Juan 8,31-42 – conocerán la verdad

abril 5, 2017

Conocerán la verdad

«Si se mantienen en mi Palabra, serán verdaderamente mis discípulos, y conocerán la verdad y la verdad los hará libres.»

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Juan 8,31-42 – conocerán la verdad

Juan – Capítulo 08

Reflexión: Juan 8,31-42

Conocer la Verdad es la recompensa para el que se mantiene fiel al Señor. ¿Por qué es importante conocer la Verdad? Porque solo ella nos conduce al fin para el cual fuimos creados. Solo ella da sentido a nuestras vidas. Sin ella, estamos perdidos, muertos. Si este fuera nuestro designio, es decir, permanecer en la mentira, la vida no tendría sentido.

De allí que quien permanece en la mentira, va contra la naturaleza, contra el verdadero sentido de la Creación, contra la razón de la existencia. Se estrella, choca, es violento, envidioso, soberbio, orgulloso, egoísta, mentiroso y finalmente termina matando y muriendo.

No es un sino, ni una fatalidad. Lo que pasa es que para ver, tienes que abrir los ojos. Para volar, tienes que desplegar las alas. Para vivir, tienes que dejar de ser esclavo. Realmente solo mueren los esclavos. Y para dejar de ser esclavo hay que aferrarse y caminar en la Verdad. ¿Cómo sabemos cuál es la Verdad? El Señor Jesucristo nos la Revela. Para eso vino. Esa es la Misión que le encomendó el Padre.

¿Es que si Él no hubiera venido estábamos perdidos? ¡Claro! Precisamente por eso viene Él, para Salvarnos. Pero, ¿por qué nos perdimos? Por seguir el engaño y la mentira. Por hacernos esclavos del mal, del pecado. ¿En qué consisten el pecado y el mal? En seguir todo aquello que nos aleja de Dios, de la Verdad, de la Vida.

«Si se mantienen en mi Palabra, serán verdaderamente mis discípulos, y conocerán la verdad y la verdad los hará libres.»

Pero ¿Por qué querríamos hacer semejante tontería, si nos acarrea dolor, mal, destrucción y muerte? Porque hemos sido engañados. Porque preferimos creerle a quien nos prometió satisfacción inmediata a cambio del menor esfuerzo. Porque no le creímos a Dios que nos señaló el Camino del Amor, que siempre exige la postergación de nosotros mismos.

No nos gustó tener que esperar nuestro turno, después de nuestros seres queridos, después de nuestro prójimo. Hubo un momento en que dijimos: ya pues, ya no sigan…ahora me toca a mí. Y rompimos la solidaridad, la generosidad y el sacrificio, argumentando que no podíamos más, pero en realidad no era eso, sino que nos cansamos y decidimos ponernos primeros en la fila. Mentimos.

Pensamos, tal vez que nadie se daría cuenta, que siendo tan íntimo y personal, pasaría desapercibido, pero no fue así. Muchos repararon en nuestro gesto y algunos decidieron imitarlo. Ya no esperaban generosa y sacrificadamente, sino que se pusieron en primera fila. Así fue que poco a poco fue entrando la mentira, el engaño, el egoísmo, la oscuridad, el pecado y la muerte en nuestros corazones y en el mundo.

Así, poco a poco, fuimos cambiando el amor por el egoísmo, el servicio por los privilegios, la humildad por la arrogancia, la generosidad por el derecho, la virtud por el vicio, la paciencia por la exigencia, la comprensión por la intolerancia, la libertad por la esclavitud, la verdad por la mentira, la paz por la violencia, la justicia por la avaricia, la vida por la muerte, Dios por el Dinero.

Luego de tantos años de andar descarriados, sobreviviendo en el abismo, Dios Padre Misericordioso se compadeció de nosotros y envió a Su propio Hijo para salvarnos, enseñándonos el Camino a la Libertad, la Verdad y la Vida, pero acostumbrados a caminar con los ojos vendados, atropellándonos y aplastándonos para sostener nuestros privilegios, revolcándonos como cerdos en una porqueriza, decidimos callarlo, matarlo, para así evadir todos sus señalamientos.

Así lo hicimos, coludidos con los judíos. Pero resulta que 2mil años después, el sigue cuestionando e interpelando nuestro proceder, exactamente como entonces, haciéndonos ver que seguimos siendo esclavos por propia voluntad, cuando lo que Dios quiere es que seamos libres. No lo seremos, en tanto no aceptemos la Verdad como bandera, consigna y razón de ser. Mientras no abracemos la verdad, seguiremos extraviados y finalmente moriremos para siempre.

La Buena Noticia es que Dios Padre no quiere eso para nosotros y nos ha enviado no solamente a Su Hijo para que nos muestre el Camino, la Verdad y la Vida, sino que nos ha dejado Su Espíritu Santo que nos hace reconocerlo como Padre y nos da la perseverancia y fortaleza para seguirlo. Solo tenemos que pedírselo en oración, que es la forma primordial de manifestar nuestra fe en Sus Palabras, en Sus Promesas y en Su Amor.

Padre Santo, te damos gracias porque cuando estábamos perdidos no nos abandonaste, sino que por el contrario enviaste a Tu Hijo Único a Salvarnos, lo que Él hizo aun a costa de Su preciosísima sangre.

«Si se mantienen en mi Palabra, serán verdaderamente mis discípulos, y conocerán la verdad y la verdad los hará libres.»

 

Papa Francisco MSN 5/11/2016

 

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