Lucas 13,10-17 – a la que ató Satanás

Octubre 26, 2015

Texto del evangelio Lc 13,10-17 – a la que ató Satanás

10. Estaba un sábado enseñando en una sinagoga,
11. y había una mujer a la que un espíritu tenía enferma hacía dieciocho años; estaba encorvada, y no podía en modo alguno enderezarse.
12. Al verla Jesús, la llamó y le dijo: «Mujer, quedas libre de tu enfermedad.»
13. Y le impuso las manos. Y al instante se enderezó, y glorificaba a Dios.
14. Pero el jefe de la sinagoga, indignado de que Jesús hubiese hecho una curación en sábado, decía a la gente: «Hay seis días en que se puede trabajar; vengan, pues, esos días a curarse, y no en día de sábado.»
15. Replicóle el Señor: «¡Hipócritas! ¿No desatan del pesebre todos ustedes en sábado a su buey o su asno para llevarlos a abrevar?
16. Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?»
17. Y cuando decía estas cosas, sus adversarios quedaban confundidos, mientras que toda la gente se alegraba con las maravillas que hacía.

Reflexión: Lc 13,10-17

Para hacer el Bien no hay mejor tiempo que Hoy, Ahora. Por ningún motivo, nunca jamás nos cohibamos de hacer el Bien. Nunca el Bien traerá el mal; como nunca el mal será camino para el bien. Dios está con el Bien; esa es la ruta que hemos de andar; ese el derrotero. Seguramente habrán veces que no lo veamos tan claro…son cosas del demonio, pero el Bien es el Camino de Dios. Alejémonos de todo aquello que haga daño a los demás, que de algún modo intuyamos que podría conducirnos al mal, a la violencia, al odio y la destrucción y tomemos el camino del amor, de la concordia, de la paz y el amor, que allá encontraremos al Señor, coincidiendo con la Voluntad de Dios. Y, mientras hagamos Su Voluntad, nada podrá detenernos. Será como hacernos a la mar en un velero, con viento a favor. No hay mejor hora, ni mejor tiempo para lanzarnos en pos del Bien. Si este es el caso, no nos detengamos a hacer cálculos, a medir o a meditar, porque estas son tretas del demonio que busca evitar que procedas correctamente. Sigue los impulsos del Espíritu Santo, que es quien nos inspira y mueve a actuar rectamente. Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?

¿Qué papel juega aquí el sábado? Es la norma, es la ley. Por una ley judía no se podía trabajar en sábado, porque este era un día consagrado a Dios. Esta es desde luego una muy buena intención, similar a la que tenemos los cristianos de dedicar el día Domingo al Señor. Claro, de tanto aligerarlas y comportarnos permisivamente, hemos terminado por desvirtuar por completo este día que debía ser dedicado al descanso, al amor, a la familia y a Dios. La sabia idea tras la norma es consagrar un espacio de tiempo cada semana al merecido descanso, a la reflexión, a la familia, a los amigos, a la comunidad, a Dios. Reconociendo que nos necesitamos unos a otros, y dándole un lugar a Dios en nuestras vidas, sin quien no seríamos nada. Agradecer las bendiciones recibidas y compartir. El propósito de este día y la legitimidad del descanso está registrado en el Génesis, el primer libro de la Biblia y nadie medianamente razonable podría discutir su legitimidad, al punto que lo hemos adaptado desde tiempo inmemorial. Sin embargo, ni aun esta costumbre o esta ley pueden sujetarnos de tal modo que nos impida hacer el Bien. Sería una contradicción, porque lo que esta ley busca es precisamente el Bien Supremo, el que no puede estar restringido a un día o una hora, sino que debe ser buscado siempre. Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?

Pero esta ley le sirve al Señor para hacernos notar que la naturaleza de cualquier ley debe estar sujeta al Bien común y no a la inversa. Quiere decir que nunca una ley puede ser usada como argumento para impedir o evitar que se haga el Bien, porque estas, por su propia naturaleza deben normarse para alcanzar este Bien y derogarse, superarse o dejarse sin efecto en cuanto lo impiden. Porque el hombre no ha sido hecho para las leyes, sino que las leyes han sido hechas para el hombre, de donde se desprende que tanto hemos de ajustarnos a ellas, cuanto nos conduzcan a Dios, y desprendernos de ellas o dejarlas de lado, cuanto nos lo impidan. No podemos olvidar que estas leyes han sido elaboradas por el hombre y llevan impresa, por lo tanto, nuestra naturaleza limitada y falible. La única ley infalible es la Ley de Dios, que como hemos acotado en varias oportunidades se limita al siguiente mandato: Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. Quien se rige estrictamente por este mandato, acertará, sin importar la hora o el día. Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?

Llevando al plano político reciente este discurso, salta a la vista el mal uso que hacen de las leyes gobernantes y ministros, que usan las normas para condenar a jueces y fiscales con tal de librar del asedio de la justicia a los poderes corruptores a los que sirven. Así, por ejemplo, en el Perú fueron destituidas por sendos Ministros de Justicia (nada menos) dos procuradoras del Estado, acusadas de incumplir una supuesta ley menor (conocida como la ley de la mordaza), por hacer declaraciones a los medios, sin tener en cuenta que sus investigaciones apuntaban a un grave problema de corrupción generalizado que pareciera tener sus raíces en el propio Palacio de Gobierno. Así, amparados en la ley, se impide hacer el Bien. Es a estos hipócritas a quienes desenmascara el Señor, pues es claro que se valen de las leyes para su conveniencia. El principio o el espíritu de la ley no puede estar nunca por encima del Bien. Solo una doble moral, es decir, una actitud hipócrita, puede llevarnos a esgrimir una ley para impedir el Bien, porque en tal caso nos estaríamos haciendo esclavos de la ley, cuando las leyes han sido hechas para los hombres y han de estar a su servicio y no a la inversa. Es que no se puede servir a dos Señores: o estamos con Dios o estamos con el Dinero. Y si reflexionamos, veremos como cuando surge esta aparente encrucijada, es porque estamos tratando de quedar bien con Dios y con el Diablo; con Dios y el Dinero, y ¡no se puede servir a dos señores! Y a ésta, que es hija de Abraham, a la que ató Satanás hace ya dieciocho años, ¿no estaba bien desatarla de esta ligadura en día de sábado?

Oremos:

Padre Santo, aparta de nosotros la hipocresía, que seamos capaces de buscar y privilegiar el bien común, especialmente de los menos favorecidos. No permitas que pretendamos engañar a los demás y nos engañemos a nosotros mismos valiéndonos de leyes y normas…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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