Lucas 10,17-24 – Jesús se estremeció de gozo

octubre 1, 2016

En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.»

Texto del evangelio Lc 10,17-24 – Jesús se estremeció de gozo

17. Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre».
18. El les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo.
19. Les he dado poder de caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos.
20. No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo».
21. En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.
22. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie sabe quién es el Hijo, sino el Padre, como nadie sabe quién es el Padre, sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar».
23. Después, volviéndose hacia sus discípulos, Jesús les dijo a ellos solos: «¡Felices los ojos que ven lo que ustedes ven!
24. ¡Les aseguro que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron, oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron!».

Reflexión: Lc 10,17-24

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Lucas 10,17-24 Jesús se estremeció de gozo

Pocas veces, si alguna más, encontraremos en los Evangelios la evidencia de tal estremecimiento en Jesús. No podemos dejar pasar una vez más esta manifestación. ¿Qué simboliza? ¿Qué nos transmite el Señor con esta actitud, con esta emoción tan elocuente, a la vez humana y divina?

El Señor participa de la alegría de Dios al constatar –no sabemos si una vez más o por primera vez-, que Dios Padre lo ha hecho todo Bien. Es una manifestación externa de alegría y al mismo tiempo de aprobación. Alegría por la perfección de la obra de Dios y por el amor que en esta manifiesta a nosotros.

Por eso nos atrevemos a reflexionar en que se trata de una alegría infinita respecto a una situación que tiene dos vertientes, como solo Jesucristo podía haberlas percibido: la humana y la divina. Alegrarse con Dios por lo que ha hecho por nosotros, y con nosotros por lo que Dios ha querido darnos.

En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.»

Se trata de una manifestación suprema o gozosa del amor. Una alegría incontenible y desbordante que debe darnos la absoluta confianza en las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Él mismo constata que todo ha sido perfectamente bien hecho, como era de esperar y lo celebra.

Su celebración, Su gozo es una muestra de Su amor por nosotros. Pero al mismo tiempo es una forma de ratificarnos alegremente la corrección del Camino señalado. Dios así lo ha querido, porque esta era la mejor forma posible. Nosotros debemos darle crédito. Debemos responderle con la fe.

El triunfo del Señor es evidente. Empieza a hacerse patente. Satanás, el mentiroso, el soberbio, el embaucador, cae como un rayo, pero llega demasiado tarde. El Plan de Dios ya está en marcha. La Semilla de la Palabra está sembrada, crece y se multiplica.

En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.»

Ha llegado la hora, y es esta. Dios ha trazado un Plan que comienza por los más pobres, por los humildes, por aquellos a los que solo Él podía tomar en cuenta. Ahí ha empezado el cambio. Jesucristo lo sabe, lo constata, se alegre y agradece por tanta sabiduría y amor desplegado por Dios para Salvarnos.

El Camino es ese. Por ahí empieza. Ya ha empezado. Lo estamos viendo a través de los ojos de los discípulos. Dichosos nosotros, que a través de ellos podemos ver esta gran obra de Dios. El Reino de Dios se ha acercado y a nosotros se nos ha dado la oportunidad de verlo brotar y crecer.

Alegrémonos, no por ver como el mal empieza a retroceder ante la presencia de Jesucristo y el Espíritu Santo, sino por ser partícipes de esta obra, porque así lo ha querido Dios Padre, porque así le ha parecido Bien. Con el apoyo del Espíritu Santo y en unidad con el Señor Jesucristo hemos dado inicio a esta gran obra que es la Redención.

Por Jesucristo ha entrado la Gracia en este mundo. Él ha traído el Evangelio que lo transforma todo y cuenta con nosotros para llevarlo al mundo entero. La Misión ha empezado. Con ella la transformación y la Salvación. ¡Alegrémonos todos en el Señor, con el Señor y por el Señor!

En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido.»

Oremos:

Padre Santo, danos la Gracia de poder sentir hoy la alegría y el gozo que lleva al estremecimiento a Jesús. Que identificándonos con ella, seamos capaces de sostener nuestra fe contra todos los embates del enemigo, con la certeza que Jesucristo ha vencido al mundo…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 10,17-24 Jesús se estremeció de gozo

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