Lucas 11,14-23 – casa contra casa

Marzo 23, 2017

Casa contra casa

Pero él, conociendo sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae.

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Lucas 11,14-23 casa contra casa

Lucas – Capítulo 11

Reflexión: Lucas 11,14-23

¿De qué nos habla hoy el Señor? ¿Es algo nuevo? ¿Se trata de algo que no sabemos? Solo hay que tener sentido común para darse cuenta que la fuerza está en la unidad, o, dicho de otro modo, que en situaciones de acoso, de lucha, de enfrentamiento, el peor enemigo es la desunión, la división.

Tal vez debíamos preguntarnos ¿a quién le interesa dividirnos? Ante cada situación específica tal vez podremos encontrar a un responsable, a un interesado en dividirnos para obtener un beneficio particular y egoista. Porque, por algo dice el refrán: “divide y vencerás”.

Por eso, si somos honestos, si somos sinceros, en general, no nos será difícil descubrir al verdadero artífice de las divisiones: el demonio. Que en los tiempos modernos nos resulte embarazoso admitir su existencia y su responsabilidad, es porque precisamente no se trata de un tonto, sino de un genio del mal, que ha sabido conquistarnos aun en nuestro modo de razonar, para hacernos caer ingenuamente en sus garras.

De allí que se diga, no sin razón, que el mayor triunfo del demonio en este mundo relativista, plagado de ideologías efímeras, es el haber logrado mimetizarse de tal modo que el común de la gente no solo dude de su existencia, sino que lo niegue. ¿Qué mejor servicio al promotor de la mentira, las divisiones, la destrucción, el mal y la muerte, que negar su existencia?

Pero él, conociendo sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae.

Oía hoy por la mañana la nota editorial del reconocido periodista peruano Raúl Vargas, en uno de los más influyentes noticieros radiales, por su cobertura nacional y antigüedad, editorializar respecto a la situación que vive el Perú. Su discurso fue bastante claro, señalando la tremenda furia de la naturaleza como la causa de las desgracias que vivimos en complicidad con la improvisación.

A pocos se nos ocurriría discutir tal diagnóstico y sin embargo al referirnos a la improvisación expresamente estamos señalando, como lo hizo Don Raúl, a los pobres, a los humildes, a los sin techo, a los menos favorecidos, por haber puesto sus casas por aquí y por allá, sin una planificación adecuada, lo cual es cierto. ¿Quién podría contradecirlo? ¡Eso es lo que vemos! ¡Improvisación por todas partes! ¡Improvisación que finalmente tiene un costo altísimo en vidas y en recursos perdidos para toda la nación, pero que especialmente castiga a los más pobres, quienes pierden todo lo poco que tenían!

En otra parte de su discurso el mismo Don Raúl señala que existen planes urbanos y disposiciones que lamentablemente no se aplican. A pesar de ello cierra su reflexión siempre refiriéndose a la improvisación, en la que implícitamente se está culpando a la ignorancia y la pobreza. Tan es así, que algunos periodistas lo secunda siempre refiriéndose a la pobreza, la ignorancia y el empecinamiento de los pobladores en hacer lo que no deben, como una de las causas de estas desgracias a las que se suma la implacable naturaleza.

Sin embargo, es momento de preguntarnos y a la luz de la Palabra del Señor. ¿Es esto totalmente cierto? ¿No se está escondiendo tras estas declaraciones el verdadero artífice de estas desgracias? ¿No es nuestro deber ponerlo al descubierto, no para atemorizar, sino para identificarlo y combatirlo apropiadamente?

Podemos revisar una y otra vez las declaraciones de Don Raúl y su séquito de periodistas y no encontraremos ni una sola alusión al verdadero culpable de estas desgracias. ¡No es el pueblo, ni la ignorancia! ¡Es la CORRUPCIÓN! ¡No se atreven a decirlo porque todos, de algún modo, tenemos rabo de paja! Sin embargo, mientras no seamos capaces de reconocer al verdadero enemigo, no seremos capaces de enfrentarlo y vencerlo!

Es la corrupción en la que caen quienes por ejemplo tendenciosamente omiten ciertos datos o dan a conocer algunos aspectos, cuidándose de no mencionar toda la verdad, siguiendo directrices de quienes pagan la publicidad. Esto que constituye una inmoralidad, se da todos los días en los medios de prensa, no siempre con la contundencia con la que denunciamos, pero es así que se va formando opinión errada y tendenciosa entre el público.

La corrupción en el Perú es generalizada. ¡Hay que empezar por reconocerlo, sin cortapisas! A decir de Alfonso Quiroz, reconocido historiador lamentablemente fallecido, quien estudio en profundidad este tema desde la colonia hasta Fujimori, el costo de la corrupción en el Perú llega al 50% de la riqueza generada. Para decirlo más claramente, por cada sol invertido hay otro que se fue a pagar a los criminales agazapados en el estado, que tras un escritorio, trafican con las necesidades del pueblo.

¡Es importante reconocerlo y nombrarlo con pelos y señales, para no volver a caer en lo mismo! Mientras haya corrupción, se seguirá edificando de cualquier modo y en cualquier parte, obviando planes, disposiciones y previsiones, porque siempre habrá un funcionario dispuesto a hacerse de la vista gorda con tal de recibir el sucio dinero de la corrupción. Eso es lo que ocurre en edificación de colegios, puentes, avenidas, casas, edificios, redes de agua y desagüe, trenes, aeropuertos, puertos, carreteras, importaciones, exportaciones, pago de impuestos, etc, etc, etc.

¡Este es un problema muy grave y generalizado, que una vez diagnosticado debemos atacar con toda nuestra artillería! Sin embargo, no se logran verdaderos consensos, más allá de los meramente líricos. ¿Por qué? Por falta de ética y moral. ¡Porque todo el mundo quiere seguir con la farra! ¡Porque nuestros políticos no llegan al poder a servir al país, sino a llenarse los bolsillos de dinero a cualquier precio y sin ningún escrúpulo! Esto que se produce a nivel presidencial –no olvidemos que tenemos 4 presidentes que debían estar presos- se replica en todas las instancias, desde la cabeza hasta los pies.

¡Necesitamos gente honesta, que identificando las verdaderas causas de las desgracias que sufrimos, sepan liderar una lucha contra ellas! Menudo favor le hacemos a la CORRUPCIÓN cuando la ignoramos. ¡Esto es sobre lo que hoy, de algún modo, nos invita a reflexionar el Señor!

Que en nombre del purismo algunos intelectuales se nieguen a identificar al Demonio tras la CORRUPCION, es su problema, en todo caso, intelectual. La verdad es que como diría Mercedes Sosa, “es un monstruo grande y pisa fuerte” y mientras estemos en escaramuzas intelectualoides y rencillas domésticas, solo estaremos alimentándola y favoreciendo su crecimiento. Digamos: ¡No a la CORRUPCION!

O hacemos todos frente al mal que nos aqueja, unidos como un solo país, como una sola comunidad, o seguiremos siendo presa fácil de quien ha sembrado el odio y la división, para obtener su propio provecho, sin el menor reparo ni escrúpulo. ¡No seamos necios! ¡No podemos coquetear ni convivir con esta lacra! ¡Hay que combatirla!

Por eso no podemos dejar de saludar y destacar que el Presidente se haya abstenido de declarar al Perú en emergencia, porque ello daría pie a que el monstruo de la corrupción se desate y continúe campeando. Tenemos la esperanza que más allá de las declaraciones e intenciones manifiestas, se planifique y desarrolle esta lucha primordial a todo nivel, como el único medio para construir una sociedad y un futuro más justo para todos los peruanos, pero especialmente para los que más sufren como consecuencia de esta plaga ignominiosa.

Pidamos al Señor que nos ilumine en esta lucha, dándonos motivos de unidad y esperanza para los que más sufre. Por Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Pero él, conociendo sus pensamientos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo queda asolado, y casa contra casa, cae.

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