Lucas 12,13-21 – Cuídense de la abundancia

Octubre 17, 2016

«Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?». Después les dijo: «Cuídense de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas».

Texto del evangelio Lc 12,13-21 – Cuídense de la abundancia

13. Uno de la multitud le dijo: «Maestro, dile a mi hermano que comparta conmigo la herencia».
14. Jesús le respondió: «Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?».
15. Después les dijo: «Cuídense de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas».
16. Les dijo entonces una parábola: «Había un hombre rico, cuyas tierras habían producido mucho,
17. y se preguntaba a sí mismo “¿Qué voy a hacer? No tengo dónde guardar mi cosecha”.
18. Después pensó: “Voy a hacer esto: demoleré mis graneros, construiré otros más grandes y amontonaré allí todo mi trigo y mis bienes,
19. y diré a mi alma: Alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe y date buena vida”.
20. Pero Dios le dijo: “Insensato, esta misma noche vas a morir. ¿Y para quién será lo que has amontonado?”.
21. Esto es lo que sucede al que acumula riquezas para sí, y no es rico a los ojos de Dios».

Reflexión: Lc 12,13-21

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Lucas 12,13-21 Cuídense de la abundancia

¡Qué seguros nos sentimos cuando hay abundancia! Cuando tenemos más de lo que necesitamos, estamos tranquilos y algunos tanto, que ya no deseamos esforzarnos por emprender nada. ¿Para qué? Si lo tenemos todo.

Incluso los más modestos nos sentimos seguros cuando tenemos un par de billetes de respaldo en el bolsillo. Podemos decir que no, pero es así. Hasta nos cambia la voz y qué decir de la firmeza de nuestro carácter.

Con qué aplomo planificamos, dirigimos, nos oponemos y sugerimos, cuando estamos respaldados por nuestra billetera. Cuando tenemos por lo menos el techo y la comida asegurada, tenemos más confianza en nosotros.

«Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?». Después les dijo: «Cuídense de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas».

Así, aunque nos cueste reconocerlo, contar con un buen respaldo económico, nos da seguridad en la vida. Podemos ver y afrontar con otro semblante cualquier reto. ¿Cuánto es el mínimo indispensable? Lo necesario para pasar el día con tranquilidad.

¿Qué ocurre cuando no lo tenemos? Nos angustiamos. Más aún si tenemos niños, ancianos o discapacitados a nuestro cargo. No nos gusta vivir esta incertidumbre. Nadie la soporta. De allí nuestra carrera por atesorar.

Cuando hemos pasado ocasionalmente por la carestía, peor aún si la temporada ha sido larga, nos hacemos el propósito de no volver a enfrentarla y entonces hacemos lo indecible por alejarla. Trabajamos de día, de noche y de lo que sea, con tal de tener lo suficiente.

«Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?». Después les dijo: «Cuídense de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas».

Luego, como resultado del esfuerzo constante, van llegando las oportunidades. Entonces empezamos a redoblar nuestros esfuerzos por no dejarlas pasar. Por atesorar todo lo que nos pueden proveer. Muy rápidamente las oportunidades superan nuestras expectativas y entonces no podemos renunciar a ella.

Una en pos de otra se prodigan con generosidad. En menos de lo que canta un gallo, no conocemos la escasez, pero no podemos detenernos, y empezamos a acumular y acumular, hasta tener mucho más de lo que podíamos desear y necesitar. Entonces ¿qué hacemos?

En vez de detenernos, porque ya no necesitamos más o compartir lo que vamos logrando, empezamos a acumularlo con el viejo cuento de la hormiga y la cigarra, guardando pan para mayo, a pesar que en poco tiempo ya tenemos lo suficiente para pasar varios mayo.

«Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?». Después les dijo: «Cuídense de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas».

Luego viene el miedo a perderlo todo, a despilfarrarlo o a que nos lo roben. Y entonces empezamos a protegernos. Nos hacemos fuertes. Después queremos más y basándonos en nuestro poder empezamos a despojar a los menos afortunados, en vez de compartir con ellos o ayudarlos.

Esa es la dinámica del Dinero. Evitemos caer en ella, porque nos engullirá. Es un círculo vicioso del que no saldremos más. Es posible que pasemos la vida sin sobresaltos, pero al final ¿dónde iremos? Si con lo que tuvimos no supimos prepararnos una morada en el Cielo, finalmente lo perderemos todo: la vida y lo que acumulamos.

Recordemos que de nada sirve salvar la vida si perdemos el alma. Estemos siempre dispuestos a compartir generosamente todo lo que tenemos, solo así estaremos acumulando tesoros donde no entra la polilla, ni el gusano carcome. Solo así seremos realmente felices.

«Amigo, ¿quién me ha constituido juez o árbitro entre ustedes?». Después les dijo: «Cuídense de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por sus riquezas».

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos perdamos en el círculo de la abundancia. Que no nos aferremos tanto a nuestros bienes, considerándolos siempre escasos, de modo que no queramos desprendernos de ninguno de ellos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 12,13-21 Cuídense de la abundancia

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