Lucas 11,14-23 – El que no recoge conmigo, desparrama

marzo 8, 2018

El que no recoge conmigo, desparrama

“Cuando un hombre fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si viene otro más fuerte que él y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama.”

Jueves de la 3ra Semana de Cuaresma | 08 Marzo 2018 | Por Miguel Damiani

Lecturas de la Fecha:

  • Jeremías 7,23-28
  • Salmo 94
  • Lucas 11,14-23

Reflexión sobre las lecturas

El que no recoge conmigo, desparrama

Con mucha facilidad, diríamos que con demasiada, despreciamos al Señor. Y es que Él es bueno y compasivo, pero no es tonto. No es un pánfilo al que podemos engañar, como parecemos creer.

No de otra forma se explica que hablemos de Él, como si habláramos de un tonto de capirote. Sin el menor respeto lo comparamos con ídolos o con otros dioses de pueblos primitivos, poniéndolos a la misma altura.

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El problema no son las otras religiones, las otras culturas y mucho menos nuestros hermanos que por no haber sido evangelizados, todavía arrastran este desconocimiento. El problema somos nosotros, que tenemos la desfachatez de hacer comparaciones ilusas, como si diera lo mismo una creencia u otra.

De este modo creemos respetar a estos hermanos y sus creencias. ¿Y qué hay del respeto que les debemos a las nuestras? ¿Qué hay del respeto que le debemos a Dios? ¿O es que en realidad no creemos en Dios? ¿O, en qué clase de Dios creemos? ¿Es uno más como cualquier otro?

¿Es que se trata de un accidente geográfico o histórico el que determina la existencia de Dios? ¿Es que nuestro Dios es tan Dios como cualquier otro? Por último: ¿creemos o no creemos en Dios? O ellos tienen razón o nosotros tenemos razón, pero los dos no podemos tener razón.

No se trata de despreciar a nadie y mucho menos a nuestros hermanos. Se trata de reconocer que la Verdad es una. Que no hay varias verdades, como no hay varios dioses, según el marchante. Puede haber sin número de creencias, pero UNO solo es el Dios Verdadero.

Por lo tanto, no podemos ir por la vida proclamando que somos cristianos y católicos y despreciando a nuestro Dios para ensalzar el de otros. No es coherente. No es correcto. O estamos con Dios o estamos en contra suya.

No hay medias tintas y no hay relativismo. No se trata de escoger lo que nos gusta o nos parece. Se trata de reconocer la Verdad y esta es UNA sola.

Si, toda persona instruida sabe por la historia que los griegos, los romanos, los egipcios, los chinos y los aztecas tuvieron sus propios dioses y creencias, pero a un solo pueblo se reveló Dios Padre a través de los profetas y este fue el pueblo de Israel.

Solo una vez vino Jesucristo, el Hijo de Dios, a Salvarnos y lo hizo hace poco más de 2 mil años, naciendo en Nazaret. Jesucristo murió en la cruz y resucitó al tercer día, abriendo para nosotros la puerta del Reino de Dios.

Todo el que crea en Él y en quien lo ha enviado, se salvará. ¿Quiere decir que todos los que nacieron antes o después, sin conocerlo, no se salvarán? No podemos ni afirmar ni negar esto, pero sí sabemos que Dios Padre es infinitamente misericordioso, por lo que, con seguridad, les hará justicia.

Pero nosotros, los que sí le hemos conocido ¿podemos despreciarlo y negarlo de este modo, sin ninguna razón más allá de nuestra vanidad y soberbia? Para congraciarnos con todos, para parecer inteligentes, negaremos a Dios?

Esto es de necios, de chismosos, de cínicos. Es lo que hoy pone al descubierto el Señor. O estamos con Él o estamos contra Él. Aunque buscando adulación propongamos intrépidas y “brillantes” teorías que nos ganen la admiración de quienes ocupan importantes cargos, sin creer en Dios, Él sabe lo que hay en nuestros corazones. No podemos engañarle.

Los bautizados, los cristianos, los católicos, tenemos la Misión de Evangelizar al mundo, lo que no implica imponer ideas o creencias, como por confundir sostienen quienes quieren estar bien con Dios y con el Diablo, sino dar a conocer a Cristo, que es la Verdad, el Camino y la Vida.

Esa es nuestra Misión. Darlo a conocer para que otros, como nosotros, creyendo, se salven. ¿Quiere decir que los que no lo conozcan se condenarán? No, no necesariamente. Pero, seguramente tú sí, por no hacer lo que sabes que debías hacer. Por no cumplir con tu obligación.

Si nuestro país y el mundo parece estar al borde del colapso, en gran parte es porque no hemos sabido cumplir nuestro deber. Porque no hemos sido fermento de Evangelio en el mundo. Por no haber hablado con tu hermano, con tu primo, con tu amigo.

¿Es que podemos ver que alguno de los nuestros se ahoga y ser indiferentes? ¡No! Pues eso es lo que hacemos cuando no evangelizamos. ¿Y qué es evangelizar? ¡Cristianizar el mundo! Es decir, llevar paz, esperanza, alegría y fundamentalmente amor, a ejemplo de Cristo.

Eso no es compatible con: cree lo que quieras, vive como quieras, haz lo que quieras. Hay un solo Camino, una sola Verdad: Cristo. Es nuestro deber darlo a conocer. No podemos eximirnos de este deber. ¿Cómo lo hacemos? Viviendo cristianamente, siempre.

¿Quiere decir que voy a ir a imponer mis creencias? ¡No! Quiere decir que voy a dar el ejemplo y voy a saber dar razón de mi fe, de lo que creo y por qué lo creo y qué significa esto en mi vida y la de los que me rodean.

No se trata de imponer, sino de enseñar y procurar la oportunidad para dar a conocer a Cristo, la Verdad, el Camino y la Vida. Él es la única respuesta que puede dar plenitud a nuestras vidas. Él es capaz de aplacar y responder cualquier inquietud.

Él no es como otros. Él es único. Él ES.

Oración:

Padre Santo, danos la sabiduría y la fe, para poder entender lo que significa: “Creo en Dios Padre, Todopoderoso, Creador del Cielo y la Tierra. Creo en Jesucristo Su Único Hijo, nuestro Señor, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato…” Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor, que contigo vive y reina, en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

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