Lucas 12,13-21 – la vida de uno no está asegurada por sus bienes

Octubre 19, 2015

Texto del evangelio Lc 12,13-21 – la vida de uno no está asegurada por sus bienes

13. Uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo.»
14. Él le respondió: «¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre ustedes?»
15. Y les dijo: «Miren y guárdense de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.»
16. Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto;
17. y pensaba entre sí, diciendo: “¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?”
18. Y dijo: “Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes,
19. y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea.”
20. Pero Dios le dijo: “¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?”
21. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios.»

Reflexión: Lc 12,13-21

Hay dos claras situaciones sobre las que nos invita a reflexionar el Señor el día de hoy. La primera es respecto a aquella tentación de ponerlo a Él de juez entre nosotros y su rechazo a jugar este papel, porque Él no ha venido para eso. ¡Ojo! Este es un grave error en el que caemos con alguna frecuencia. Nosotros hemos sido dotados de todas las cualidades y capacidades que debieran servir para entendernos. Precisamente estamos obligados a construir relaciones armoniosas basadas en estos recursos, siendo el amor su producto más caro. Nosotros hemos sido creados para el amor y es esto lo que debemos esforzarnos en lograr. El amor es eso: una construcción que vamos desarrollando en base a sacrificios y esfuerzo. Quien no lo entiende así, está totalmente equivocado. ¡Qué fácil resulta pedir que nos de esto o aquello! Acostumbrarnos a exigir y esperar consideraciones, sin estar dispuestos a dar nada a cambio. Este es el “engreimiento” en el que caen muchos niños y jóvenes de hoy como resultado de relaciones que distorsionan el amor, convirtiéndolo en un interruptor, en un botón, en el clic que debemos oprimir para conseguir nuestra propia satisfacción. Y les dijo: «Miren y guárdense de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.

¡Qué fácil y qué cómo resulta pedirle a Dios que resuelva nuestros problemas, como si no tuviéramos en nuestras manos la capacidad para hacerlo! Dios nos ha dotado de todo lo necesario para el amor, pero nosotros hemos querido edificar un mundo de espaldas a Dios y al amor, como si esto fuera posible. Basados en nuestras capacidades y cualidades, hemos decidido “independizarnos” y hacer lo que nos apetece, como el adolescente aquel que se larga de su casa, en busca de fortuna o de placeres, drogas y alcohol, desoyendo a su “aburrido, cucufato y anticuado” padre, sintiéndose dueño del mundo, infalible y capaz de cualquier cosa, porque dos o tres le salieron a pedir de boca. Pasar por encima de las pretensiones de otros resulta muchas veces más fácil de lo que parece para el arrogante, cínico y prepotente. Son “trucos o estratagemas” que se van aprendiendo para alcanzar el “éxito” que “todos” buscamos a cualquier precio. Allí es donde nacen el popular “es normal” y “si todos lo hacen, por qué no yo”, que se han llegado convertir en la norma del proceder popular. Hacer lo que todos hacen parece garantía suficiente de corrección. Es entonces, cuando las cosas no salen como habíamos previsto, que volvemos los ojos a Dios para que nos arregle el entuerto y Él no está para eso. Si quieres hacer las cosas bien, si quieres justicia, si quieres perdón, empieza por amar. Y les dijo: «Miren y guárdense de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.

Lo segundo, que se deriva de esto mismo, es que no hay nada en este mundo que valga más que la vida, que nada ni nadie la puede asegurar para la eternidad, excepto Dios y el Amor, que finalmente son dos palabras para expresar lo mismo. Se engaña quien hace el propósito de su vida asegurarse bienes para pasar todos los inviernos que se avecinan, porque no sabe si quiera si llegará al próximo. No podemos vivir depositando nuestra confianza en la cantidad de bienes o dinero que atesoramos, porque por hacerlo descuidamos COMPARTIR con nuestros hermanos, amigos, vecinos y la sociedad en su conjunto. Todo lo que atesoramos, que al momento muchas veces inesperado de nuestras muerte dejamos teóricamente como herencia a nuestros descendientes, constituye la prueba irrefutable de nuestro poco o ningún compromiso con el bienestar de nuestros hermanos, que habrá de señalarnos como responsables de su pobreza, enfermedades, persecución, injusticia e incluso muerte, porque tuve hambre y no me diste de comer, tuve sed y no me diste de beber, tuve frio y no me diste abrigo, no tenía donde guarecerme de las inclemencias del clima, ni donde dormir y no me diste techo…No podemos vivir de espaldas a Dios y aquel que se dedica a acumular y atesorar, por más loable que parezcan sus motivos, como dejar algo para sus hijos, está diciendo que no cree en Dios, que no confía en su Providencia; que solo él es capaz de cuidar y velar por su descendencia, como no lo haría ni Dios. Otro cargo más sobre el que tendremos que responder. ¿Qué diremos? ¡Ordenemos nuestras vidas, no seamos necios! ¡Demos prioridad a lo que realmente merece en orden a Dios! Y les dijo: «Miren y guárdense de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes.

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos hagamos esclavos de la codicia, ni de una vida centrada en la fortuna o la cantidad de dinero y propiedades acumuladas. Que aprendamos a compartir GENEROSAMENTE con los más débiles, con los más pobres y vulnerables, dando testimonio de una vida centrada en Tí…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

(25) vistas

Deja un comentario