Lucas 10,1-9 – descienda la paz sobre esta casa

octubre 18, 2016

No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!».

Texto del evangelio Lc 10,1-9 – descienda la paz sobre esta casa

01. Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir.
02. Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha.
03. ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos.
04. No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino.
05. Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!».
06. Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes.
07. Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa.
08. En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan;
09. curen a sus enfermos y digan a la gente: «El Reino de Dios está cerca de ustedes».

Reflexión: Lc 10,1-9

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Lucas 10,1-9 descienda la paz sobre esta casa

Hay una constante en el mandato que el Señor nos hace para cumplir nuestra Misión: disponernos a realizarla sin mayor preparación. Si tenemos en cuenta esta instrucción, constituye una evidente falta de fe postergarlo todo hasta estar preparados.

Es muy frecuente oír esta excusa, incluso entre los seguidores que aparentemente están más cercanos a Jesús. Y es que en realidad la devoción no es señal de fe. Repetir de memoria oraciones e incluso asistir a la Eucaristía, sin fe, puede ser una pérdida de tiempo

Lo decimos en condicional, porque la Salvación es Gracia que Dios concede. Por lo tanto no está en nosotros determinar quiénes y por qué la alcanzarán. Como dice el Señor, hasta las piedras podrían alabarlo si alguien osara callar a su pueblo.

No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!».

¿Qué hemos de hacer entonces? ¡Tener fe! ¡Confiar en Él! Esto no significa quedarnos de brazos cruzados esperando que Él lo haga todo, sino ponernos en marcha, ponernos en Camino, sabiendo que Él viene con nosotros.

Si Él viene con nosotros y nos puesto en marcha a cumplir Su Misión, que es la de la Iglesia y por lo tanto la nuestra, ¿de qué tenemos que preocuparnos? De nada. Simplemente hagamos lo que Él nos dice. Pongámonos en Camino llevando la paz.

Es “la paz” el mensaje central. Somos portadores de la Paz de Cristo. Este es el mensaje que habrá de abrirnos las puertas, marcando el tipo de relación que habremos de establecer. Sin embargo, si no lo hace, dejemos este lugar y vayamos a otro.

No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!».

¡Qué importante resulta entender que esta no es nuestra obra! ¡Es obra del Señor a la que nos convoca! ¡Él cuenta con nosotros! Es preciso que nosotros confiemos en Él. Que evidenciemos nuestra fe en Él.

¿Cómo? Haciendo lo que nos manda. No necesitamos de nada, aun cuando nos envía como ovejas entre lobos. No debemos dejarnos atemorizar por nada ni nadie. Estamos en compañía del Señor. Tenemos a Dios. ¿Quién podrá contra nosotros?

Pero tampoco debemos quedarnos testarudamente con quien no nos recibe, con quien no nos quiere. ¡Somos portadores de paz, de la paz de Cristo! Esto es algo que debemos esforzarnos por entender y manifestar. Quien no la recibe, no la merece. Vamos a otro lado.

No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!».

Nosotros somos enviados para anunciar el Reino de Dios, del que Jesucristo es portador. Jesucristo ha venido a Salvarnos. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Él llegará después a todos aquellos que habiendo recibido la paz, estén dispuestos a recibirlo.

Oír al Señor, creer en Él y salir a anunciarlo, esa es nuestra misión. No necesitamos para ello de ninguna preparación, de ningún instrumento: solo la fe. Revestidos de esta fe, somos invencibles. Por eso el Señor nos envía como ovejas en medio de lobos.

Nadie podrá impedir que cumplamos con nuestra Misión. Solo tenemos que ir en pos de ella, con fe, haciendo lo que el Señor nos manda. Solo puede haber un obstáculo: nuestra falta de fe.

No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. Al entrar en una casa, digan primero: «¡Que descienda la paz sobre esta casa!».

Oremos:

Padre Santo, danos hoy la fe suficiente para ponernos en marcha, sin mirar atrás. Haz que esta fe vaya creciendo día a día según la vamos necesitando para enfrentar exitosamente toda clase de enemigos del Reino y vencerlos…Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina contigo en unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos…Amén.

Roguemos al Señor…

Te lo pedimos Señor.

(Añade tus oraciones por las intenciones que desees, para que todos los que pasemos por aquí tengamos oportunidad de unirnos a tus plegarias)

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Lucas 10,1-9 descienda la paz sobre esta casa

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