Lucas 10,1-9 – El Reino de Dios está cerca

enero 26, 2016

Texto del evangelio Lc 10,1-9 – El Reino de Dios está cerca

1. Después de esto, designó el Señor a otros 72, y los envió de dos en dos delante de sí, a todas las ciudades y sitios a donde él había de ir.
2. Y les dijo: «La mies es mucha, y los obreros pocos. Rueguen, pues, al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies.
3. Vayan; miren que los envío como corderos en medio de lobos.
4. No lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saluden a nadie en el camino.
5. En la casa en que entren, digan primero: “Paz a esta casa.”
6. Y si hubiere allí un hijo de paz, su paz reposará sobre él; si no, se volverá a ustedes.
7. Permanezcan en la misma casa, comiendo y bebiendo lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No vayan de casa en casa.
8. En la ciudad en que entren y los reciban, coman lo que les pongan;
9. curen los enfermos que haya en ella, y díganles: ” El Reino de Dios está cerca de ustedes.”

Reflexión: Lc 10,1-9

Frente al Señor, es preciso tomar partido. Siempre habrán niveles y matices de compromiso, a pesar que todos estamos llamados a la perfección, que no es otra cosa que dar el 100% de los que somos capaces. Él nos convoca, Él nos llama y lo hace para enviarnos. Es muy claro: se es cristiano para cristianizar. Ser cristiano demanda esta disposición y compromiso. No somos cristianos para preservarnos a nosotros mismos. Dicho de otro modo, no existe cristianismo sin compromiso con la comunidad, sin profesión de fe en la vida misma, con el propósito de manifestar la presencia de Dios en nosotros, para atraer a los demás a este mismos Camino. Pero esto no ha de hacerse de cualquier modo, sino conforme a un Plan, implementando una estrategia. Esta es de la que Jesús se ocupa en este fragmento del Evangelio. Sí, hay que ir, pero no de cualquier modo, sino de dos en dos y por delante. Parecen minucias, detalles accesorios y sin importancia, pero no lo son, puesto que provienen de Jesús, la Sabiduría Plena, en quién ninguna palabra es ociosa, ni está demás. ¿Por qué de dos en dos? Porque necesitamos de un testigo y al mismo tiempo de un confidente. Porque entre dos, siempre habrá diferencia de criterios, de compromiso, de comprensión y será necesario el diálogo, el acuerdo y la caridad. Es tan acabado, preciso y productivo este método, que actualmente las Redes de mercadeo lo promueven y recomiendan como uno de los mejores métodos para captar clientes, denominándolo como el método ABC, siendo A y B los vendedores, A será el experimentado, el que tome la iniciativa de proclamar las bondades, en tanto B será el testigo que de algún modo se habrá ganado la simpatía del C, a quien se enseña y quiere ganar. Vemos, pues, que aun siendo dos, la tarea se está asumiendo en forma comunitaria, no individual y ese ha de ser nuestro estilo de trabajo. Por algo el Señor nos lo recomienda, pues es la mejor forma de evitar las tentaciones del ego, que siempre están presentes y dispuestas a desviarnos y llevarnos por caminos de autocomplacencia, adulación, mentira, engaño y satisfacción personal. Siempre será posible la complicidad, sin embargo será más difícil entre pares que van por delante, guiados por el Espíritu Santo, con una Misión: proclamar el Reino de Dios. En la ciudad en que entren y los reciban, coman lo que les pongan; curen los enfermos que haya en ella, y díganles: ” El Reino de Dios está cerca de ustedes.”

El Señor nos envía por delante, es decir que somos nosotros los que hemos de abrirle el camino, el corazón y la mente de nuestros hermanos. Nuevamente, fijémonos en las palabras, porque constituyen parte de una estrategia, de un Plan muy bien trazado. Si vamos, es para anunciarlo. Vamos por delante, lo que implica varias cosas. En primer lugar y lo más evidente es que vamos a anunciarlo, es decir que no vamos por nuestra cuenta, ni cumpliendo objetivos personales, sino a preparar el camino para Él, anticipando, allanando, facilitando, para que cuando Él llegue sus corazones y sus mentes están dispuestas. No es fácil, tan es así que el Señor mismo nos advierte que nos está enviando entre lobos, pero somos dos y tenemos al Espíritu Santo a nuestro favor. El Plan es bastante simple y claro. Vamos llevando la paz y nos quedamos allá donde nos reciben, sin exigir nada más que lo que nos den, lo que estén dispuestos y les sea posible compartir, porque no hemos de llevar nada, porque teniendo al Señor, lo tenemos todo. No hay nada que hacer: pensar y actuar así exige de nosotros un cambio, cambio que pocos asumimos y menos estamos dispuestos a realizar. Por lo que habremos de concluir que muchos de nosotros somos de aquellos que nos quedamos con la paz, que habiendo recibido el anuncio, poco hacemos por disponernos a abrir nuestras mentes, corazones y espíritus para acoger al Señor, porque, aun cuando empatizamos con su mensaje, no estamos dispuestos a comprometernos al extremo de cambiar nuestras vidas. ¡Ese es el problema! Nos gustan y atraen las Palabras del Señor, pero no estamos dispuestos a renunciar a nada de lo que tenemos por Él, porque en realidad no lo entendemos o no queremos comprenderlo y por tanto tampoco la incompatibilidad entre nuestra vida y el Evangelio. Y al renunciar a prepararnos, renunciamos a recibirlo. Nos quedamos en el anuncio que recibimos y guardamos, sin reflexionar, sin madurar, sin que este transforme nuestras vidas. En la ciudad en que entren y los reciban, coman lo que les pongan; curen los enfermos que haya en ella, y díganles: ” El Reino de Dios está cerca de ustedes.”

El llamado y el mandato del Señor es muy concreto. Hemos de desprendernos de todo, oír y hacer lo que nos manda, que es: evangelizar. Llevar Su Palabra a todos los rincones de la Tierra, anunciando el Reino del Cielo. Su mandato es perentorio y concreto. ¿Por qué dudamos y lo distorsionamos, al punto de no saber ni entender lo que nos pide? ¿Por qué necesitamos interprete? ¿Será que no queremos oírle, ni aceptar lo que nos propone? Nos falta fe. No queremos creer. No llegamos a creer. No entendemos la premura. No creemos que el Reino de Dios está cerca y depende de lo que hagamos el alcanzarlo. Por lo tanto, siempre nos estaos moviendo en la periferia, sin involucrarnos del todo. No somos malos, nos decimos y es cierto. Pero esto no se trata de ser bueno o malo, sino de hacer lo que el Señor nos manda, que por supuesto es bueno, pero más que eso, es lo que realmente dará sentido a nuestras vidas. Pero, para adoptar esta actitud, primero hay que creer y eso es a lo que nos resistimos. ¿Por qué? Porque nos cuesta dejar lo que hemos abrazado con tanta pasión, lo que nos proporciona ciertas satisfacciones y sobre todo seguridad. Como que hemos emprendido cierto camino y una vez que tenemos buen trecho andado, el encuentro con el Señor, nos plantea, tal vez, dejar lo que veníamos haciendo para hacer otra cosa y ahí es donde surgen las interrogantes, las dificultades, las trabas, las dudas, los obstáculos…el deseo de conciliar las dos cosas. Y en ciertas ocasiones, tal vez sea posible, pero no siempre. Hemos de orar incansablemente y aplicar el discernimiento, pero sin dejar de tener en cuenta en primer lugar lo que el Señor nos manda y luego, la estrategia que nos propone, que no es otra que considerar a nuestra comunidad. No estamos solos, por lo tanto, debemos conversarlo, ponerlo en común y cuidar de ponernos a su servicio. De allí saldrán las respuestas y la luz que buscamos. Sigámosla. Recordemos que somos enviados, por lo tanto ha de primar la Voluntad de quien nos manda y no la nuestra. En la ciudad en que entren y los reciban, coman lo que les pongan; curen los enfermos que haya en ella, y díganles: ” El Reino de Dios está cerca de ustedes.”

Oremos:

Padre Santo, danos humildad para saber acatar oportunamente los mandatos del Señor y fe para tener el valor y la confianza de seguirlo a donde quiera que nos envíe…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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