Lucas 1,26-38 – ninguna cosa es imposible para Dios

diciembre 20, 2016

Ninguna cosa es imposible para Dios

…porque ninguna cosa es imposible para Dios. Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

Texto del evangelio Lc 1,26-38 

26. Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
27. a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
28. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
29. Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo.
30. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios;
31. vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús.
32. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre;
33. reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.»
34. María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?»
35. El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios.
36. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril,
37. porque ninguna cosa es imposible para Dios.»
38. Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

Reflexión: Lc 1,26-38

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Lucas 1,26-38 ninguna cosa es imposible para Dios

Quiso Dios intervenir en nuestra historia con el propósito de salvarnos. Para ello ideo un Plan, en el que habrían de participar María y José. A cada quién le cupo un rol. La Virgen María sería la madre de Jesucristo, Su Hijo.

Obviamente, para quien no quiere creer en Dios, este es un Plan descabellado, porque no se ajusta a nuestra lógica mundana. Quienes así razonan, se olvidan de un detalle: Dios ha creado el Universo y todo lo contenido en Él, incluyéndonos a nosotros y nuestra lógica.

Resulta incongruente que hayamos entre los creyentes en el Dios de Israel, algunos que pretenden ignorar estos episodios o interpretarlos a su manera. Es decir, aplican su percepción de la lógica Divina tan solo para lo que les parece.

…porque ninguna cosa es imposible para Dios. Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

¿No es un tremendo error seleccionar aquello que nos gusta o parece y dejar lo que no nos convence? ¿Con qué criterio hacemos eso? ¿Es que somos autoridades en la interpretación de las Sagradas Escrituras? ¿No? ¿Entonces, no resulta demasiado arrogante?

Si es nuestro capricho, podemos poner en duda lo que queramos. Y si nos ponemos a escoger, también. Pero, siguiendo este camino, lo único que lograremos será unas Escrituras y una idea de Dios totalmente distorsionada.

Manipulando las Escrituras y manipulando a Dios, terminaremos por crear nuestro propio Dios. Un Dios a nuestra imagen y semejanza, es decir exactamente a la inversa de lo que se nos dice en el Génesis. ¿Puede ser correcto? ¿Será que cada uno tiene la potestad de construir su propio Dios?

…porque ninguna cosa es imposible para Dios. Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

No, no es así. Los que creemos en Jesucristo, creemos en un Dios Creador de todo cuanto existe, tal como confesamos en el Credo. Este es el Único Dios Verdadero, del que nos hablan las Escrituras. Este Dios se nos ha manifestado a lo largo de la historia a través de los profetas.

Creemos en Él tal y como nos lo cuentan las Escrituras y como nos lo han trasmitido nuestros padres, de generación en generación. Gran parte de todo lo que sabemos se lo debemos a ellos, incluyendo nuestra fe.

Pero nuestra fe no aparece de un momento a otro, sino que también ha sido transmitida y heredada de nuestros padres. El estado de la ciencia actual nos permite corroborar hoy, como lo hizo también en el pasado, que este es el mismo Dios al que venimos adorando por siglos y milenios, el mismo cuyas huellas han quedado registradas en el mundo y en las Escrituras.

…porque ninguna cosa es imposible para Dios. Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

De nuestros padres aprendimos a creer en Él, exactamente como ellos a su vez lo hicieron de los suyos. Todos nos hemos hecho las mismas preguntas y a todos se nos han respondido a partir de estas mismas y únicas Escrituras.

Hoy, en este período del año, volvemos nuestros ojos a Jerusalén, exactamente como lo hicieron hace quinientos, mil o más años nuestros antepasados, para recordar y celebrar un acontecimiento: el nacimiento de Jesucristo, el Hijo de Dios, nuestro Salvador.

Dios dispuso que hace poco más de dos mil años naciera Jesucristo en Belén, hijo de una mujer virgen, muy humilde, llamada María, desposada con José. El sería nuestro salvador, aquel del que hasta entonces hablaban las Escrituras como el Mesías.

…porque ninguna cosa es imposible para Dios. Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

Quiso Dios, nuestro Creador, que ninguna de nosotros se pierda. Que habiéndonos creado por amor, para ser felices y vivir eternamente, no fuéramos a perdernos por error, por soberbia, por no hacer lo que Él nos mandó desde siempre.

Es que Dios, en Su Infinita Bondad, Sabiduría y Misericordia nos creó a imagen de Dios, tal como leemos en el Génesis y nos dotó de Inteligencia, Libertad y Voluntad, atributos necesarios para vivir conforme a Su Plan y alcanzar la felicidad y la Vida Eterna.

Sin embargo, no quisimos hacer uso adecuado de estos atributos, y pusimos en tela de juicio el Plan de Dios, nuestro Padre. Abandonando el Camino del Bien, quisimos vivir de espaldas a Dios, desconociendo Sus Planes y haciendo cuanto nos venía en gana.

…porque ninguna cosa es imposible para Dios. Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

Viendo Dios que íbamos camino a la perdición, a la destrucción y a la muerte, decidió enviarnos a Su Hijo Jesucristo a Salvarnos. Él, naciendo, viviendo, muriendo en la cruz y resucitando, nos mostró el Camino de la Salvación.

Jesucristo nos habló de Su Padre, aquel que lo había enviado y nos dijo que este era Dios mismos, nuestro Creador y nos enseñó a referirnos a Él como Padre nuestro. Él nos dijo que el modo de llegar a ser aquello para lo cual fuimos creados es amando a Dios por sobre todas las cosas y amando al prójimo como a nosotros mismos.

Hemos de seguir Su ejemplo. Con Su vida, muerte y Resurrección, Él nos ha mostrado el Camino. Todo lo que tenemos que hacer es lo que Él nos ha mandado. Para ir al Padre, para Salvarnos y Vivir Eternamente, debemos seguir a Cristo.

…porque ninguna cosa es imposible para Dios. Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

El Evangelio de hoy nos habla precisamente de cómo esta Voluntad de Dios se cumplió, con la colaboración, disposición y fe de la Santísima Virgen María. Ella creyó que lo que Dios había dispuesto era posible y se entregó plenamente a la Voluntad de Dios.

Meditemos en el ejemplo de fe que nos da la Virgen María. Aprendamos a oír y discernir la Voluntad de Dios en nuestras vidas y dispongámonos a hacer lo que nos manda. Solo en Él alcanzaremos la Salvación y la Vida Eterna.

…porque ninguna cosa es imposible para Dios. Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

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