Lucas 11,1-4 – venga tu Reino

octubre 5, 2016

Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden

Texto del evangelio Lc 11,1-4 – venga tu Reino

01. Un día, Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: «Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos».
02. El les dijo entonces: «Cuando oren, digan: Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino,
03. danos cada día nuestro pan cotidiano;
04. perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden; y no nos dejes caer en la tentación».

Reflexión: Lc 11,1-4

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Lucas 11,1-4 venga tu Reino

Ya nos lo decía el Señor hace algunos días, aquel que no quiere enterarse, aquel que quiere seguir con su vida, no cambiará ni aunque resuciten los muertos. Cuando los discípulos le piden a Señor que nos enseñe a orar, lo hace con tal simpleza, que si uno no lo hace es porque en realidad no le da la gana.

El único que ha venido enviado por Dios Padre es Jesucristo, Su Hijo. Él nos ha revelado que Dios es nuestro Padre y que lo ha enviado para salvarnos. Este Señor Jesucristo, el Hijo Único de Dios, en tres líneas nos enseña a orar.

No necesitamos cursos, diplomados, ni doctorados, ni leer la cantidad de libros que se han escrito en torno a la oración para aprender a orar, si de veras queremos hacerlo. Basta con seguir y repetir estas sencillas palabras de nuestro Señor Jesucristo.

Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden

Si no hacemos esta oración o no la entendemos, es porque no queremos, porque no nos da la gana. No busquemos rodeos. Las palabras son muy sencillas, objetivas y directas. Otra cosa es que no queramos entenderlas.

Siendo esta la oración que el mismísimo Señor Jesucristo nos enseñó, tendría que ser aquella que repitiéramos todos los días, cada vez que oramos, pensando y reflexionando en cada una de las cosas que decimos. Viviendo y sintiendo como la oración supone.

Hemos de ser dignos de repetir esta oración todos los días, cada momento de nuestras vidas. Todo lo hacemos por Él. Todo se lo debemos. Le alabamos y agradecemos incansablemente por todo lo que recibimos de sus manos.

Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden

Es por Él y para Él que vivimos. No queremos otra cosa que se haga Su Voluntad y para eso es preciso que Él Reine ahora y siempre y en todo lugar. Nada será mejor. Porque Él nos ama. Porque creemos en Su amor. Porque siendo nuestro Padre, no puede querer sino lo mejor para nosotros.

Siendo así, le pedimos que no se olvide de nosotros. Que no nos deje desamparados. Que nos de lo que necesitamos para vivir, pero para vivir para Él y por Él. Nos reconocemos imperfectos y falibles, por lo tanto, necesitados de comprensión y perdón. Se lo pedimos…

Pero nosotros mismos ponemos una exigencia, un requisito, una medida a nuestro perdón. Sabiéndonos humanos y falibles, pedimos ser perdonados, en la misma medida, como nosotros mismos estamos dispuestos a perdonar a nuestros hermanos.

Este último pedido nos obliga a ser Misericordiosos, imitando al mismo Señor Jesucristo. Tendremos fallas, seguramente, pero nos esforzaremos al máximo, como quien se ve en un espejo. Reconociéndonos imperfectos, sabemos perdonar las imperfecciones de los demás. Eh ahí el reto. No esperemos perdón, si no somos capaces de perdonar. No esperemos amor, si no somos capaces de amar.

Padre, santificado sea tu Nombre, que venga tu Reino, danos cada día nuestro pan cotidiano; perdona nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a aquellos que nos ofenden

Oremos:

Padre Santo, que aprendamos a amar y sobre todo a ser comprensivos y misericordiosos. Que entendamos que es dando como se recibe. Que estemos siempre dispuestos a perdonar sin límites…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 11,1-4 venga tu Reino

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