Lucas 12, 54-59 – procura en el camino arreglarte

octubre 23, 2015

Texto del evangelio Lc 12, 54-59 – procura en el camino arreglarte

54. Decía también a la gente: «Cuando ven una nube que se levanta en el occidente, al momento dicen: “Va a llover”, y así sucede.
55. Y cuando sopla el sur, dicen: “Viene bochorno”, y así sucede.
56. ¡Hipócritas! Saben explorar el aspecto de la tierra y del cielo, ¿cómo no exploran, pues, este tiempo?
57. «¿Por qué no juzgan por ustedes mismos lo que es justo?
58. Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel.
59. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo.

Reflexión: Lc 12, 54-59

Jesús nos insta a ponernos de acuerdo entre nosotros. No dejar que las cosas se desenvuelvan a su libre albedrío, sino esforzarnos por ponerlas en orden, poniéndonos de acuerdo. Es una lección importante, porque tendemos a enemistarnos y romper palitos, es decir, alejarnos tachando a nuestro rival o enemigo, condenándolo a la muerte espiritual en nuestra relación. No volvemos a acercarnos y hacemos lo imposible por ignorarlo, como si no existiera. Este en realidad no es un arreglo; no para el Señor. Por lo tanto hemos de meditar en estas situaciones que acarreamos en nuestras vidas, para resolverlas adecuadamente, esforzándonos por no dejar cabos sueltos; que no quede nada pendiente. No vaya a ser que creemos tener razón y resulte que no es así, que hicimos mucho daño y que con nuestra actitud no estemos nada más que profundizado el dolor y malestar. No esperemos a darnos cuenta cuando ya sea demasiado tarde para repararlo. Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel.

Inspirados en estas ideas seguramente hemos empezado a hurgar en nuestras vidas revisando cada una de nuestras relaciones rotas o enfriadas, tratando de establecer por qué ocurrió, con el propósito de repararlas hasta donde nos sea posible. Este es un buen ejercicio que traerá paz y coherencia a nuestras vidas. En muchos casos, una llamada, una visita, hará que todo lo anterior quede olvidado y vuelva a resurgir la ilusión, sobre todo tratándose de amistades antiguas, entrañables, profundas. Es como darnos un baño matinal después de un gran esfuerzo o simplemente para desperezarnos. El efecto renovador durará por mucho tiempo, con la satisfacción de haber tomado la iniciativa de haber sacado a relucir en nuestras vidas algo que no tenía por qué estar oculto o congelado. Propongámonos periódicamente activar todas esta relaciones en la medida que nos sea posible. Sumar amor solo puede ser reconfortante. Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel.

Pero hay algo más que tal vez debemos considerar. Cuando meditábamos esta lectura surgió muy claro en nuestra mente que hay relaciones muchos más cercanas y estrechas con cuyo deterioro aprendemos a vivir, como aceptándolas o resignándonos a que tendrán que ser así, sin hacer un esfuerzo significativo por solucionarlas. Un poco más de interés y empeño por llevar nuestras relaciones a otro nivel, tal vez podría iluminar nuestras vidas. No digo que vaya a ser así necesariamente, pero si hubieron orgullos, soberbias y malos entendidos de por medio, que determinaron ciertos distanciamientos o reservas entre nosotros, podría ser el momento de superarlas, deponiendo nuestra artillería, pidiendo perdón y rescatando todo lo bueno que nos une, en vez de hacer un giro tratando de evitar este tema. Hay, sobre todo entre los esposos, muchos asuntos que se sobreentienden y que tanto uno como otro tratan de evitarlos para no incomodarse mutuamente, pero que sin embargo tal vez están acarreando frustración o mortificación a uno de ellos, al no poder compartirlo o sacarlo y exponerlo libremente. Y, aunque muchas veces creemos que los tenemos identificados y bajo control para que no nos afecten de otro modo, lo cierto es que siempre terminan afectando en otros ámbitos, sacado a relucir, por ejemplo, una inexplicable intolerancia o falta de comprensión, o irritación desproporcionada en otra situación, aparentemente no relacionada…Por eso, lo mejor, lo ideal, resulta lo que el Señor nos recomienda, es decir, no tener entre nosotros nada pendiente sin resolver, porque ello solo alimenta nuestras diferencias y acarrea sufrimiento innecesario en el otro, del que a lo mejor ni somos conscientes y en aquel momento final, podrían surgir los reproches y demandas. No esperemos a entonces para perdonarnos, que será demasiado tarde. Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel.

Oremos:

Padre Santo, danos la sabiduría para reconocer todas aquellas situaciones conflictivas de las que somos parte; valor y humildad para saber pedir perdón, encontrando el amor de Dios en nuestro prójimo y aprendiendo a cultivarlo…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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