Lucas 12,39-48 – administrador fiel y prudente

Octubre 21, 2015

Texto del evangelio Lc 12,39-48 – administrador fiel y prudente

39. Entiéndanlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa.
40. También ustedes estén preparados, porque en el momento que no piensen, vendrá el Hijo del hombre.»
41. Dijo Pedro: «Señor, ¿dices esta parábola para nosotros o para todos?»
42. Respondió el Señor: «¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente?
43. Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así.
44. De verdad les digo que le pondrá al frente de toda su hacienda.
45. Pero si aquel siervo se dice en su corazón: “Mi señor tarda en venir”, y se pone a golpear a los criados y a las criadas, a comer y a beber y a emborracharse,
46. vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los infieles.
47. «Aquel siervo que, conociendo la voluntad de su señor, no ha preparado nada ni ha obrado conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes;
48. el que no la conoce y hace cosas dignas de azotes, recibirá pocos; a quien se le dio mucho, se le reclamará mucho; y a quien se confió mucho, se le pedirá más.

Reflexión: Lc 12,39-48

¿Cuál debe ser nuestra actitud en la vida? ¿Cómo debemos abordarla? Exactamente como el administrador fiel y prudente. La vorágine en la que vivimos nos hace olvidar con mucha frecuencia que nada de lo que tenemos en realidad es nuestro, que somos meros administradores de algo que hemos recibido por Gracia de Dios. Detengámonos a reflexionar un momento en esta idea. En la privacidad del lugar en el que te encuentras, pasa revista lentamente a todo lo que te rodea. La silla, la mesa, la computadora que estás usando; más allá posiblemente una cama, un televisor, algunos muebles, cierta comodidad, un techo y lo más importante: tal vez una esposa o esposo y unos hijos. En mi caso, solo mi esposa, ya durmiendo. Nada, -entendámoslo bien-, absolutamente nada de lo que puedes ver es tuyo. ¿Me dirás que lo merecías? ¿Qué hiciste para merecerlo? Vamos a abordar el tema desde otro punto de vista, para ser más claros y tener una visión más justa y acorde a la realidad. Mientras estoy escribiendo, tengo una sobrina hospitalizada a la que ayer operaron de la cadera. Entre los muchos males que aquejan a la pobre está la ceguera casi total desde los diez años. ¿Qué hizo para merecerla? Cuando era niña le descubrieron un tumor en el cerebro y una mala operación terminó por comprometerle el nervio óptico y la hipófisis, afectando así mismo su desarrollo. ¿Qué hizo para merecerlo? ¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente?

La vida de mi hermano, de su familia y especialmente de mi sobrina ha sido muy dura desde aquel entonces. No pudo asistir al colegio como todos los niños de su edad, nunca tuvo enamorado y no creo que haya tenido la Gracia de vivir el enamoramiento. Se ha esforzado muchísimo por desenvolverse de forma independiente, pero siempre ha tenido que recibir consideraciones y ayuda especial debido a sus limitaciones, sobre todo físicas, porque siempre destacó por su inteligencia fotográfica, su bella voz y su habilidad para inventar historias. En el transcurso de sus poco más de 35 años, ha soportado más de 10 operaciones, algunas muy serias debido a su obstinación por llevar una vida normal y las múltiples caídas que ello le causo. Su vida ha sido una constante lucha que sin embargo siempre ha sabido enfrentar con buen humor. Es un verdadero ángel, al que –debo reconocer- nunca habremos tratado lo suficientemente bien, ni con la consideración que debíamos y que hubiéramos esperado que lo hicieran con nosotros. ¿Por qué? Porque siempre estamos apurados, porque siempre tenemos cosas más importantes que hacer que esperar a su ritmo o atender a sus recuerdos de cuando solía ver o a sus historias imaginarias. ¿Ella merecía lo que recibió de la vida? ¿Merece lo que cada uno de nosotros le damos? ¿Merecemos darle tal trato? ¿Qué hicimos cualquiera de nosotros para no padecer lo que ella? Todos tenemos una cruz que llevar, es verdad. Pero hay cruces y cruces. ¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente?

Sin embargo, hay varios comunes denominadores en nuestras historias, por más distintas que parezcan. Todos un día nacimos –a Dios gracias no nos abortaron-, todos hemos vivido y un día hemos de morir. Algunos de nuestros parientes, al igual que algunos de nosotros, gozaron de riqueza y lujos, mientras que de otros sabemos muy poco. El hecho es que más allá de nuestros abuelos, a quienes algunos tuvimos la suerte de conocer y recordar borrosamente, difícilmente recordamos a alguien más y son muy pocas, si algunas de sus pertenencias las que todavía conservamos. ¿De qué sirvió todo lo que atesoraron? ¿De qué sirvió su fama y su poder, si lo tuvieron, si actualmente nadie se acuerda de ellos? Mandamos celebrar Misas por nuestros padres, rara vez por nuestros abuelos y nunca por nuestros bisabuelos. ¿Qué es pues lo que importa en esta vida? Desde luego no el dinero. Somos meros administradores temporales, es lo que nos recuerda hoy el Señor. Tenemos que rendir cuenta de lo que recibimos, NADA de lo cual merecimos. ¿En función a qué será medido el rendimiento de lo recibido? ¿En función a su multiplicación y acumulación o en función del Bien que hicimos con cuanto tuvimos a nuestro alcance? ¿Qué nos dice el Señor? Antes que nada, ¿por qué tendría que importarnos lo que Él nos dice? Porque si nosotros somos los administradores, Él es el DUEÑO. Siendo Él a quien tenemos que rendir cuentas, lo razonable sería saber cuál es Su Voluntad. Jesucristo nos revela que Dios Padre quiere que amemos y sirvamos a los demás, por lo tanto será en función de eso que seremos evaluados. Quiere decir que el que tuvo muy poco –como la viuda pobre- y sin embargo no tuvo ningún reparo en compartirlo, será premiado como buen administrador. En cambio el que tuvo mucho y se lo guardó todo para sí, no tendrá acceso al Reino de los Cielos preparado para todos los que supieron vivir como Hijos de Dios, haciendo Su Voluntad y cuidando de sus hermanos menos favorecidos. ¿Estamos con Dios o el Dinero? ¿Recogemos con Dios o esparcimos con el Demonio? El Señor ha hecho todo para salvarnos, para que tengamos Vida Eterna. Depende de nosotros el alcanzarla. ¿Quién es, pues, el administrador fiel y prudente a quien el señor pondrá al frente de su servidumbre para darles a su tiempo su ración conveniente?

Oremos:

Padre Santo, te agradecemos por todas las Gracias recibidas de Tus Santísimas manos, sin merecerlas y te pedimos nos ayudes a ponerlas al servicio de la salvación de nuestros hermanos y la nuestra…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

(43) vistas

Deja un comentario