Juan 8,21-30 – no hago nada por mi propia cuenta

Abril 4, 2017

No hago nada por mi propia cuenta

Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo.

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Juan 8,21-30 no hago nada por mi propia cuenta

Juan – Capítulo 08

Reflexión: Juan 8,21-30

Es por demás, el que no quiere creer, siempre encontrará excusas para no hacerlo. Ya lo dijo antes el Señor en el caso del rico aquél que le pedía a Abram que por lo menos le dejara volver para prevenir a sus hermanos. Ahí tienen a los profetas, a Jonás, a Moisés. Si no creen en ellos, no creerán aunque un muerto resucite.

Esto es así de cierto y es la condena de los judíos y de quienes se aferran como ellos a sus razones para no creer. Incrédulos hay en todas partes, unos más que otros, pero quienes fueron testigos presenciales no podían dejar de creer, sin caer en la mentira y la hipocresía. Por eso, habiendo presenciado lo que Jesús había hecho y escuchándolo hablar con esa autoridad, fueron muchos los que creyeron.

La pregunta que nos toca responder es: ¿y nosotros, qué? ¿Creemos o no? Nosotros no hemos estado físicamente al lado de Jesús y tampoco le hemos oído directamente. Pero, además de las Escrituras, hemos tenido innumerables testimonios y ocasiones para sentir y comprender que aquello no podía provenir sino de Dios.

No hablamos ya de la Creación, del Cosmos y del Universo, sino de nuestra propia experiencia personal. Si, seguramente hay muchos que dudan al identificarlo tras cada uno de los acontecimientos de sus vidas, pero estamos los bautizados, los que provenimos de familias católicas, para ayudarles a identificar y comprender en cada uno de estos sucesos, la presencia de Dios.

Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo.

Es verdad que aquel que no lo quiere ver, pasado el asombro, busca cualquier explicación y pronto lo olvida, haciéndose merecedor de todo y razonando con una lógica que lo hace merecedor de todo por sus propios méritos. Incluso prefiere creer en que la suerte juega en su favor, antes que reconocer humildemente que sin la mano de Dios, nada de aquello hubiera sido posible.

Nuestras vidas están plagadas de ejemplos, en los que preferimos asignarle el crédito a nuestra buena estrella, al azar o a nuestra habilidad, antes que reconocer que sin la intervención Divina nada hubiera sido posible. ¡El Señor ha venido a Salvarnos! Quiere esto decir que estábamos perdidos y sin remedio. Esto es algo que debemos interiorizar y aceptar humildemente.

Por nuestra cuenta no podemos nada. No habrá salida. No la encontraremos. Es el Señor Jesús que, por disposición de Dios Padre, -Su Padre; nuestro Padre-, ha venido a Salvarnos y lo ha hecho, del único modo que era posible, es decir, tal como Dios lo había dispuesto. Jesucristo hace la Voluntad de Dios, porque en ella está nuestra Salvación. Sin la intervención de Jesucristo no hay salvación posible.

Nuestra respuesta solo puede ser la fe. Y fe no es otra cosa que disponernos a hacer lo que Él nos manda. No hay otro Camino. Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Tenemos que seguirlo, confiando plenamente en Él. Ahora que, siendo sinceros, nuestra fe no es completamente gratuita; no se nos pide nada descabellado, como creerle a alguien que de un momento a otro se nos aparece, que nos dice que es Dios y que saltemos por la ventana. ¡No, no y no!

El Señor nos ha dado infinidad de pruebas de su procedencia Divina. Solo hay que disponer el corazón, la razón y el espíritu para aceptarlo. Las Sagradas Escrituras que muchos se esfuerzan en desacreditar, están ahí. Los acontecimientos narrados por las Escrituras, están ahí, corroborados por los más destacados historiadores. Todo se ha cumplido conforme fue profetizado, estableciéndose una continuidad de varios siglos en toda la Historia Sagrada.

La Iglesia tiene poco más de 2mil años y Jesucristo se encuentra en medio de la historia, dividiéndola en un antes y un después, por más que a los escépticos les disguste. Hemos sido creados por amor y para el amor. Y es tan solo haciendo la Voluntad de Dios que alcanzaremos la Vida Eterna para la cual fuimos creados. Hacer la Voluntad de Dios es el Camino, tal como Jesucristo nos lo enseña.

Pidamos a Dios Padre que nos dé una fe suficientemente sólida, como para no flaquear en momentos de debilidad y que nos envíe el Espíritu Santo para alentarnos y consolarnos, sabiendo que solo en Dios descansará nuestra alma, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Cuando hayan levantado al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy, y que no hago nada por mi propia cuenta; sino que, lo que el Padre me ha enseñado, eso es lo que hablo.

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