Lucas 13,1-9 – todos acabarán de la misma manera

Octubre 22, 2016

¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.

Texto del evangelio Lc 13,1-9– todos acabarán de la misma manera

01. En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios.
02. El respondió: «¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás?
03. Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.
04. ¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?
05. Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera».
06. Les dijo también esta parábola: «Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró.
07. Dijo entonces al viñador: “Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y nos encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?”.
08. Pero él respondió: “Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré.
09. Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás”».

Reflexión: Lc 13,1-9

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Lucas 13,1-9 todos acabarán de la misma manera

El Señor aquí nos está dando respuesta a aquella interrogante que algunos nos hacemos respecto a las cosas que les suceden a algunos e incluso a nosotros mismos. Probablemente más en aquel entonces que ahora, solíamos buscar una razón para tal desgracia y la encontrábamos en algo que habíamos hecho.

En pocas palabras, lo que le pasaba a tal o cual persona, e incluso a nosotros mismos, se debía a algo que habíamos hecho. Es decir, un castigo o en el mejor de los casos una recompensa. Incluso algunos buscaban encontrar la culpa en algo que hicieron o dejaron de hacer los antepasados.

Esta es una visión nada evangélica a la que el Señor pone fin. Es cuestión de reflexionar y meditar lo que nos está diciendo, que es un mensaje lleno de luz y esperanza. La visión y el pensamiento de Jesús, el cual tenemos que adoptar, es muy distinto al nuestro.

¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.

Dios lo ha hecho todo bien. Esto quiere decir que todo funciona con una perfección pasmosa. Lo podemos comprobar con solo ponernos a estudiar una hormiga, o las estaciones del año o los ciclos de rotación de todos los astros, incluyendo el Sol, la Tierra y toda su vecindad.

Esto es algo que siempre admiró a nuestros congéneres de todos los tiempos y aun cuando muchos pretendieron desafiar a la razón buscando explicaciones lógicas, con hidalguía, modestia y honestidad la mayoría han tenido que aceptar que un ser Superior ha tenido que ser el artífice de tanto prodigio.

Esto es cierto. Sea lo que sea que nos cueste llegar a esta conclusión, si somos honestos y sinceros siempre desembocaremos en ella. Por eso, los más destacados científicos, finalmente, han tenido que admitirlo. Hay un Dios y un Plan Superior al cual todo responde.

¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.

Si esto es cierto, ¿cómo escapar al determinismo? ¿Cómo conciliar este Plan, que a veces tiene ribetes trágicos, con nuestra libertad? ¿Es que tenemos un Dios que disfruta viéndonos sufrir? ¿Por qué no evitarnos el sufrimiento teniendo todo el poder para hacerlo?

Estas son sin duda muy buenas preguntas que alguna vez nos hemos hecho todos sin conseguir siempre una respuesta que nos satisfaga. Lo que les pasa a las personas ¿es castigo merecido por algo que hicieron? Y si son buenas cosas ¿son recompensas?

Tratemos de dar una respuesta a estas inquietudes. Hemos dicho que Dios lo hizo todo Bien, incluyendo al Hombre. ¿Por qué lo hizo? ¿Jugando a los dados como algunos creemos? ¡No! Dios lo hizo todo por AMOR. Eso nos lo grita la naturaleza y nos lo confirma Jesucristo.

¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.

Él no tenía que hacer nada de esto. Fue concebido por Su Santísima Sabiduría y Voluntad. Haciendo uso de su libérrima Voluntad, Él quiso hacerlo, porque así le pareció bien. Y nos creó a nosotros dentro de este Universo, a Su imagen y semejanza. Es decir, dotados de los atributos necesarios para vivir en él y alcanzar nuestras metas.

Nos creó para ser felices. Y así tendríamos que ser, si razonando y haciendo uso de los atributos con los que fuimos dotados, hiciéramos lo que razonablemente corresponde. No se trata entonces de fatalidad, sino de saber elegir bien, lo correcto.

Pero no siempre, ni todos hemos estado dispuestos a hacer lo que debíamos. ¿Por qué? Por egoísmo, por mezquindad, por soberbia. Siendo inteligentes y libres, teniendo capacidad de discernimiento y reflexión, hemos preferido desafiar la lógica y la razón para imponer por la fuerza nuestros caprichos, aun por encima de la Voluntad de Dios.

¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.

¿Es que acaso nosotros podemos conocer la Voluntad de Dios? Sí, tenemos la capacidad de hacerlo. Está impresa en la naturaleza del Universo del que formamos parte. Está a nuestro alcance descubrirla. Solo tenemos que observar atentamente sus leyes, aprenderlas y seguirlas.

Además, la tenemos registrada en el fondo de nuestros corazones y allí podemos descubrirla cuando haciendo silencio, la buscamos sinceramente. La tenemos como una impronta que Dios ha querido imprimir allí en el fondo de nuestro ser.

Pero, por si todo esto fuera poco, Dios ha querido asegurarse que sigamos Su mandato a ser felices grabado de forma indeleble en nosotros, enviando a Su propio Hijo, para que haciéndose Hombre como nosotros no revele de forma contundente que este es el único Camino.

¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.

Hemos sido creados dotados de Inteligencia, Libertad y Voluntad para imponernos de tal modo a este mundo, que alcancemos la felicidad y con ella la Vida Eterna. Solo tenemos que hacer el Bien. Es decir, seguir lo que Dios nos manda, que lo encontramos en la naturaleza, en nosotros mismos y en la Palabra de Dios contenida en la Biblia y especialmente en los Evangelios.

Dios nos ha creado para ser felices y vivir eternamente. Nosotros, fundados en nuestras capacidades y porque a Él así le ha parecido bien, porque así lo permite, podemos aceptar o rechazar Su Voluntad. Rechazándola nos condenamos a la mentira, la oscuridad y la muerte.

Esto es algo que Dios no quiere para nosotros. Él no quiere que ni uno de nosotros se pierda, por eso envía a Su Hijo, para persuadirnos y mostrarnos el Camino. Pero ni el Padre, ni el Hijo, ni el Espíritu Santo nos forzarán para hacer aquello que nosotros debemos decidir.

¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.

En esta decisión nos jugamos la Vida Eterna o la muerte. Depende de nosotros. Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, nos ha enseñado en síntesis que el Camino es el Amor. Que en tanto amemos estaremos haciendo lo que Dios quiere.

La Voluntad de Dios es que nos amemos unos a otros, como Él mismo nos ha amado, es decir, sin condiciones. Porque Él nos amó incluso antes que existiéramos. Amar es un acto de la Voluntad, que se ejerce libremente. Solo puede amar el que libremente, usando su discernimiento –inteligencia-, opta por hacer la Voluntad de Dios.

Nada, ni nadie puede cambiar esta Voluntad de Dios, que es Eterno, como eterna, por lo tanto, es Su Voluntad. Él no cambia, ni está sujeto a caprichos de ninguna clase. Su Voluntad es más sólida y confiable que cualquier ley del Universo. Eso es en lo que DEBEMOS CREER.

¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.

Si lo pensamos y reflexionamos adecuadamente, aplicando nuestra razón, concluiremos en que lo más razonable es tener fe en Él –creerle-, y por lo tanto hacer Su Voluntad, porque solo ella nos conduce a la Vida Eterna y con ella, a la felicidad plena, para la cual fuimos creados.

Por lo tanto, la Vida Eterna es el propósito, el sentido de nuestras vidas, que está en nosotros alcanzar amando a Dios, lo que solo es posible si amamos a nuestros hermanos, es decir, a toda la humanidad, porque todos somos hijos de Dios.

El tiempo que tenemos en este mundo para cumplir con este propósito es limitado. Es tan solo un suspiro, comparado con la Herencia que nos ofrece Dios a quienes cumplamos con Su Voluntad. Por lo tanto, bien vale la pena el esfuerzo, aun en la adversidad.

¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.

Esto quiere decir que nuestras vidas aquí en la Tierra están sujetas a las mismas leyes de la naturaleza y que por tanto habrán de caducar un día con lo que conocemos como la muerte física.

Sin embargo, como hijos de Dios y compartiendo con Él Su naturaleza que está por encima de la de todos los seres de este mundo, nuestro paso efímero por esta existencia habrá cumplido su propósito y nos alcanzará la Vida Eterna si la vivimos para amar.

Poco importa entonces cómo alcanzamos nuestra muerte natural. Por más dolorosa que esta sea, se trata tan solo de un dato anecdótico, en el que no necesariamente interviene Dios. Lo importante es cómo vivimos, porque es este paso por el mundo el que nos abre las puertas a la Vida Eterna, en la que seremos felices para siempre o nos perderemos.

Si morimos como resultado de un accidente, de una enfermedad, de un crimen o una desgracia natural, es tan solo un dato biográfico, que solo alcanzará verdadera relevancia si como tantos mártires y el propio Jesucristo, ofrendamos nuestra vida por amor.

Así, Dios no nos castiga con esta muerte natural, cualquiera que sea la forma en que vayamos a morir. Que habremos de morir, es una ley que todos conocemos desde que tenemos uso de razón. Lo importante es, por lo tanto, cómo vivimos. Si consagramos nuestra vida al amor, alcanzaremos la Vida Eterna. De otro modo, moriremos para siempre.

¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás? Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.

Oremos:

Padre Santo, ayúdanos a comprender que no tiene importancia cómo morimos, sino cómo vivimos. Que nuestras vidas adquieren sentido en cuanto comprendemos que ellas nos han sido dadas para amar y por lo tanto nos abocamos al amor…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 13,1-9 todos acabarán de la misma manera

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