Lucas 10,25-37 – para heredar la Vida eterna

octubre 3, 2016

Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».

Texto del evangelio Lc 10,25-37 – para heredar la Vida eterna

25. Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».
26. Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?».
27. El le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo».
28. «Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida».
29. Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?».
30. Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
31. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
32. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.
33. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
34. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
35. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver”
36. ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?».
37. «El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera».

Reflexión: Lc 10,25-37

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Lucas 10,25-37 – para heredar la Vida eterna

Hoy vamos a detenernos a reflexionar en esta pregunta del Maestro de la Ley. Una pregunta que tendría que ser vital para nosotros. Porque, ¿qué puede haber más importante que heredar la vida eterna? ¿No es este el Bien mayor? ¿El más apetecible? ¿No es a él al que debíamos tender?

¿De qué sirve la vida, si al final pierdes aquello que debió ser tu recompensa postrera? ¿Tenemos o no tenemos la posibilidad de heredar la vida eterna? Si hemos de creerle a Jesucristo, sí. Esa es la promesa de Jesucristo para quien le oye y hace lo que manda.

¿Creemos en lo que nos promete Jesucristo? Esta es quizás la pregunta más importante. Solo si creemos en Él y en sus promesas, nos esforzaremos por oírle y hacer lo que nos manda. ¿Por qué tendríamos que creerle?

Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».

Veamos. El viene a este mundo diciendo que es Hijo de Dios y que ha venido para salvarnos. O está loco o hay algo de cierto en lo que dice. Si somos de los que estamos buscando el sentido de la vida, tendríamos que parar la oreja, porque este Señor parece saber algo al respecto.

Antes de oír lo que nos dice, veamos muy rápidamente lo que hace y que se encuentra ampliamente documentado en la historia. Dice que es Hijo de Dios y sin embargo nace en un pesebre, en un corral, pobre entre los pobres, perseguido y refugiado.

Al final de su vida muere crucificado entre ladrones y estafadores, como el más vil de los delincuentes. Luego dicen algunos por ahí, que resucitó, venciendo a la muerte y ascendió al Cielo. Varios de sus seguidores testifican esta historia.

Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».

¿Qué hizo mientras vivió? Muchos, para resumir, dicen que pasó haciendo el bien. Hurgando en los Evangelios que dan testimonio de su vida, obra y enseñanzas, vemos que hizo muchos milagros, curó enfermos, expulsó demonios y resucito muertos. Cosas extraordinarias.

¿Por qué hizo todo eso? No quería el poder. No tenía pretensiones políticas, sociales, ni económicas. ¿Qué es lo que quería lograr con su testimonio y enseñanzas? Que creamos en Él. Que es Hijo de Dios y que ha venido a Salvarnos. ¿De qué? De la muerte, que resta el sentido que Dios da a nuestras vidas.

¿En qué consiste este sentido? Dios, que es nuestro Padre –tal como nos lo revela Jesucristo-, nos creó para que seamos felices y vivamos eternamente. Somos sus herederos y como tales tendremos la Vida Eterna.

Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».

Esta es precisamente la pregunta del Maestro de la Ley. ¿Qué he de hacer para heredar la Vida Eterna? Esta es la pregunta más importante de nuestras vidas. Esta es la pregunta que todos debíamos hacernos alguna vez.

La respuesta la da muchas veces el Señor a lo largo de los Evangelios y aquí la da varias veces. La primera como mandamiento: Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. La segunda con una historia de la vida real, en la que nos enseña indubitablemente en qué consiste este mandamiento del amor y la tercera, invitándonos a hacer aquello mismo. Su vida, muerte y resurrección es la mejor invitación a la Vida Eterna.

Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».

Oremos:

Padre Santo, no permitas que endurezcamos nuestros corazones a la invitación que nos haces al amor y a la Vida Eterna. Danos fe y perseverancia…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 10,25-37 – para heredar la Vida eterna

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