Lucas 11,29-32 Generación perversa

febrero 21, 2018

Generación perversa

“Esta generación es una generación perversa; pide una señal, y no se le dará otra señal que la señal de Jonás. Porque, así como Jonás fue señal para los ninivitas, así lo será el Hijo del hombre para esta generación.”

Miércoles de la 1ra Semana de Cuaresma | 21 Febrero 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Jonás 3,1-10
  • Sal 50,3-4.12-13.18-19
  • Lucas 11,29-32

Reflexión sobre las lecturas

Generación perversa

El Señor tilda de perversa a la generación de la gente que en ese momento le acompañaba. Desde luego su reproche no queda allí, sino que nos alcanza. ¿Por qué? Porque aunque alguien podría decir que han pasado algo más de dos mil años, aquella gente todavía no habían vivido la muerte y resurrección de Cristo, en cambio nosotros sí.

Pero, claro, ha pasado tanto tiempo, que nos damos el lujo de dudar que todo aquello sea verdad. Nos resistimos a creer y nos sentimos avalados por la razón y la ciencia. Después de todo, nuestro escepticismo parece razonable y por lo tanto nuestra demanda de pruebas también.

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¿Por qué el Señor se obstina en no darnos ni una prueba más y nos tilda de perversos, de malvados? ¿Por qué se empeña en que creamos sin aportar prueba adicional? Sería tan fácil para el Señor darnos una prueba irrefutable más de su Divinidad. ¿Por qué no lo hace? De esta forma nos ganaría a todos.

El Señor ha hecho infinidad de milagros antes y después de su muerte. ¿Por qué no nos dedica un tiempo y nos provee una prueba contundente de Su Divinidad? ¿Por capricho? ¿Por hacer sentir su poder? ¿Por intransigente? ¿Por orgullo? ¿Por vanidad? ¿Por soberbia?

Todo esto está lejos de Dios, que trabaja según sus planes y no según nuestro capricho. Dios es la Verdad. Esto es posiblemente lo primero en lo que tenemos que meditar cuando nos referimos a Dios. Alcanzar su verdadero significado nos será imposible mientras vivamos en el mundo. Pero un día lo veremos en Su plenitud.

Que Él sea la Verdad quiere decir entre otras cosas que Él es perfecto, que Él lo sabe y lo puede todo. Quiere decir que no hay error en Él. Esto es en principio lo que debemos creer cuando nos referimos a Dios. Por lo tanto, si es infalible, no está en nosotros juzgar Su obra, sino más bien acatarla, asumirla como lo mejor, esforzándonos por asociarnos a ella, sin desentonar.

Jesucristo vino a salvarnos por Voluntad de nuestro Padre Dios, conforme a Sus Planes, que son eternos y que algunas veces seguramente nos serán incomprensibles, porque no tenemos su perspectiva, porque no la podemos alcanzar, humildes y pequeños como somos.

Es por eso que Jesucristo nos pide FE. Convencidos de lo que significa ser Dios y atribuyéndole a nuestro Padre, a Jesucristo y al Espíritu Santo esta Divinidad, hemos de rendirnos ante ella, reconociendo que hay mucho de misterio en estas tres personas distintas, que sin embargo constituyen un solo Dios Verdadero.

¿Es misterioso? Claro que sí, pero no porque a Dios le guste la intriga, sino porque nosotros no somos dioses. Y, aunque somos Creaturas creadas por Dios a Su imagen y semejanza, el atributo de la Divinidad no lo poseemos, no al menos mientras vivamos en este mundo, que es tan solo un paso a la Vida Eterna.

Dios nos ha creado para Vivir Eternamente con Él, pero también nos ha creado libres, lo que significa que siendo tan razonablemente apetecible aquello que nos ofrece, no nos obliga a aceptarlo, sino que nos ha dotado de los atributos necesarios para valorarlo y encaminarnos hacia ello, si así lo decidimos.

Por supuesto, esto es lo que debíamos hacer y es lo que Dios, siendo nuestro Padre, quiere que hagamos, porque es lo que más nos conviene. La Historia que se despliega ante nuestros ojos es precisamente aquella en la que se reflejan nuestras dudas, nuestro acercamiento o nuestro rechazo al Plan de Dios.

Dios, conforme a Su Voluntad, ha trazado un Plan de Salvación para nosotros. Este es el Camino de retorno a la morada del Padre, donde Él nos espera con los brazos abiertos para vivir eternamente. Pero, así como un día nosotros decidimos alejarnos de Él, desoyendo Sus Mandatos, tiene la esperanza que un día, desdeñando nuestra testarudez, soberbia y orgullo, y haciéndole caso a la razón y al corazón, volvamos por el Camino que Él nos señaló.

Envió a Su Hijo Jesucristo para que viviendo entre nosotros, muriendo y resucitando nos mostrara el Camino, dándonos así la mayor evidencia de Su amor. El sacrificio de Jesucristo es único y central en nuestra historia de salvación.

Jesucristo, a quienes los profetas anunciaron en el Antiguo Testamento, dios Su vida una vez y para siempre por nuestra Salvación. En Él debemos poner nuestra mirada. A Él debemos seguir. Más que eso no encontraremos jamás.

Padre Santo ayúdanos a comprender el Sacrificio de la Cruz; a conocer a Jesucristo, que dio Su Vida por nosotros aun antes que naciéramos y sin que lo conociéramos. Más aún, que dio Su vida por nosotros, sin mediar merecimiento alguno. Siendo pecadores, Él vino a salvarnos, por Amor. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

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