Lucas 12,35-38 – yendo de uno a otro, les servirá

octubre 20, 2015

Texto del evangelio Lc 12,35-38 – yendo de uno a otro, les servirá

35. «Estén ceñidos sus lomos y las lámparas encendidas,
36. y sean como hombres que esperan a que su señor vuelva de la boda, para que, en cuanto llegue y llame, al instante le abran.
37. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo les aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.
38. Que venga en la segunda vigilia o en la tercera, si los encuentra así, ¡dichosos de ellos!

Reflexión: Lc 12,35-38

¡Qué grande es el Señor! ¡Qué Maestro! Basta un versículo para darnos una lección de vida. Solo hace falta un ingrediente para entenderlo todo: fe. Sin este, efectivamente nada tiene sentido. Ponemos la fe y todo se acomoda. Es que el servicio es la forma práctica en la que se manifiesta la fe, por lo tanto el que sirve con humildad, es seguro que tiene fe y el que tiene fe, no tendrá ningún reparo en servir dócilmente y sin condiciones. Es que sin fe no podemos ni si quiera empezar a hablar. Es la fe la que da sentido a nuestro discernimiento, a nuestras reflexiones y pensamientos. Pasa con frecuencia que nos encontramos con amigos que quieren explicar racionalmente su fe, pero luego, a la hora de actuar presentan una fractura, una incoherencia entre lo que dicen y lo que hacen. Es que lo más probable es que hayan aprendido de memoria ciertos razonamientos cristianos y los repiten como loros, sin realmente comprenderlos, ni hacerlos suyos. Hoy encontraba en Facebook una prueba palpable de esta fractura y nada menos que en el comportamiento de la “primera dama” de la nación, como se le conoce en el Perú al cónyuge del Presidente, de quien se dice que en realidad es la que gobierna. Asistía en primera fila al homenaje a la imagen del Señor de los Milagros con sus menores hijos, a quienes no tuvo ningún reparo en hacerlos retratar días atrás en una campaña en favor del aborto. Es decir, una incongruencia total, de la que además seguro que ni se percata. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo les aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.

¿Y por qué pasan estas cosas? Porque como reza el dicho: queremos quedar bien con Dios y con el Diablo y ello en la práctica no es posible. El Señor es muy claro y enfático en esto. No podemos servir a dos señores. O estamos con Dios o estamos con el Dinero. Es preciso decidir y el que cree que puede seguir por un camino intermedio, tratando de conciliar lo que más le gusta o conviene, se engaña. Hace algunas semanas comentábamos el escándalo de Volkswagen en Alemania, que le costará varios miles de millones de euros, que muy bien hubieran podido invertirse en dar acogida y trabajo a todos los refugiados Sirios, sin embargo ello no pasará de ser una idea peregrina, porque en vez de eso, como hemos podido apreciar ayer -18 de octubre-, miles de alemanes han salido a marchar convocados por PEGIDA (Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente) contra la política de acogida a los refugiados, en vez de manifestar contra los corruptos e inmorales que terminarán infringiendo una grave pérdida económica al país, con lo que muy bien hubieran podido rescatar a otras economías europeas, además de brindar trato adecuado a los refugiados. No se puede quedar bien con Dios y con el Diablo. O servimos a Dios o servimos al Dinero. ¡Qué duda puede caber que lo que corresponde urgentemente es dar refugio y acogida a estos seres humanos que han salido huyendo del genocidio al que están siendo sometidos por los traficantes de armas y petróleo! Este pueblo ha tenido la desgracia de estar justo en el escenario escogido por las potencias y sus mafias para desatar una puja por el poder, donde los muertos y la destrucción son tan solo parte de los cálculos estadísticos que finalmente determinarán la derrota o victoria temporal de uno de los bandos, desplazando el epicentro a otro lugar, para seguir forcejeando y destruyendo armas sofisticadas y ciudades, que después serán reconstruidas para volverlas a destruir, multiplicando las ganancias de los grandes consorcios internacionales, a los que sirven los gobiernos. Paradójicamente es lo irrecuperable lo que menos les interesa: las vidas de miles y aun millones de inocentes masacrados o condenados a vivir paupérrimamente en refugios. Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo les aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.

Hemos despreciado lo que el Señor nos manda o lo seguimos tan solo teóricamente, porque en la práctica no tenemos fe; no creemos en Él al punto de dejarlo todo y vivir como Él nos manda. Es que nadie lo hace. Es que habría que estar loco. ¿Cómo dejar lo que tenemos, que nos brinda alguna seguridad en este mundo, para abrazar la incertidumbre del seguimiento a Jesús, desprendidos de todo bien? ¿Cómo pagaré la endodoncia que necesito o la curación de mis articulaciones o el viaje soñado aquel para visitar a mi hijo? ¿De seguir empobreciendo y envejeciendo, dónde viviremos, qué comeremos, quién velará por nuestra salud? Nos aterra no poder responder con algo –contante y sonante-, a estas preguntas. A pesar que el Señor nos dice que él vela por los pajaritos y nosotros valemos mucho más, porque hasta nuestros cabellos están contados, no le llegamos a creer del todo. ¡Nos falta fe! Nos cuesta abandonarnos a Su Providencia. Esta es la verdadera lucha a la que nos invita el Señor. Tenemos que darla ya y decidir de una vez por todas: estamos con Él o estamos contra Él. Recogemos con Él o desparramamos. No hay medias tintas. El Señor nos ha dejado al cuidado de Su hacienda; si cuando vuelva nos encuentra ocupados y sirviéndolo fielmente, Él mismo se pondrá a servirnos. Esta es la tarea que debemos estar cumpliendo. Esta es nuestra Misión; la única que importa. ¿Lo creemos? ¿Creemos en Dios? ¿Creemos en Jesucristo, Su único Hijo, nuestro Señor? Dichosos los siervos, que el señor al venir encuentre despiertos: yo les aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa y, yendo de uno a otro, les servirá.

Oremos:

Padre Santo, que no vivamos para otra cosa que no sea servirte. Purifica nuestras razones y nuestros propósitos. Danos valor para no temer arriesgarlo todo en tu nombre…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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