Lucas 11,15-26 – el que no recoge conmigo, desparrama

octubre 9, 2015

Texto del evangelio Lc 11,15-26 – el que no recoge conmigo, desparrama

15. Pero algunos de ellos dijeron: «Por Beelzebul, Príncipe de los demonios, expulsa los demonios.»
16. Otros, para ponerle a prueba, le pedían una señal del cielo.
17. Pero él, conociendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae.
18. Si, pues, también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo va a subsistir su reino?… porque dicen que yo expulso los demonios por Beelzebul.
19. Si yo expulso los demonios por Beelzebul, ¿por quién los expulsan sus hijos? Por eso, ellos serán sus jueces.
20. Pero si por el dedo de Dios expulso yo los demonios, es que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.
21. Cuando uno fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están en seguros;
22. pero si llega uno más fuerte que él y le vence, le quita las armas en las que estaba confiado y reparte sus despojos.»
23. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.
24. «Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda vagando por lugares áridos, en busca de reposo; y, al no encontrarlo, dice: “Me volveré a mi casa, de donde salí.”
25. Y al llegar la encuentra barrida y en orden.
26. Entonces va y toma otros siete espíritus peores que él; entran y se instalan allí, y el final de aquel hombre viene a ser peor que el principio.»

Reflexión: Lc 11,15-26

Hay seguramente muchísimo que ver en estos versículos, sin embargo nos vamos a concentrar en la frase seleccionada que tiene mucha aplicación en nuestra vida cotidiana, más aun en los tiempos de relativismo ético y moral en los que estamos viviendo. Muchos creemos que todas las cosas dependen del color del cristal con que se vean, sin embargo esta suele ser una trampa para incautos, porque hay ciertas verdades fundamentales que no se pueden relativizar, como por ejemplo la defensa de la vida. No puedo decir que soy cristiano y mantener una posición ambigua con respecto al aborto. No se trata de algo dogmático que hay que obedecer porque los curas lo dicen o porque el Papa lo dice, sino que es una cuestión de principios que tendría que afirmar y sostener cualquiera que se dijera cristiano, porque Cristo mismo así lo sostiene. Y ahí entra precisamente nuestra frase: o estamos con Jesucristo o estamos contra Él; no caben términos medios aquí. Dios nos ha creado para el amor, a todos, absolutamente todos. Por lo tanto, no somos nadie en absoluto para discriminar a algunos por más difícil o disparatado que nos parezca. Son muchos, muchísimos los casos de gente que nació como producto de una violación y aunque habría que castrar posiblemente al violador, estos hijos se convirtieron en excelentes personas. No somos nadie para decidir quien vive o quien muere, y si en algunos casos extremos hemos de dar un castigo, ha de ser a los adultos y jamás quitándoles la vida. Mucho menos podemos estar de acuerdo con ecografías para determinar si el futuro niño será autista o con síndrome de dow, para abortarlo. ¡Eso es un crimen, que no disminuye por ser el niño pequeño, sino que por el contrario aumenta por tratarse de un inocente! El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.

No se trata entonces de no hacerlo porque lo dicen los curas o lo dice la Iglesia. Claro que lo dicen los curas y la Iglesia, que somos todos nosotros, pero no porque se trate de un dogma que ciegamente seguimos, sino porque hemos sido dotados de inteligencia, voluntad y libertad, las que nos han servido para discernir que el Camino de Amor que el Señor nos propone es definitivamente el ÚNICO correcto y por lo tanto no hay medias tintas. O amamos con todo y hasta el fin, o no amamos, pero no podemos amar hasta cierto punto o un poco nada más o con condiciones, porque seguimos el ejemplo de Dios nuestro Padre que nos amó incondicionalmente antes de nacer y no por mérito alguno nuestro, sino porque así lo quiso. Eso mismo estamos llamados a hacer nosotros como seguidores de Cristo: amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. ¿Y quién es el prójimo? Ya lo veíamos el otro día, nosotros somos el prójimo de todo ser humano, sin importar edad, procedencia, sexo, posición social o habilidad o destreza. Nosotros estamos llamados a actuar como prójimo del mundo entero, baste que sea humano. Por su puesto que con la misma caridad hemos de tratar todas las cosas y creaturas de la creación. Todas: desde el agua, hasta el medio ambiente, pasando por las plantas, bosques, minas y animales. No podemos pasar como la marabunta por el Planeta que nos pertenece a todos, lo que incluye a las generaciones futuras. Tenemos que actuar con respeto a la creación. Entonces, no es que bote basura o deprede porque nadie está enterado o porque nadie me ve o porque no está legislado; lo hago por responsabilidad; porque soy inteligente y Dios me lo ha revelado. No necesito que esté escrito, ni que lo apruebe el Congreso. Soy un hombre o mujer de fe; soy un hombre o mujer de principios claros e innegociables. El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.

Nos basta ver el asco que es la política en todo el mundo y la explotación en general para obtener ejemplos de cómo es que no debemos actuar y dónde se encuentran los principales responsables de las crisis que afrontamos. Son los intereses mezquinos, disfrazados muchas veces de interés común los que nos llevan a las tensiones y a la violencia que en general afecta a los más pobres y los menos favorecidos. Pasemos revista a cada una de las cosas que ocurren en nuestros países, difícilmente encontraremos uno solo en el que no se haya institucionalizado la marginación, la injusticia, la corrupción, el narco tráfico, la pobreza y la violencia. En general, con raras y escasas excepciones, los políticos, las autoridades y gobernantes acceden al poder para servirse de él, para hacerse ricos o consolidar su riqueza. El estatus quo favorable es pocas veces cuestionado y cuando se lo hace es solamente para conseguir votos, mintiendo descaradamente tan solo para ascender, en ese mismo orden de cosas, en el que prima el egoísmo y la mezquindad. Esta es la historia de casi todos los regímenes en la Tierra, en la que los poderosos están “hermanados” en organismos de fachada que la mayor parte de las veces solo sirven para sostenerse mutuamente y enriquecer a unos cuantos burócratas dorados. La diplomacia es cínica, como nuestros políticos son mentirosos. Por lo tanto y mientras esto no cambie, se seguirá satanizando a los verdaderos cristianos, acusándolos de fundamentalistas y anacrónicos, porque no aceptan un sistema de fachada liberal, que solo lo es en tanto los ricos se hacen más ricos y los pobres más paupérrimos, alienados y explotados. Los Congresos no discuten leyes para favorecer al pueblo, sino que usan las necesidades del pueblo para fomentar los grandes negociados de los que obtienen suculentas comisiones, traficando con las necesidades de los pobres. Y todo esto está plagado de nombres, entre los que podemos mencionar a cualquiera de los gobernantes de América Latina, como ejemplos, sin temor a fallar. Alguno será más que otro, seguramente, pero como dice el Señor: El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.

Esta es la raíz de los males de este mundo: vivimos de espaldas a Dios. Los gobernantes y las transnacionales lo combaten a nombre del liberalismo, de la modernidad o de la ciencia, las cuales utilizan como fachada para ocultar sus fechorías, pero como tienen de fieles sirvientes a la prensa y los sistemas educativos, inmediatamente estos replican como cajas de resonancia, porque todos son parásitos acomodados que obtienen jugosos ingresos y vidas holgadas, a partir de los servicios que prestan a los intereses de los poderosos. Esto ya era así en tiempos de Jesús y ha cambiado muy poco hasta hoy, y nada tiene que ver ni con la ignorancia, ni con la ciencia. El Reino de los Cielos no es de los pobres porque son ignorantes, sino porque siguen viviendo miserablemente clamando a Dios por Su Misericordia, en tanto que la seudo ciencia y los seudo científicos siguen empleando todos su esfuerzos para mantener y justificar el mismo orden establecido, como algo fatalmente inamovible y exento de variables subjetivas, como el amor, la paz, la misericordia y la justicia. No creen en Dios, pero sí en el Dinero. Por lo tanto, son igualmente creyentes, pero Idólatras, es Beelzebul su patrono y enfilan todas sus baterías contra los cristianos. Igual hoy que ayer. Por eso no pueden haber posiciones ambiguas, intermedias, porque solo favorecen el estatus quo y con ello a los ricos y poderosos, a Beelzebul en desmedro de los pobres. A todos estos el Señor les dice: El que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama.

Oremos:

Padre Santo, líbranos de caer en el engaño de Beelzebul disfrazado de dinero, de lujos y riquezas. Danos el valor de mantenernos firmes en la fe, contra toda tentación, poniendo siempre a Dios primero y luego a nuestro prójimo…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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