Lucas 13,1-9 – todos perecerán del mismo modo

octubre 24, 2015

Texto del evangelio Lc 13,1-9 – todos perecerán del mismo modo

1. En aquel mismo momento llegaron algunos que le contaron lo de los galileos, cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios.
2. Les respondió Jesús: «¿Piensan que esos galileos eran más pecadores que todos los demás galileos, porque han padecido estas cosas?
3. No, les aseguro; y si no se convierten, todos perecerán del mismo modo.
4. O aquellos dieciocho sobre los que se desplomó la torre de Siloé matándolos, ¿piensan que eran más culpables que los demás hombres que habitaban en Jerusalén?
5. No, les aseguro; y si no se convierten, todos perecerán del mismo modo.»
6. Les dijo esta parábola: «Un hombre tenía plantada una higuera en su viña, y fue a buscar fruto en ella y no lo encontró.
7. Dijo entonces al viñador: “Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?”
8. Pero él le respondió: “Señor, déjala por este año todavía y mientras tanto cavaré a su alrededor y echaré abono,
9. por si da fruto en adelante; y si no da, la cortas.”»

Reflexión: Lc 13,1-9

Con más frecuencia de la que somos capaces de reconocer y confesar tenemos la tentación de juzgar a los demás, encontrándolos culpables y merecedores de cuanta desgracia les ocurre. Encontramos explicaciones y justificaciones para sus desdichas en su comportamiento. Bien merecido lo tienen, nos decimos, encontrando que desafiaron a Dios y este les envió el castigo merecido. ¿Pero es este nuestro Dios? Guardamos en nuestras mentes y corazones la imagen de un Dios castigador. ¿Corresponde esta imagen con Dios o se trata más bien de un invento nuestro, que tiene su origen en alguna historia o leyenda que llegó a nuestros oídos, propiciada por la ignorancia? Nos inclinamos por esto último, pues no podemos imaginarnos a Dios llevando cuentas de nuestros errores y poniéndonos de vez en cuando la zancadilla para que caigamos por “tontos” y desobedientes. Sin embargo, no se trata de los que nos parece o de lo que nos gusta o no. Por lo tanto reflexionemos esta lectura para ver si nos da alguna pista que nos permita discernir cuál es la Verdad y por lo tanto el pensamiento de Jesús. No, les aseguro; y si no se convierten, todos perecerán del mismo modo.

Jesús se refería aquí a dos acontecimientos trágicos que sus contemporáneos conocían muy bien, que habían determinado la muerte de algunos de sus protagonistas y que algunos, por lo visto, encontraban como el resultado de un merecido castigo, por su comportamiento. Y, al parecer había otros que no estaban muy convencidos de los motivos por los cuales esta gente había padecido tan trágico fin. La pregunta en cualquier caso era ¿por qué les había ocurrido esto? ¿Se trataba de un castigo merecido? Y Jesús nos lanza un respuesta que desnuda la muerte, que va más allá de todas nuestras interpretaciones de los sucesos que la rodean, iluminando aquello que realmente importa. La muerte física es una anécdota, un hecho propio de nuestra naturaleza finita, que de uno u otro modo tiene que acabar, sin que podamos echar la culpa a nadie por lo trágico de los acontecimientos que pudieran rodearla y mucho menos a Dios. Este es el punto. Dios no es culpable directamente de ninguna de las muertes, propiciada o ejecutadas como castigo. Porque Dios NO CASTIGA. Él no está observando nuestro mundo desde “su nube” para disparar rayos mortales sobre los que no se comportan conforme a Sus mandatos. Lo que nos lleva a la segunda parte de esta lectura: por el contrario, Él nos ha dado la vida, por amor y la extiende y extiende con mucho afecto y misericordia buscando que demos frutos. ¡Él quiere que demos mucho fruto! ¡Eso es lo que le interesa, como al dueño de la higuera, como al dueño de la viña! Veamos que se trata de un enfoque muy distinto. El Autor de la Vida, quiere que alcancemos la Vida Eterna. ¡Ese es Su interés, no el castigarnos! No, les aseguro; y si no se convierten, todos perecerán del mismo modo.

Por lo tanto, a la muerte a la que se refiere Jesús no es a la tragedia de un asesinato, un atropello o un accidente aéreo. Todas estas cosas pueden suceder y seguramente sucederán entorno a nuestras propias muertes, pero no son estos hechos los que realmente importan, porque son propios de nuestra naturaleza. Lo que nos debe importar es que cuando nos llegue, nos encuentre dedicados al servicio de Dios y nuestro prójimo, entonces no habrá muerte definitiva para nosotros, porque resucitaremos al final de los tiempos, para Vivir Eternamente. Esa es la promesa de Jesucristo, en el cual tenemos puesta nuestra FE. Dicho de otro modo, nuestra preocupación no ha de estar en el modo en que habremos de morir, que desde luego jamás será castigo de Dios, sino en lo que hacemos con nuestra vida, esta breve porción de tiempo cuya duración desconocemos y que Dios nos ha regalado para que demos fruto en abundancia. Ahora que, ¿si Dios no castiga, debemos concluir que tampoco hace milagros? Nos parece que en eso hay una gran diferencia, porque creemos que Él sí suele intervenir para producir y ayudar a alcanzar el Bien. Por eso nos pide que oremos incansablemente. Él está comprometido con el Amor, con la Luz, con la Verdad, con la Vida y mientras estemos en ese Camino, el potenciará nuestras posibilidades, porque estaremos caminando en la dirección correcta, en la dirección de la historia, haciendo Su Voluntad. Entonces, pidamos lo que queramos y nos lo concederá, porque para Dios no hay nada imposible. Pero es dentro de esos lineamientos. Dios no te enviará un cáncer, pero si puede curarte en un millón de formas, si esa es Su Voluntad y si ello te conviene y se ajusta a Su Plan. Pero, para terminar, recordemos que lo importante no es que esta vida se prolongue indefinidamente, sino que nos convirtamos, de tal modo que alcancemos la Vida Eterna, el galardón más preciado. No, les aseguro; y si no se convierten, todos perecerán del mismo modo.

Oremos:

Padre Santo, danos el coraje de hacer Tu Voluntad cada día, confiados que esto es lo que más nos conviene, para nosotros y para los nuestros, como el único camino para alcanzar la Vida Eterna…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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