Lucas 12,54-59 – no juzgan ustedes mismos lo que es justo

octubre 21, 2016

¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente? ¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?

Texto del evangelio Lc 12,54-59 – no juzgan ustedes mismos lo que es justo

54. Dijo también a la multitud: «Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede.
55. Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede.
56. ¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente?
57. ¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?
58. Cuando vas con tu adversario a presentarte ante el magistrado, trata de llegar a un acuerdo con él en el camino, no sea que el adversario te lleve ante el juez, y el juez te entregue al guardia, y este te ponga en la cárcel.
59. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo».

Reflexión: Lc 12,54-59

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Lucas 12,54-59 no juzgan ustedes mismos lo que es justo

Siempre estamos alertas y atentos a lo que nos conviene. Allí no se nos escapa ningún detalle. Sin embargo, cuando se trata de comprender hidalgamente que el otro tiene la razón y que le corresponde pate de los que reclamamos, ahí si nos hacemos los desentendidos.

El Señor nos reprocha que haya ocasiones que tratemos de justificarnos no haber hecho algo, porque nadie nos dijo. Como si no supiéramos que era aquello lo que teníamos que hacer. ¿Es que estamos acostumbrados a obedecer?

La verdad es que estamos dispuestos a hacer inmediatamente aquello en lo que vemos que podemos obtener algún provecho. De otro modo nos hacemos los sordos, los que no comprendemos, a pesar que somos capaces de entender cosas más complejas.

¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente? ¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?

Ya lo dice el Señor: no hay peor sordo que el que no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver. Resulta muy cómodo justificarnos en la falta de instrucciones para hacer justicia. Como si no supiéramos qué es lo que corresponde a cada quien.

Nos sucede a muchos que cuando recibimos algo que sabemos que está de más, lo guardamos y nos lo quedamos cuando nos conviene y nadie nos lo reclama. En aquel momento nos justificamos argumentado que pensábamos que aquello era correcto. Como si desconociéramos el criterio adecuado.

Por obra de Dios, intuimos y sabemos que es lo que debe hacerse, en justicia, en cada ocasión. Pero como nos conviene que las cosas queden como están, porque hemos sido favorecidos y lo sabemos perfectamente, preferimos el status quo. Así si nadie dice nada o nadie reclama, nos quedamos con lo que no nos corresponde.

¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente? ¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?

Al Señor no lo podemos engañar. Él sabe que nosotros estamos enterados de la situación, que tenemos la capacidad de juzgarla y obrar con justicia, pero nosotros no queremos. Abrigamos la esperanza de vernos favorecidos, aun cuando sea injustamente.

Claro, esto es así cuando la situación nos favorece. Pero si no lo hace, entonces si reclamamos. Al que hace notar el beneficio o gollería que está recibiendo sin que le corresponda, le llamamos la atención por tonto.

Seamos honestos y sinceros. Pongamos todas las cartas sobre la mesa y conversemos. No nos aprovechemos de la situación simplemente porque nos es favorable. Aun cuando ello represente una pérdida o un sacrificio para nosotros, promovamos la justicia.

¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente? ¿Por qué no juzgan ustedes mismos lo que es justo?

Oremos:

Padre Santo, danos apego sincero a la justicia. Que no pretendamos nada de aquello que sabemos no nos corresponde. Que no alberguemos envidia en nuestros corazones, que por el contrario seamos generosos en reconocer aquel dinero o talentos que corresponden a otros…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 12,54-59 no juzgan ustedes mismos lo que es justo

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