Lucas 12,8-12 – lo reconocerá ante los ángeles de Dios

Octubre 15, 2016

Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios.

Texto del evangelio Lc 12,8-12 – lo reconocerá ante los ángeles de Dios

08. Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios.
09. Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios.
10. Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
11. Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir,
12. porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir».

Reflexión: Lc 12,8-12

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Lucas 12,8-12 lo reconocerá ante los ángeles de Dios

Aquí el Señor nos hace una promesa a quienes tengamos el coraje de sacar la cara por Él y defenderlo. Entendamos que esta defensa no siempre será directa, a Su Santo Nombre, a Su Templo, a la Eucaristía o a Su Palabra.

Jesucristo nos ama y la Iglesia nos enseña que este amor ha de ser preferencial por los pobres. Porque el mismo Cristo quiso nacer entre los más pobres y humildes. Es aquí que nace esta preferencia. Por lo tanto, estaremos reconociéndolo abiertamente cuando saquemos la cara por los más pobres y humildes.

Mucho hablamos en los últimos tiempos de los pobres, de los excluidos, de los que no tienen nada. Pero qué poco hacemos por atender y resolver verdaderamente sus necesidades y dificultades. En vez de eso, muchos aprovechan la situación para enriquecerse.

Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios.

¿Por qué pobre? Porque el pobre sabe lo que es necesidad y por lo tanto aprecia algo cuando lo consigue. Pero, así mismo, conoce el padecimiento del hambre y el frío, por lo tanto está generalmente más dispuesto a compartir lo poco que tiene con el que no tiene nada.

En cambio el rico, aquel que ha hecho del acumular propiedades y bienes el propósito de su vida, difícilmente es capaz de ceder un ápice de lo que tiene en favor de los que no tienen y por el contrario todo el tiempo se la pasa urdiendo planes para tener más.

A tal extremo llega a veces su ambición, que no repara si para aumentar su riqueza y la utilidad de la misma debe engañar o sorprender al pobre o al ignorante, al menos favorecido, con tal de apropiarse de lo poco que tiene.

Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios.

Nos hemos organizado de tal modo, que son los ricos y poderosos los que imponen las reglas, orientadas a favorecer siempre la acumulación y el despojo. De este modo, los ricos son cada vez más ricos, reduciéndose en número, mientras que los pobres son cada vez más numerosos y más pobres.

La ambición y la confianza puesta en los bienes materiales, como si estos pudieran darnos la felicidad, nos han llevado a las guerras de usurpación, matando sin piedad a nuestros congéneres, para apoderarnos de sus propiedades y sus territorios.

Esta ha sido en síntesis la historia de los últimos dos milenios, agitada por guerras, destrucción, segregación, despojo y muerte. Poco caso le hemos hecho a Jesús que vino a enseñarnos el único y verdadero Camino a la Felicidad y la Vida Eterna, para las que fuimos creados.

Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios.

A fuerza de hacer y favorecer el capricho de los poderosos, hemos construido un mundo en el que unos pocos viven en la abundancia, mientras grandes mayorías tiene que resignarse a la pobreza. Ello ha significado no pocas veces blasfemar, mentir, engañar y asesinar.

Sin embargo, y a pesar de este panorama del que el Señor nos advertía que debíamos alejarnos, escogiendo a Dios en vez del Dinero, ha habido a lo largo de la historia no pocos hombre y mujeres que han estado dispuestos a sacrificar sus vidas por los más pobres, por los más débiles, finalmente por Dios.

Son estos santos, hombre y mujeres dedicados a servir a Dios a través de la fe y de nuestros hermanos, aquellos que nos han legado la fe como el mayor tesoro y la mayor herencia de Jesús que habrá de hacer posible que alcancemos la Vida Eterna.

Y es que reconocer abiertamente a Jesús, al Hijo del Hombre, es hacer la Voluntad del Padre, en todo momento y ocasión. Hacer la Voluntad de Dios, en un mundo que rinde idolatría al Dinero, es ganarse la enemistad de los más ricos y poderosos. Sin embargo a eso estamos llamados todos. Solo así alcanzaremos las promesas de nuestro Señor Jesucristo.

Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos apartemos de la fe. Que confiemos plenamente en Tu Santísima Voluntad, sabiendo que no habrá nada más bueno y reconfortante que hacer lo que nos mandas, en todo momento y lugar. Solo entonces podremos aspirar a la Vida Eterna para la cual fuimos creados…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 12,8-12 lo reconocerá ante los ángeles de Dios

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