Lucas 11,42-46 – imponen a los hombres cargas intolerables

Octubre 14, 2015

Texto del evangelio Lc 11,42-46 – imponen a los hombres cargas intolerables

42. Pero, ¡ay de ustedes, los fariseos, que pagan el diezmo de la menta, de la ruda y de toda hortaliza, y dejan a un lado la justicia y el amor a Dios! Esto es lo que había que practicar aunque sin omitir aquello.
43. ¡Ay de ustedes, los fariseos, que aman el primer asiento en las sinagogas y que se los saluden en las plazas!
44. ¡Ay de ustedes, pues son como los sepulcros que no se ven, sobre los que andan los hombres sin saberlo!»
45. Uno de los legistas le respondió: «¡Maestro, diciendo estas cosas, también nos injurias a nosotros!»
46. Pero él dijo: «¡Ay también de ustedes, los legistas, que imponen a los hombres cargas intolerables, y ustedes no las tocan ni con uno de sus dedos!

Reflexión: Lc 11,42-46

Esto es lo que se llama ir por lana y salir trasquilado. Jesús no tiene pelos en la lengua y dice las cosas como son. Los legistas pensaron que en consideración a su embestidura Jesús los iba a tratar de otro modo, pero se equivocaron. Al Señor no le podemos engañar y no podía pasar por alto la actitud de estos supuestos defensores de la ley, el derecho y la legalidad, que se prestan a legislar e imponer normas que favorecen a los poderosos, en desmedro de los más pobres. Tal es el caso, por ejemplo, de los Congresistas de la República que sin ningún desparpajo aprueban decretos y leyes que norman, por ejemplo, el trabajo de los obreros o los permisos pre y post natales de las mujeres trabajadoras, exigiendo con rigidez que se ciñan a condiciones que ni ellos, ni sus hijos aceptarían. Más claramente aun: por decreto establecen un Sistema Integrado de Salud (SIS) que reúne todos los Sistemas de Salud en uno, estableciendo la universalidad del acceso al mismo, lo que teóricamente beneficia por igual al mundo entero, porque gracias a ello todos tienen derecho a acceder gratuitamente a los servicios de salud prestados por el estado. Pero lo que se oculta demagógicamente es que los usuarios del SIS pasan a ser 1,000 en vez de los 100 que eran antes de integrarse todos los sistemas, con el mismo presupuesto y los mismos recursos. En resumen: la misma sopa que antes alimentaba a 100 ahora tiene que alimentar a 1,000. La ley es “hermosa” y aparentemente un “avance social” pero en realidad es tan falsa, que los mismos legisladores contratan –porque pueden, porque tienen cómo- su propio servicio de salud privado, descalificando para ellos al SIS y dejándolo para los miserables. Es esta actitud la que condena Jesús. ¡Ay también de ustedes, los legistas, que imponen a los hombres cargas intolerables, y ustedes no las tocan ni con uno de sus dedos!

Así como estos, en nuestros países abundan los ejemplos. Cuando yo era niño existía lo que se llamaba el Servicio Militar Obligatorio (SMO), por el cual, teóricamente, todo el mundo estaba obligado a servir al país en el Ejército por uno o dos años. En la práctica, ¿quiénes cumplían con este servicio? Los analfabetos, los pobres, los desvalidos que no contaban con “padrinos” ni recursos pecuniarios suficientes para hacerse exceptuar. El que en la actualidad haya desaparecido no implica necesariamente que hayamos progresado social o moralmente, sino que esta práctica ha sido cambiada por otra. El número de leyes que no se cumplen en el país o de las que de uno u otro modo son exceptuados algunos –relacionados con los legistas- es de tal magnitud, que el país se debate entre el caos y la informalidad. Y es que son precisamente los encargados de gobernar los primeros que hacen valer sus poderes para exceptuarse groseramente, aun a sabiendas y sin merecerlo de modo alguno. Es así que se instaura un estado cínico, hipócrita y corrupto, orientado a atender las exigencias de los poderosos y gobernantes de turno, que la mayoría de las veces llegan a poder engañando al pueblo y traficando con sus necesidades. No lo inventamos nosotros. Es el espejo en que nos vemos a diario. Basta leer cualquier diario o sintonizar cualquier canal para constatar que sigue vigente lo que Jesús denuncia aquí. ¡Ay también de ustedes, los legistas, que imponen a los hombres cargas intolerables, y ustedes no las tocan ni con uno de sus dedos!

¿Es que el hombre es malo? ¿Es que somos perversos? No podemos subestimar al demonio que nos engaña, seduce y tienta, es verdad. Pero, lo malo está en que no creemos en Dios; en que hemos dado las espaldas a Dios. No le escuchamos y por lo tanto no hacemos lo que nos dice. Hemos permitido que se imponga el Dinero y hacemos sus caprichos. Este lleva en sí el germen de la destrucción y la muerte, porque no fomenta ni tolera otra cosa que no sea su acumulación. Y para lograrlo es capaz de derribar las puertas y las murallas más sagradas. Es así que ha perdido al hombre y lo seguirá haciendo mientras no vuelva sus ojos a Dios, el único que puede sacarlo de la esclavitud en la que se encuentra sumido. El Dinero es como la droga que difícilmente puede abandonar un adicto: una vez que la prueba, no la dejará hasta que le haya arrebatado por completo su dignidad. Por el Dinero nos hemos vuelto como bestias que tan solo confabulamos unos contra otros, buscando destronarnos, para vencernos, para acabarnos y finalmente quedarnos con todo. El Dinero ha puesto precio a la vida de todos y cada uno de los seres de la Creación; nadie se ha quedado sin la etiqueta. Su osadía ha llegado al extremo de negar a Dios, ignorándolo. Sabiendo que esta es la pieza fundamental, sin la cual quedaría desbaratado todo su universo. La piedra que rechazaron los constructores se ha convertido en la piedra angular. No habrá salvación para la humanidad mientras no cambiemos. ¡Ese es el mensaje que nos trae Jesús! ¡Tenemos que Convertirnos! ¡Tenemos que volver los ojos a Dios, sin mentiras ni hipocresías! ¡Ay también de ustedes, los legistas, que imponen a los hombres cargas intolerables, y ustedes no las tocan ni con uno de sus dedos!

Oremos:

Padre Santo, no permitas que nos alejemos de Ti; por el contrario danos la fuerza para aferrados a Tu Santo Nombre y proclamar el Evangelio donde quiera que estemos, procurando ganar un alma y mil más para el Reino de los Cielos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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