Lucas 12,49-53 – he venido a traer la división

Octubre 20, 2016

¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división.

Texto del evangelio Lc 12,49-53 – he venido a traer la división

49. Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!
50. Tengo que recibir un bautismo, ¡y qué angustia siento hasta que esto se cumpla plenamente!
51. ¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división.
52. De ahora en adelante, cinco miembros de una familia estarán divididos, tres contra dos y dos contra tres:
53. el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra».

Reflexión: Lc 12,49-53

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Lucas 12,49-53 he venido a traer la división

Creemos que, efectivamente, a veces se hace un poco difícil entender los evangelios. Sin embargo pensamos que esta dificultad se da sobre todo entre los más acomodados, los más ricos, los más poderosos o los más destacados a nivel intelectual.

Quiere decir que nos es tan difícil para la gente del pueblo, la gente humilde y modesta. ¿Por qué? Porque ellos están más habituados a la fe cotidiana, llena de pequeños gestos, en los que se advierte con nitidez la presencia del Señor.

Para nosotros los citadinos “cultos”, por ejemplo, el “agua bendita” tienen poco o ningún valor. Nos parece algo folklórico o anecdótico que el “pueblo” se agolpe para recibir unas cuantas gotas de agua Bendita. Nuestro Dios es más sofisticado…

¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división.

Tenemos la Gracia de haber sido nombrados Ministros de la Comunión en nuestra Parroquia, y hoy celebramos –como cada 20- la fiesta del Divino Niño. ¡Qué devoción extraordinaria! ¡Cómo ha ido creciendo! ¡Qué bueno ser parte de ella!

Cada 20, en nuestra Parroquia, se celebran más Misas que el Domingo y en todas el templo está repleto. Son necesarios dos y a veces hasta tres Ministros para distribuir la Comunión. ¡Es una maravilla! Antes nos molestaban y huíamos de estas Misas porque pensábamos erróneamente que aquello era un desbarajuste aturdidor y que no podían gustarle al Señor.

Hoy sabemos que estábamos equivocados. Que el Señor y los pobres, los humildes, hablan el mismo lenguaje. Así que en aquel aparente desorden, exento de “señoritos”, depurados intelectualmente, es donde más gusta estar nuestro Señor. Para ellos ha venido.

¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división.

Por lo tanto, no es cierto que los más humildes y pobre no puedan entender la Palabra del Señor. La entienden mejor, porque el Señor se dirige de modo especial a ellos, y no a los que lo tienen todo y viven tan acomodados, que les molesta el olor a multitud humilde.

Es esta gente la que hace cola y se agolpa para que el Celebrante o alguno de nosotros, los Ministros, les hagamos caer en sus cabeza, en sus cuerpos, en sus estampas o relicarios unas gotas de agua Bendita. ¡Qué alegría hay en sus rostros cuando lo consiguen!

Niños y adultos se acercan. ¡Y cómo lo agradecen! A más de uno les resulta imposible reconocernos como “padrecitos”. No lo somos. Pero no es momento de aclarar nada. El Agua Bendita en la que han puesto su esperanza ha sido desparramada por nosotros. Eso basta.

¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división.

¿Qué no será capaz de hacer el Señor a través de esta Agua Bendita? Por eso, el próximo mes serán muchos más. ¡Qué alegría, qué Bendición ser sus manos, aun cuando solo sea para esta labor tan simple. Ser cristianos es hacernos disponibles para hacer lo que el Señor Jesucristo nos manda.

¡Cómo no entender, entonces, que el Señor ha venido a traer fuego a este mundo y ya quisiera que estuviera ardiendo! ¡Esto es lo que Él quiere! ¡Que todo el mundo lo reciba con devoción! ¡Que ardan los corazones por recibirlo! ¡Que lo reciban con entusiasmo!

Para eso hay que sentir fervor. Hay que saber lo que es la pobreza, la necesidad, la carencia, la soledad y el desprecio. Entonces es que se aprecia el cariño, la deferencia, la sonrisa, la solidaridad…en suma, la presencia de Dios.

¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división.

Si esto es lo que causa Dios en los hombres, si esta transformación es la que produce su amor, ¿cómo no habríamos de querer con Él que de una vez arda el mundo? Sí, es verdad, encontraremos oposición, pero poco a poco, con la Gracia de Dios y el influjo del Espíritu Santo, cada vez seremos más los que abriremos nuestros brazos, nuestras mentes y nuestros corazones a Jesús.

Es en este sentido que el Señor ha traído división. Porque somos cada vez más los que dejamos de pensar y sentir como los demás. Porque nos vamos dando cuenta que debemos ir con el Señor, que va contra corriente.

Somos parte de un proceso, de un movimiento que no se detendrá jamás, hasta que hayamos llegado a la Patria Celestial. El Señor lo ha querido así. Él ha iniciado esta hoguera y ciertamente, como desearíamos que todo estuviera ya ardiendo.

¿Piensan ustedes que he venido a traer la paz a la tierra? No, les digo que he venido a traer la división.

Oremos:

Padre Santo, te damos gracias por habernos enviado a Tu Hijo a Salvarnos y te pedimos que nos des el valor, la lucidez, la fe y la alegría de seguirlo, con entusiasmo, deseando -como Él-, que de una buena vez arda este mundo abrazado por su amor…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 12,49-53 he venido a traer la división

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