Lucas 11,42-46 – imponen a los demás cargas insoportables

octubre 12, 2016

¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo!

Texto del evangelio Lc 11,42-46 – imponen a los demás cargas insoportables

42. Pero ¡ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, y descuidan la justicia y el amor de Dios! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello.
43. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar el primer asiento en las sinagogas y ser saludados en las plazas!
44. ¡Ay de ustedes, porque son como esos sepulcros que no se ven y sobre los cuales se camina sin saber!».
45. Un doctor de la Ley tomó entonces la palabra y dijo: «Maestro, cuando hablas así, nos insultas también a nosotros».
46. Él le respondió: «¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo!

Reflexión: Lc 11,42-46

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Lucas 11,42-46 imponen a los demás cargas insoportables

Se trata de ser consecuente, siempre. Más, el que más sabe, el que más recibió. No andar, como es nuestra costumbre, exigiendo a los demás, sobre todo a los más humildes, a los menos favorecidos. Si queremos encaminar a alguien hacia Dios, hemos de dar ejemplo.

A este respecto tenemos que lamentar las declaraciones de Figari, fundador del Sodalicio de Vida Cristiana, un movimiento reconocido por la Iglesia que se ha visto duramente golpeado por el comportamiento abyecto denunciado de este sujeto.

Declararse inocente cuando existen tantas pruebas que lo incriminan, de jóvenes que han sido víctimas de sus abusos y cuando la misma Dirección actual del movimiento se ha visto forzada a reconocer todas sus culpas y a pedir perdón, es algo que pinta de cuerpo entero lo que aquí nos reclama Jesús. Este es un fariseo.

¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo!

Es que, lamentablemente, somos así. No siempre, pero muchas veces, actuamos con dobles. Es decir, decimos una cosa y hacemos otra. O buscamos un doble fin en lo que hacemos: aparentar y ganar. No purificamos nuestras intenciones.

Y aun cuando todo el mundo lo sabe y nos lo recrimina, no somos capaces de reconocer nuestras faltas. Por el contrario, nos empecinamos en sostener tercamente lo que propusimos, con el único motivo de no darnos por vencidos, de no dar nuestro brazo a torcer, de no ceder en nuestro capricho. Queremos vencer siempre.

Como Herodes, queremos imponer nuestra voluntad y nuestra palabra, aun cuando para ello tengamos que cometer el crimen más atroz. No podemos retroceder y reconocer nuestro error, porque sería humillarnos y eso no lo admitimos a ningún precio. Pura soberbia.

¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo!

Entonces, ¿qué hay de nuestra prédica? Solo es aplicable a los demás. No es para nosotros, porque somos intocables, infalibles. Es por esta razón que Herodes mandó decapitar a Juan el Bautista. Había empeñado su palabra y esta –para él-, estaba por encima de la vida de Juan. Esto mismo hace ahora Figari declarándose inocente.

Ponemos cargas insostenibles en los hombros de los demás, con tal de no incomodarnos. No somos capaces de mover un dedo por los demás, menos sin alguna compensación. Fácilmente criticamos y reprochamos. ¿Hacemos algo más? ¡Qué fácil resulta destruir, en vez de construir!

Por eso, antes de abrir la boca y empezar a comernos reputaciones, desprestigiando a personas, sobre todo a aquellos más humildes, debíamos detenernos a reflexionar en nuestro proceder. ¿Somos consecuentes? ¿Cumplimos con aquello que exigimos?

¡Ay de ustedes también, porque imponen a los demás cargas insoportables, pero ustedes no las tocan ni siquiera con un dedo!

Oremos:

Padre Santo, danos integridad y entereza para obrar siempre con coherencia, respetando ante todo y sobre todo Tu Voluntad. Que aprendamos a ser compasivos y misericordiosos, tal como esperamos que lo sean con nosotros…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 11,42-46 imponen a los demás cargas insoportables

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