielo se cobijaron en sus ramas».
20. Dijo también: «¿Con qué podré comparar el Reino de Dios?
21. Se parece a la levadura que una mujer toma y mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa».

Reflexión: Lc 13,18-21

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Lucas 13,18-21 ¿Con qué podré comparar el Reino de Dios ?

El Señor nos explica con dos figuras muy sencillas y claras a qué se parece el Reino de Dios. Pese a lo simple de la explicación, a veces insistimos en tener dificultad para entender la Palabra del Señor. Lo que ocurre es que no hay peor sordo que el que no quiere oír.

Ambas figuras hacen alusión a la forma en que paulatinamente va creciendo el Reino de Dios. Va creciendo y abarcándolo todo en diferentes direcciones y dimensiones. No solamente en tamaño, sino también en profundidad e influencia.

Estos son atributos del Reino de Dios que con Jesucristo ha llegado y se encuentra entre nosotros. Hay algo más que podemos desprender de esta descripción y es que el expandirse en forma constante y casi imperceptible es una característica del Reino de Dios.

«¿Con qué podré comparar el Reino de Dios ? Se parece a la levadura que una mujer toma y mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa».

La figura es precisa, porque se trata de propiedades intrínsecas del Reino de Dios, que por lo tanto no dependen de nosotros para su expansión, sino que lo irán haciendo de modo inexorable con el tiempo.

Hemos pensado muchísimas veces que tal vez hubiéramos podido reducir el tiempo necesario, si pusiéramos un poco más de nuestra parte. Creemos incluso que es culpa nuestra el retraso que lleva. Ponemos más dificultades y obstáculos que facilidades.

Seguramente ello tampoco en el fondo es nuestra responsabilidad. Sería mucho irrogarnos a nosotros esta capacidad. Ha de ser del Demonio que lo tuerce todo y lucha desesperadamente por impedir el inevitable triunfo de Dios, que constituye la instauración definitiva de Su Reino.

«¿Con qué podré comparar el Reino de Dios ? Se parece a la levadura que una mujer toma y mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa».

El Demonio está dispuesto a vender cara su derrota. No se dará por vencido sin llevarse antes todas las almas que le sean posibles. Así, se trata de la lucha del Bien contra el Mal, de Dios contra el Dinero, del Rey de la luz contra el Príncipe de las tinieblas.

El futuro es esperanzador, porque el triunfo definitivo de Dios está más que garantizado. Pero este tomará un tiempo, que depende en mucho del uso que hagamos de los atributos que hemos recibido por Gracia de Dios.

Esto quiere decir que si valiéndonos de nuestra inteligencia y voluntad somos capaces de prestar atención a Jesucristo y, en aplicación de nuestra libertad hacemos lo que nos manda, más pronto terminará de expandirse e instaurarse plenamente el Reino de Dios.

«¿Con qué podré comparar el Reino de Dios ? Se parece a la levadura que una mujer toma y mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa».

Si inexorablemente triunfará Dios, porque Jesucristo ya ha vencido a la muerte y su victoria terminará por instaurar definitivamente el Reino de Dios, ¿no sería lo más razonable que haciendo un acto de fe, nos entregáramos por completo a la Voluntad de Dios?

Esto quiere decir que si nosotros lo hiciéramos y con nosotros en este mismo instante toda la humanidad, el Reino de Dios terminaría de instaurarse definitivamente. Todos accederíamos a la Vida Eterna y seríamos felices, viviendo en paz y amor.

Ello ocurrirá de todos modos en algún momento. Nuestra responsabilidad es esforzarnos, dar nuestras vidas, si fuera preciso, para que eso ocurra ¡ya! Si todos lo entendiéramos así. Pero nadie puede forzarnos. Todos tenemos que optar por este Camino en libertad.

«¿Con qué podré comparar el Reino de Dios ? Se parece a la levadura que una mujer toma y mezcla con gran cantidad de harina, hasta que fermentó toda la masa».

Oremos:

Padre Santo, danos fe para creer que Jesucristo ha vencido a la muerte y con esta victoria ha ganado la Vida Eterna para todos aquellos que lo sigamos, haciendo Tu Voluntad…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 13,18-21 ¿Con qué podré comparar el Reino de Dios ?

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