Lucas 10,25-37 – lo vio y se conmovió

Julio 10, 2016

…al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.

Texto del evangelio Lc 10,25-37 – lo vio y se conmovió

25. Y entonces, un doctor de la Ley se levantó y le preguntó para ponerlo a prueba: «Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la Vida eterna?».
26. Jesús le preguntó a su vez: «¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?».
27. El le respondió: «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo».
28. «Has respondido exactamente, le dijo Jesús; obra así y alcanzarás la vida».
29. Pero el doctor de la Ley, para justificar su intervención, le hizo esta pregunta: «¿Y quién es mi prójimo?».
30. Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto.
31. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
32. También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino.
33. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.
34. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.
35. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: “Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver”
36. ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?».
37. «El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera».

Reflexión: Lc 10,25-37

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Lucas 10,25-37 lo vio y se conmovió

Algo que tenemos que ser capaces de hacer es de dejarnos conmover y actuar. No basta con ver y tampoco con emocionarnos. Es preciso hacer algo por aliviar el sufrimiento de nuestros hermanos. Tenemos que ser capaces de actuar.

Algo tenemos que hacer por quienes son víctimas de la violencia o de la injusticia. No basta con manifestar nuestra solidaridad en forma verbal. Debemos comprometernos de algún modo en la solución, en todo aquello que esté a nuestro alcance.

No es cuestión de desentendernos, sino de asegurarnos hasta donde nos sea posible que el hermano o hermana que sufre, encuentre alivio a su dolor. No basta compadecernos; es preciso solidarizarnos, involucrándonos de algún modo.

…al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.

En el año de la Misericordia es importante que tomemos conciencia de lo que espera el Señor de nosotros. Todos tenemos ocasión de llevar a la práctica obras de misericordia con nuestros hermanos. Se trata no solo de no ser insensible, sino de buscar formas ingeniosas de hacernos presentes, para aliviar las necesidades concretas del prójimo.

Entendamos que prójimo no es aquel que nos simpatiza o con quien tenemos alguna afinidad, sino todo ser humano por el solo hecho de ser Hijo de Dios. Entonces, no vayamos escogiendo ni apartándonos de situaciones comprometidas, sino, por el contrario, procuremos hacernos cargo de todo lo necesario hasta el fin.

No se trata tan solo de cumplir, con lo que muchas veces nos conformamos, sino de participar, comprometerse y dar alivio efectivo, aun cuando ello demande dejar por un momento nuestros compromisos, detenernos y desviarnos de nuestro camino. No se trata de buscar reconocimiento ni compensación alguna, sino solamente actuar como lo haría el mismo Cristo, amando a los indefensos, a los más pobres, a las víctimas de la violencia.

…al pasar junto a él, lo vio y se conmovió. Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo.

Oremos:

Padre Santo, dame espíritu de caridad y misericordia. Que sea capaz de emocionarme y actuar en forma comprometida con nuestros hermanos que sufren, procurando comprometerme hasta lograr el alivio de sus necesidades más inmediatas…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 10,25-37 lo vio y se conmovió

Parábola del buen samaritano

Gracias por su Misericordia

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